Somiedo en dos días: brañas, teitos y el oso que sigue ahí
Cabañas con el tejado de escoba en collados a mil quinientos metros, lagos glaciares, vaqueiros de alzada y la mayor concentración de oso pardo cantábrico. Asturias tiene un parque natural que parece de otro siglo.
A mil quinientos metros, en un collado sin carretera asfaltada, hay un grupo de cabañas de piedra con el tejado hecho de escoba. No son una recreación etnográfica: son teitos, se levantaron para pasar el verano con las vacas y algunos siguen en pie porque alguien los rehace cada cierto número de años.
Somiedo es de los pocos sitios de España donde el paisaje no es un decorado de algo que se acabó, sino la forma que todavía tiene de funcionar un valle.
Lo básico
Dónde: suroccidente de Asturias, en la cordillera Cantábrica, haciendo frontera con León. Parque Natural desde 1988 y Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 2000.
Cuándo: junio a octubre para las brañas y los lagos. Primavera y otoño son las mejores épocas para la fauna. En invierno la nieve cierra accesos de altura con frecuencia.
Base: Pola de Somiedo, la capital del concejo, concentra la mayor parte del alojamiento y los servicios. Valle de Lago es la alternativa si se busca dormir dentro del paisaje.
Qué llevar: botas de montaña de verdad, cortavientos e impermeable aunque el parte diga lo contrario, y prismáticos. Cobertura móvil irregular.
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El paisaje montañoso de Somiedo, hogar de brañas y teitos, y refugio del oso.Foto: Leolo212 / Pixabay
Día 1 — Los lagos
Lagos de Saliencia
Se sube por la carretera del alto de La Farrapona, que en sí misma ya es media excursión: una subida de curvas cerradas con vistas cada vez más abiertas hacia el sur. Desde el aparcamiento del alto arranca la ruta de los lagos de Saliencia, de origen glaciar, encadenados en un circo de montaña.
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El primero es la laguna de Cerveriz; después llega Calabazosa, conocido como el Lago Negro por su color, encajado bajo paredes que le dan sombra buena parte del día; y algo más abajo, La Cueva. Es una caminata asequible, sin dificultad técnica, pero se hace en alta montaña y el tiempo cambia rápido.
La zona conserva además restos de la minería de hierro que funcionó aquí durante el siglo XX: bocaminas, cargaderos y trazados de pista que hoy sirven de camino. Merece la pena mirarlos, porque explican por qué hay carretera hasta arriba.
Valle de Lago y el lago del Valle
Bajando del alto y tomando el desvío desde Pola de Somiedo se llega a Valle de Lago, un pueblo de altura que ya es motivo suficiente para el viaje. Desde allí sale una pista cómoda de unos cinco kilómetros hasta el lago del Valle, el mayor lago de origen glaciar de Asturias.
Es un paseo de tarde perfecto: sube poco, atraviesa prados de siega y termina en una cubeta ancha rodeada de montaña. En verano se ve ganado suelto por todas partes, y conviene recordar que los mastines que lo acompañan están trabajando: se les rodea sin acercarse y sin correr.
El impresionante reflejo de las montañas en el lago de Valle de Lago, Somiedo.Foto: Leolo212 / Pixabay
Día 2 — Las brañas
Veigas, el conjunto que hay que ver
Si solo se puede parar en una braña, es esta. Veigas conserva el mayor conjunto de teitos restaurados del parque, y verlos juntos es lo que hace entender la arquitectura.
El teito es una cabaña de mampostería de piedra, planta rectangular y cubierta vegetal a dos aguas hecha con escoba —*Genista*, la retama de la zona— colocada en haces sobre una estructura de madera. Aísla del frío, aguanta la nieve y hay que rehacerla cada cierto tiempo, lo que convierte el mantenimiento en un trabajo comunal.
No eran viviendas permanentes: eran la infraestructura de un sistema de pastoreo vertical. Se subía con el ganado en primavera-verano a aprovechar los pastos de altura y se bajaba al valle en invierno.
Las brañas de altura
•La Pornacal — una de las brañas más completas y fotogénicas, a la que se accede a pie desde Villar de Vildas por un camino cómodo entre bosque.
•La Peral — con acceso rodado y un buen mirador sobre el valle, ideal si el tiempo aprieta.
•Sousas y Mumián — más apartadas, para quien quiera caminar de verdad.
Un teito en La Falguera, ejemplo de la arquitectura tradicional de las brañas de Somiedo.Foto: Rachel Ardura Profeta / Wikimedia Commons
Los vaqueiros de alzada
La trashumancia de Somiedo está ligada a los vaqueiros de alzada, un grupo con identidad propia dentro de Asturias que se movía entre los pastos de montaña en verano y las tierras bajas del occidente en invierno, con la casa entera a cuestas.
Durante siglos sufrieron una marginación social documentada y notablemente cruel: bancos separados en las iglesias, prohibiciones matrimoniales de hecho, enterramientos aparte. Hoy la palabra se reivindica y la vaqueirada de verano se celebra como fiesta, pero conviene saber lo que hay detrás.
Es la misma historia que hemos contado en los Ancares, donde las pallozas cumplen la función que aquí cumplen los teitos, y que asoma en casas del silencio.
El oso pardo, símbolo de la fauna asturiana, sigue habitando Somiedo.Foto: Ambquinn / Pixabay
El oso
Somiedo es uno de los núcleos principales del oso pardo cantábrico. La población de la cordillera llegó a estar al borde de la extinción —en los años noventa las estimaciones hablaban de en torno a un centenar de ejemplares en toda la cordillera, repartidos en dos subpoblaciones casi incomunicadas— y desde entonces ha experimentado una recuperación notable, con las dos subpoblaciones volviendo a conectarse.
Las cifras actuales se manejan como estimaciones y varían según la metodología, pero la tendencia es clara y es una de las mejores noticias de conservación que ha dado España en décadas.
Cómo se observa, y cómo no
•Desde muy lejos y con telescopio. La observación seria se hace desde puntos fijos de ladera, con material óptico potente, a distancias de cientos de metros o más.
•Al amanecer y al atardecer, que es cuando hay actividad, y sobre todo en primavera y en otoño — en otoño porque bajan a los castañares y a los arándanos a acumular reservas.
•Con guía local. Hay empresas de la zona especializadas en observación de fauna que conocen los puntos y las pautas. Es la diferencia entre ver algo y pasar frío.
•Nunca acercándose. Aproximarse, seguir a un animal o intentar fotografiarlo de cerca es ilegal, peligroso y contraproducente: el estrés por presencia humana afecta directamente a la cría.
•Sin garantías. Nadie puede prometer que se verá un oso. Quien lo prometa, miente.
Y una cosa más, que es la que de verdad define el sitio: aquí el oso no es una atracción. Es un vecino con el que hay un acuerdo difícil, negociado durante décadas entre conservación, ganadería y apicultura, con daños reales y compensaciones reales. Ese equilibrio es lo que se está visitando.