Silfio: la planta que Roma se comió hasta extinguirla
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Silfio: la planta que Roma se comió hasta extinguirla

Valía su peso en plata, crecía solo en una franja de la actual Libia y nadie consiguió cultivarla en ningún otro sitio. Plinio cuenta que el último tallo se le llevó a Nerón como curiosidad.

Foto de Mario ArramendiMario Arramendi
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Plinio el Viejo cuenta, en el libro XIX de su *Historia Natural*, que en su tiempo ya no quedaba silfio, y que el último tallo que se encontró se le entregó al emperador Nerón como una rareza. Un imperio que gobernaba el Mediterráneo entero no fue capaz de conseguir una segunda unidad del producto más caro de su despensa.

Es, hasta donde sabemos, la primera extinción de una especie por explotación humana registrada por escrito. Y sabemos exactamente cómo ocurrió.

Columnas de piedra antiguas y ruinas de una ciudad bajo un cielo azul claro.
Las ruinas de Cirene, Libia, donde el silfio fue una vez un tesoro.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

Dónde crecía, y solo ahí

El silfio —*silphium* en latín, σίλφιον en griego, y *laserpicium* cuando se hablaba de su producto— crecía en una franja estrecha de la Cirenaica, en la actual Libia, en torno a la ciudad griega de Cirene, entre la meseta del Yébel Ajdar y el desierto.

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Y ese es el dato que lo condena todo: no se pudo cultivar en ningún otro sitio. Griegos y romanos lo intentaron repetidamente, en Grecia, en Siria, en Italia. Ninguna plantación prosperó. Solo funcionaba silvestre, en aquel suelo y con aquel régimen de lluvias.

La consecuencia económica es directa: no había producción, había recolección. Cada unidad vendida salía de una planta silvestre que alguien había arrancado.

Para qué servía

Prácticamente para todo, que es lo peor que le puede pasar a una especie.

  • Condimento. Se usaba el tallo asado o hervido como verdura, la raíz cruda o en vinagre y, sobre todo, el jugo resinoso —el *laser*— disuelto en líquido, del que bastaban unas gotas. El recetario atribuido a Apicio lo pide en numerosas preparaciones.
  • Forraje de lujo. Las ovejas lo buscaban con avidez, y la carne de las que lo pastaban se consideraba especialmente sabrosa. Eso multiplicó la presión sobre la planta desde un segundo frente.
  • Medicina. Las fuentes antiguas le atribuyen usos digestivos, respiratorios y ginecológicos.
  • Anticonceptivo y abortivo. Es el uso que más se cita hoy y el que más ha alimentado la fascinación moderna por la planta. Está documentado en fuentes clásicas; su eficacia real es, obviamente, imposible de comprobar.
"Servía para todo, que es lo peor que le puede pasar a una especie que no se deja cultivar."
Sobre la condena económica del silfio
Moneda antigua de plata con el perfil de una figura humana con cabello rizado.
Moneda griega antigua que evoca el contexto histórico del silfio en Roma.Foto: "Ancient Greek coin profile portrait" by thegetty is marked with CC0 1.0. To view the terms, visit https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/.

La planta que salía en las monedas

El silfio no era un producto más de Cirene: era Cirene. La ciudad basó su prosperidad en él hasta el punto de acuñar moneda con su imagen — el tallo con sus umbelas en unas piezas, el fruto en otras.

Ese fruto tenía forma acorazonada, y de ahí nace una de las hipótesis más difundidas y más resbaladizas de la divulgación histórica: que el símbolo moderno del corazón derive de la semilla del silfio. Es una idea preciosa, se repite constantemente y no hay ninguna prueba que la sostenga. La iconografía del corazón tiene otras genealogías documentadas mucho mejor. Merece contarse, pero como leyenda.

Lo que sí es notable es lo otro: es probablemente la única especie extinta de la que conservamos un retrato oficial en moneda, emitido por el Estado que vivía de ella.

Vista parcial del Coliseo romano con arcos y columnas, rodeado de vegetación y cielo azul.
El Coliseo, un símbolo de la antigua Roma, la civilización que consumió el silfio hasta su extinción.Foto: Spenser Sembrat / Unsplash

Cómo se acabó

No hubo una causa única, y los especialistas discuten el peso de cada factor. Lo que hay es una acumulación perfecta:

  • Recolección silvestre sin reposición. Cada planta arrancada no se sustituía, porque no se sabía sembrarla.
  • Pastoreo. El ganado se comía los brotes antes de que la planta pudiera reproducirse.
  • Presión fiscal y comercial. El silfio fue monopolio y fuente de ingresos, primero de los reyes de Cirene y después de Roma. Se llegó a almacenar en el tesoro público junto al oro. Cuando un producto entra en la contabilidad del Estado, la recolección se intensifica.
  • Cambios en el suelo y en el clima. El avance de la agricultura y del pastoreo sobre su hábitat, y posibles variaciones en el régimen de lluvias de la Cirenaica.

Hacia el siglo I de nuestra era ya era una rareza carísima. Después, silencio.

Tallo grueso y verde de una planta con hojas alargadas en un entorno desértico arenoso.
El tallo de la Ferula assa-foetida, una especie emparentada con el silfio, en el desierto de Kyzylkum.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

Lo que se usó en su lugar

Roma no se quedó sin sustituto. Empezó a importar de Persia y de la India una resina de otra ferula, la asafétida (*Ferula assa-foetida*), que se consideró un reemplazo de calidad inferior — más basta, más agresiva de olor.

Y esa sí sigue viva: es el *hing* de la cocina india, que se usa en cantidades minúsculas y que, sofrito en grasa, desarrolla un fondo aliáceo y umami que recuerda al ajo y la cebolla. Es lo más cerca que puede estar hoy nadie de aquel sabor, con una distancia que nunca sabremos medir.

¿Y si no se extinguió del todo?

Hay una línea de investigación abierta y bastante viva. Varias especies del género *Ferula* del Mediterráneo oriental y de Anatolia se han propuesto como el silfio o como un pariente muy próximo superviviente.

La candidata que más atención ha recibido es *Ferula drudeana*, localizada en una zona de Capadocia, en Turquía, y presentada en 2021 en un trabajo que señalaba coincidencias notables con las descripciones antiguas: la morfología, el hábitat restringido, la resina aromática, incluso la afición del ganado local por ella.

Conviene tomarlo por lo que es: una hipótesis en discusión, no un hallazgo cerrado. La comunidad botánica no ha alcanzado consenso, y la identificación de una planta antigua a partir de descripciones literarias es un ejercicio notoriamente traicionero.

Por qué esta historia sigue doliendo

Porque no fue un accidente ni una catástrofe natural. Fue un sistema económico funcionando exactamente como estaba diseñado: un recurso valioso, sin reposición posible, explotado por gente que sabía perfectamente que cada vez quedaba menos.

Plinio lo escribe con una mezcla de asombro y de reproche que resulta contemporánea. Y el patrón se ha repetido después con precisión desalentadora: con el bacalao de Terranova, con la ballena franca, con el atún rojo. Siempre igual — parece infinito hasta el día concreto en que no lo es.

Del mundo romano en el que se cocinaba con él hemos escrito en Nápoles y Pompeya, y de la otra gran salsa desaparecida y recuperada, en el garum. Si te interesa el sabor como archivo histórico, están también el ceviche y el mezcal de Oaxaca.

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