Requena, Ciudad del Vino 2026
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Requena, Ciudad del Vino 2026

A menos de una hora de Valencia, Requena guarda uno de los patrimonios vinícolas más antiguos de España. Recorremos sus bodegas subterráneas, probamos sus bobal más premiados y descubrimos por qué esta villa medieval se ha convertido en parada obligatoria del enoturismo peninsular.

Foto de RedacciónRedacción
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Requena es una ciudad histórica de la provincia de Valencia, España, reconocida como Ciudad del Vino 2026. Destaca por sus más de 700 bodegas subterráneas medievales, la uva autóctona Bobal y una tradición vinícola de 25 siglos.

A apenas 45 minutos de Valencia, enclavada entre viñedos centenarios y sierras de interior, Requena guarda uno de los secretos mejor conservados de la gastronomía española. Esta ciudad de origen íbero y raíces romanas ha forjado su identidad en torno a la vid durante más de veinticinco siglos, y en 2026 ostenta con orgullo el título de Ciudad del Vino. Pasear por sus calles empedradas es descubrir un patrimonio subterráneo único en Europa, una cultura enológica que rivaliza con las grandes regiones vinícolas del continente, y una propuesta de enoturismo que convierte cada comida en un viaje por la historia de la meseta valenciana. El enoturismo en Requena no es solo cata de vinos: es arqueología sensorial.

No se trata solo de catar buenos caldos. Requena es una experiencia sensorial completa: el aroma a mosto que impregna el aire en septiembre, el tacto fresco de la piedra en las bodegas excavadas bajo el casco antiguo, el sabor profundo de un guiso de caza acompañado de un Bobal de viñas viejas. Es, en definitiva, uno de esos destinos donde el viajero gastronómico encuentra exactamente lo que busca sin la saturación turística de otras rutas más trilladas.

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Una ciudad con veinticinco siglos de historia

Los primeros asentamientos en la zona de Requena se remontan al pueblo íbero de los olcades, aunque fueron los romanos quienes consolidaron la viticultura en estas tierras. El hallazgo de lagares rupestres tallados en la roca —algunos datados en el siglo VII a.C.— confirma que la elaboración de vino aquí es anterior incluso a la presencia romana.

Durante la dominación musulmana, Requena funcionó como punto estratégico en la frontera entre los reinos de Castilla y Valencia. Su fortaleza, levantada sobre un espolón rocoso, controlaba las rutas comerciales entre la meseta y el Mediterráneo. En 1238, con la conquista cristiana de Jaime I, la villa quedó bajo la Corona de Castilla, y no se incorporó a la provincia de Valencia hasta la reorganización territorial de 1851. Esta doble pertenencia histórica —castellana y valenciana— explica en gran medida la singularidad de su cultura y su cocina.

El Barrio de la Villa, declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva el trazado medieval casi intacto. Sus callejuelas estrechas, la iglesia gótica de San Nicolás, la Torre del Homenaje y los restos de la antigua judería componen un escenario que parece detenido en el tiempo. Pero lo más fascinante de este barrio no está a la vista: se esconde bajo los pies.

Las Cuevas de la Villa: un laberinto bajo tierra

Bajo el casco antiguo de Requena se extiende una red de más de 700 cuevas excavadas a lo largo de siglos. Conocidas como las Cuevas de la Villa, estas galerías subterráneas fueron originalmente utilizadas como bodegas para la fermentación y almacenamiento del vino, aprovechando la temperatura constante y la humedad natural del subsuelo.

El recorrido turístico permite visitar varias de estas cuevas, algunas con más de 700 años de antigüedad, conectadas entre sí por pasadizos estrechos que discurren bajo las casas del barrio histórico. La visita es una inmersión literal en la historia vinícola de la ciudad: las paredes conservan las marcas de las tinajas, los nichos donde se almacenaban las botas, e incluso restos de prensas de piedra originales.

"Bajo cada casa del casco antiguo de Requena se esconde una bodega. La ciudad entera es, en realidad, un inmenso lagar subterráneo con más de siete siglos de historia."

Lo que hace únicas a estas cuevas no es solo su antigüedad, sino su escala. No existe en España —ni probablemente en Europa— otro conjunto urbano con una red de bodegas subterráneas tan extensa y bien conservada. Cada familia poseía su propia cueva, y la elaboración de vino era tan consustancial a la vida cotidiana que la arquitectura doméstica se diseñaba en función del acceso al subsuelo.

Las visitas guiadas parten del Museo del Vino, ubicado en el Palacio del Cid, y recorren varias cuevas restauradas. El horario habitual es de martes a domingo, con pases por la mañana y por la tarde. La entrada incluye una degustación de vinos locales al final del recorrido.

Bobal: la uva que define el territorio

Si Requena tiene una variedad de uva propia, esa es la Bobal. Autóctona de la comarca de Utiel-Requena, esta cepa de racimo compacto y hollejo grueso ha sobrevivido a filoxeras, modas enológicas y décadas de menosprecio para resurgir como una de las grandes variedades tintas del Mediterráneo español. Hoy, Utiel-Requena concentra más del 80% de la superficie mundial plantada de Bobal, lo que convierte a esta denominación en el epicentro absoluto de la variedad.

La Bobal da vinos de color intenso, con taninos marcados pero sedosos, aromas de fruta negra madura, notas especiadas y una acidez natural que les confiere frescura y capacidad de envejecimiento. Los elaboradores más innovadores han demostrado que, con rendimientos controlados y vinificación cuidadosa, la Bobal puede producir tintos de alta gama capaces de competir con cualquier variedad internacional.

Pero el paisaje varietal de Requena no se limita a la Bobal. La Tempranillo aporta estructura y elegancia a los coupage, la Macabeo es la base de los blancos frescos y aromáticos, y variedades como la Garnacha Tintorera y la Tardana completan un mosaico ampelográfico que permite a las bodegas elaborar una gama diversa de estilos.

En los últimos años, la D.O. Utiel-Requena ha apostado también por los rosados de Bobal, vinos vibrantes de color frambuesa y perfil frutal que se han convertido en embajadores de la comarca en mercados internacionales. No es raro encontrarlos en las cartas de restaurantes de Londres, Berlín o Nueva York.

Cuatro bodegas imprescindibles

Pago de Tharsys

Situada en la partida de El Arenal, esta bodega es una referencia en viticultura ecológica y biodinámica. Su finca de 120 hectáreas combina viñedos con bosque mediterráneo, creando un ecosistema que se refleja en vinos de enorme personalidad. Sus cavas elaboradas por el método tradicional con uva Macabeo son una revelación, y el tinto Único de Bobal vieja es uno de los grandes vinos de la denominación. Las visitas incluyen paseo por los viñedos, bodega y cata comentada.

Murviedro

Con más de 90 años de historia, Murviedro es una de las bodegas más emblemáticas de la Comunidad Valenciana. Su gama de vinos de Requena abarca desde jóvenes y accesibles hasta reservas de larga crianza. La colección Expresión explora el potencial de variedades autóctonas con técnicas modernas de vinificación. Su centro de enoturismo ofrece experiencias que van desde la cata básica hasta talleres de maridaje avanzado.

Vera de Estenas

Bodega familiar con cinco generaciones de tradición vinícola. Vera de Estenas ha sido pionera en demostrar las posibilidades de la Bobal como variedad premium. Su Casa Don Ángel, un Bobal de viñas centenarias con crianza en barrica francesa, es regularmente uno de los tintos mejor puntuados de la D.O. Las instalaciones conservan elementos de la bodega original del siglo XIX, lo que añade un componente histórico a la visita.

Coviñas

Cooperativa fundada en 1965 que agrupa a más de 3.000 viticultores de la comarca. Lejos de la imagen tópica de la cooperativa, Coviñas ha apostado por la innovación y la calidad, con líneas como Enterizo y Aula que han cosechado premios internacionales. Su escala le permite ofrecer también vinos de excelente relación calidad-precio, ideales para descubrir la comarca sin grandes desembolsos. Las visitas guiadas muestran el proceso completo de elaboración a gran escala.

Rutas del vino y experiencias de cata

La Ruta del Vino de Utiel-Requena, certificada por ACEVIN, articula un completo programa de experiencias enoturísticas que va mucho más allá de la simple visita a bodega. El visitante puede elegir entre rutas en bicicleta entre viñedos, paseos a caballo por la sierra, catas a ciegas, vendimias participativas en temporada, y maridajes temáticos que combinan vino con queso artesano, aceite o chocolate.

Una de las experiencias más singulares es la cata en cueva, que permite degustar vinos en el mismo entorno donde se elaboraban hace siglos. La temperatura constante de las cuevas —entre 12 y 14 grados— y la penumbra del subsuelo crean una atmósfera que intensifica la experiencia sensorial y conecta al visitante con la tradición de forma visceral.

Para quienes prefieren una aproximación más libre, los viñedos de la comarca ofrecen un paisaje extraordinario en cualquier época del año: el verde intenso de la brotación en primavera, los tonos ocres y rojizos del envero en verano, y la explosión cromática de la vendimia en septiembre y octubre.

Gastronomía de interior: mucho más que vino

La cocina de Requena es un reflejo de su posición geográfica: a caballo entre la meseta castellana y el litoral valenciano, combina los guisos contundentes del interior con la luminosidad mediterránea. Es una gastronomía de producto, de temporada y de memoria, donde cada receta cuenta la historia de una comunidad que ha sabido aprovechar los recursos de un territorio a veces duro pero siempre generoso.

La longaniza de Requena es probablemente el producto más emblemático de la localidad. Este embutido curado, elaborado con carne de cerdo magra y especias tradicionales, tiene un sabor intenso y una textura firme que lo distinguen de otras longanizas de la región. Se consume en lonchas finas como aperitivo, y es el acompañamiento perfecto para una copa de Bobal joven.

"La cocina de Requena es un puente entre Castilla y el Mediterráneo: guisos de caza con especias de la huerta, embutidos curados al aire de la sierra y dulces árabes que recuerdan siglos de convivencia cultural."

El gazpacho manchego —que nada tiene que ver con el gazpacho andaluz— es un guiso caliente de carne de caza menor (conejo, perdiz o liebre) con torta de gazpacho, una masa fina sin levadura que se desmenuza en la salsa. Es el plato invernal por excelencia, reconfortante y sabroso, ideal para acompañar con un tinto de crianza.

El morteruelo es otra joya de la cocina de interior: un paté espeso elaborado con hígado de cerdo, carne de caza, especias y pan rallado, que se sirve untado sobre rebanadas de pan tostado. Las almojábanas, por su parte, son un dulce de origen árabe hecho con queso fresco, harina y miel que ha sobrevivido desde la Edad Media y que las panaderías locales siguen elaborando con la receta tradicional.

Otros platos que merece la pena buscar son las gachas con tropezones de tocino y chorizo, los zarajos (intestinos de cordero trenzados y asados a la brasa), y las tortas de gazpacho con ajo, que se sirven como entrante crujiente en muchas casas de comida de la zona.

La Fiesta de la Vendimia: una razón para volver en agosto

Cesta grande con uvas, hojas de parra, embutidos, platos de comida tradicional y dulces en un suelo empedrado.
Una colorida cesta de productos locales, incluyendo uvas, en la Fiesta de la Vendimia en Toro.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

Cada año, durante la última semana de agosto, Requena celebra sus Fiestas de la Vendimia, declaradas de Interés Turístico Nacional. El punto culminante es la Noche del Vino, cuando las fuentes de la plaza del pueblo manan vino tinto en lugar de agua y la ciudad entera se convierte en una celebración colectiva del fin de la cosecha. Desfiles de carrozas, pisado de uva, concursos de catadores y verbenas completan un programa festivo que atrae a miles de visitantes y que convierte a Requena, por unos días, en la capital vinícola de España.

Requena y la Ruta de la Seda

Vista aérea de una antigua fortaleza de adobe con torres y murallas, rodeada de un paisaje árido.
La historia y la tradición se entrelazan en celebraciones ancestrales.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

Pocos viajeros saben que Requena fue un eslabón importante en la Ruta de la Seda que conectaba Valencia con el interior peninsular. La industria sedera valenciana, una de las más potentes de Europa entre los siglos XV y XVIII, dependía de las moreras que crecían en las comarcas de interior para alimentar a los gusanos de seda. Requena y su entorno eran productores de capullos que luego se transformaban en los telares de la capital.

Hoy, esta conexión histórica se rememora en el Museo de la Seda de Requena, un pequeño pero fascinante espacio que explica el ciclo completo de la sericultura y su impacto económico y social en la comarca. La visita complementa perfectamente el recorrido enológico y gastronómico, añadiendo una capa cultural que enriquece la comprensión del territorio.

Un día perfecto en Requena desde Valencia

Mañana (10:00 - 13:30)

Llega a Requena a primera hora y comienza por el Barrio de la Villa. Pasea por la Plaza de la Villa, visita la iglesia de San Nicolás y piérdete por las callejuelas de la antigua judería. A las 11:00, incorporarte a la visita guiada de las Cuevas de la Villa desde el Museo del Vino. El recorrido dura aproximadamente una hora y media e incluye degustación. Después, aprovecha para recorrer el Museo de la Seda, situado a pocos metros.

Mediodía (13:30 - 16:00)

Hora de comer. Dirígete al casco urbano y busca un restaurante con cocina tradicional. Pide gazpacho manchego o morteruelo de entrante, un plato de caza como segundo, y acompaña con un Bobal de la zona. De postre, no te vayas sin probar las almojábanas. Restaurantes recomendados: Mesón del Vino, con cocina de mercado y carta de vinos locales extensa, o La Tercia, que ofrece platos actualizados de la tradición requenense.

Tarde (16:30 - 19:00)

Dedica la tarde a una visita de bodega. Si buscas una experiencia premium, reserva en Pago de Tharsys para su visita con cata en viñedo. Si prefieres algo más cercano al centro, Vera de Estenas está a pocos minutos en coche y ofrece un recorrido excelente por su bodega histórica. Antes de volver a Valencia, haz una parada en alguna tienda de productos locales para llevar longaniza de Requena, queso curado de la comarca y una botella del vino que más te haya gustado.

Requena no necesita inventarse nada. Su propuesta es la autenticidad de un territorio que lleva veinticinco siglos dedicado al vino y que ha sabido conservar su patrimonio sin convertirlo en un parque temático. Es el tipo de destino que recompensa al viajero curioso: el que se agacha para entrar en una cueva medieval, el que pregunta al bodeguero por la añada, el que pide morteruelo sin saber qué es y repite. En un panorama turístico cada vez más homogéneo, Requena sigue siendo deliciosamente genuina. Y eso, hoy en día, vale más que cualquier estrella Michelin.

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