El yakitori son brochetas de pollo asadas al carbón, cortadas para aprovechar cada parte del ave, plato central de los izakaya japoneses.
Qué es
El yakitori es pollo troceado y ensartado en varillas de bambú, asado sobre carbón de binchotan hasta que la piel queda tostada y la carne jugosa. La palabra combina yaki (asar) y tori (ave), pero reducirlo a «brocheta de pollo a la parrilla» se queda corto: cada brocheta suele llevar una única parte del animal, y un menú completo de yakitori puede recorrer el ave entera, del muslo al cartílago de la rodilla.
No es un plato único sino un formato: decenas de piezas distintas, cada una con su punto de cocción y su condimento, servidas de una en una a medida que salen de la parrilla. Se pide por brocheta, no por ración, y eso cambia por completo cómo se come.

De dónde viene
El asado de aves en brocheta existe en Japón desde el periodo Edo, cuando vendedores ambulantes grillaban pájaros de caza junto a los caminos. Aquí conviene la honestidad: no está claro que aquel yakitori original fuera de pollo. Durante siglos, la cría intensiva de pollos fue marginal en Japón, y algunos historiadores sostienen que el término se aplicaba a cualquier ave pequeña asada, incluidas especies silvestres hoy protegidas.
El pollo se impuso como protagonista en el siglo XX, y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la escasez de carne convirtió el aprovechamiento total del ave en necesidad y no en virtud. De ahí que el repertorio incluya piezas que en otras cocinas se descartan: piel de cuello, corazón, hígado, molleja, cartílago. Esa lógica de no desperdiciar nada, más que una filosofía gastronómica deliberada, nació de la penuria de posguerra y se quedó como seña de identidad.
El boom económico de los años 60 y 70 llevó el yakitori de los puestos callejeros a los izakaya, las tabernas donde los oficinistas de Tokio paraban antes de coger el último tren. Ahí se fijó el ritual que perdura: brocheta y cerveza, brocheta y cerveza, hasta que el tren o el bolsillo dicen basta.
Cómo se come
Se pide por piezas sueltas, no por ración: dos de negima (muslo con cebolleta), una de hígado, una de piel de cuello, y así según va apeteciendo. El comensal elige entre tare (salsa dulce de soja reducida) o shio (solo sal), y en un mismo pedido conviven ambas versiones porque cada corte pide una cosa distinta: las piezas más grasas se llevan mejor con sal, las más secas necesitan la salsa. El orden recomendado va de lo suave a lo intenso, terminando en las vísceras, que muchos clientes dejan para el final precisamente porque dividen la mesa entre quien las adora y quien las evita.
El error habitual de quien lo prueba fuera de Japón es tratarlo como un plato de reparto, con todas las brochetas servidas de golpe y frías a los diez minutos. En un izakaya japonés cada pieza llega recién salida de la parrilla, en el momento en que está lista, no cuando lo está el pedido entero. Comer yakitori es comer despacio, brocheta a brocheta, con la cerveza como metrónomo.

Dónde comerlo
Tokio concentra los barrios de referencia: los callejones estrechos de Shimbashi y de Omoide Yokocho, en Shinjuku, donde hileras de puestos diminutos con apenas cinco o seis taburetes llenan el aire de humo de carbón cada tarde. Kichijoji y Yurakucho ofrecen versiones algo menos turísticas, con oficinistas del barrio como clientela habitual.
Fuera de la capital hay variantes regionales que rara vez cruzan fronteras: en Kitakata, en la región de Fukushima, el yakitori se sirve con una salsa más picante y llega antes del arroz, como aperitivo estructural de la comida y no como acompañamiento de bebida.
Cómo se hace en casa
Lo que marca la diferencia no es la receta sino el fuego: se necesita una parrilla de carbón, idealmente un konro de cerámica que concentra el calor en la base y deja los bordes fríos para las manos, y carbón binchotan, que arde sin apenas llama y sin el sabor a humo agresivo del carbón vegetal corriente. Sustituirlo por una plancha de gas cambia el resultado de raíz: se pierde la piel crujiente y el punto ahumado que define el plato.
El pollo se corta en piezas de tamaño uniforme, alternando trozos de muslo con segmentos de negi en el clásico negima, y se ensarta en varillas de bambú remojadas para que no se quemen. El tare se prepara reduciendo salsa de soja, mirin, sake y azúcar hasta que espesa como un caramelo salado; tradicionalmente se guarda y se reutiliza durante meses, mojando cada brocheta antes de devolverla al fuego varias veces. Lo difícil no es la mezcla sino el control del calor: hay que dorar la piel sin secar la carne, y eso exige vigilar cada brocheta de forma casi individual, girándola constantemente sobre el carbón.
Preguntas frecuentes
- ¿El yakitori es solo pechuga de pollo?
- No. Cada brocheta suele ser una parte concreta del ave: muslo, piel de cuello, hígado, corazón, molleja o cartílago. Un menú completo recorre el pollo entero, no solo la pechuga.
- ¿Qué diferencia hay entre tare y shio en el yakitori?
- Tare es una salsa dulce de soja reducida con mirin y sake; shio es simplemente sal. Se elige según la pieza: las más grasas suelen pedir sal, las más secas se benefician de la salsa.
- ¿Por qué el yakitori incluye vísceras?
- La costumbre de aprovechar toda el ave, incluidas piel, hígado o cartílago, se afianzó tras la escasez de carne posterior a la Segunda Guerra Mundial, más por necesidad que por elección gastronómica.
- ¿Se puede hacer yakitori sin carbón?
- Se puede asar el pollo en una plancha o gas, pero se pierde la piel crujiente y el ahumado característico que da el carbón binchotan, considerado imprescindible para el resultado tradicional.
- ¿Cómo se pide yakitori en un izakaya?
- Por brochetas sueltas, no por ración: se van pidiendo de una en una o de dos en dos según apetezca, y cada pieza llega recién asada, no toda junta al principio.
