Harira, Todo Marruecos

Miansari66 / Wikimedia Commons (CC0)

Sopa marroquí de tomate, lentejas y garbanzos con la que se rompe el ayuno cada noche de Ramadán.

Se pronuncia
ja-RI-ra
También
Harira marroquí · Chorba (en algunas zonas)

Qué es

La harira es una sopa espesa a base de tomate, lentejas y garbanzos, perfumada con cilantro fresco, apio y una mezcla de especias que varía de una casa a otra. Su textura es más cercana a un potaje que a un caldo: se liga con tedouira, una pasta de harina disuelta en agua que se añade al final y espesa el conjunto sin necesidad de nata ni grasa añadida.

Existen tantas variantes como cocinas domésticas en Marruecos. Algunas incluyen carne de cordero o ternera en dados pequeños, otras la hacen estrictamente vegetariana; unas llevan fideos finos, otras arroz. Lo que no cambia es su función: es la sopa que abre la comida, no la que la cierra, y eso la distingue de casi cualquier sopa que un viajero conozca de otras cocinas.

Sopera de la Harira
Foto: Tamorlan / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

De dónde viene

El origen exacto de la harira no está documentado con precisión, y quien afirme lo contrario está simplificando. Se la asocia a la cocina andalusí que llegó al Magreb tras la expulsión de los musulmanes de la península ibérica, por el uso de legumbres y especias que también aparecen en guisos del sur de España, pero esa filiación es una hipótesis extendida, no un hecho cerrado. Lo que sí es seguro es que su forma actual, ligada estrechamente al Ramadán, se consolidó como práctica social mucho antes de que nadie pensara en anotarla en un libro.

Su papel en el mes de ayuno no es decorativo. El cuerpo que ha pasado el día sin comer ni beber necesita algo que reintroduzca líquidos, sal y carbohidratos de forma gradual, y una sopa espesa con legumbres cumple esa función mejor que un plato de carne pesada. Por eso la harira se convirtió en el primer bocado del iftar, el momento en que se rompe el ayuno al caer el sol, en prácticamente todas las regiones del país, desde el Rif hasta el Sáhara.

Cada familia y cada región defiende su versión como la auténtica, y esa discusión —cuánta cantidad de cilantro, si se usa fideo o arroz, si el tomate va fresco o en conserva— es en sí misma parte del plato. No hay una receta canónica sancionada por nadie; hay cientos de recetas de madres y abuelas que se consideran, cada una, la correcta.

Cómo se come

Durante el Ramadán, la harira llega a la mesa justo cuando suena la llamada a la oración del ocaso, acompañada de dátiles, huevos duros y chebakia, unos dulces fritos bañados en miel y sésamo. Se come despacio, en cantidades pequeñas, porque el estómago vacío no tolera bien una comida abundante de golpe; el resto de la cena viene después, con calma. Fuera de Ramadán, la harira se sirve como plato de entrada en cualquier época del año, especialmente en invierno.

El error habitual de quien la prueba fuera de Marruecos es tratarla como un primer plato ligero de restaurante occidental, servido en tazón pequeño y sin acompañamiento. En su contexto es sustanciosa, se moja con pan y se come con cuchara grande, casi como un guiso.

Harira fyldig marrokansk suppe
Foto: Interstates / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

Dónde comerlo

En Fez y Marrakech, los puestos de comida callejera junto a las medinas la sirven en vasos de cristal durante todo el año, con una cucharada de limón y comino aparte para que cada cliente ajuste el punto. En Casablanca y Rabat se encuentra en versiones más urbanas, servida en cafés que la ofrecen como almuerzo rápido. Durante Ramadán, prácticamente cualquier mercado o zoco del país monta puestos que venden harira para llevar minutos antes del iftar, y esa escena —colas cortas, ollas enormes humeando— es tan parte del plato como su sabor.

Cómo se hace en casa

El punto de partida es un sofrito de cebolla, tomate y apio que se cocina largo hasta que se deshace casi por completo, y sobre el que se añaden las lentejas y los garbanzos —estos últimos, remojados de víspera si se usan secos—. Las especias marroquíes clásicas para esta sopa son el jengibre, la cúrcuma, la canela y una pizca de ras el hanout, la mezcla de especias que cada casa compone a su manera; sin ellas la sopa pierde el perfil que la identifica frente a cualquier otro potaje de tomate y legumbres.

El paso que marca la diferencia entre una harira correcta y una mediocre es la tedouira: una mezcla de harina batida con agua fría que se incorpora poco a poco, removiendo sin pausa, en los últimos minutos de cocción. Añadida mal —de golpe, o sin remover— deja grumos; bien hecha, da a la sopa esa textura sedosa y espesa que la distingue. El único utensilio verdaderamente necesario es una olla grande y pesada que retenga el calor durante la cocción lenta; todo lo demás es cuestión de paciencia y de la mano de quien la prepara.

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Preguntas frecuentes

¿La harira lleva carne?
Depende de la familia y la región: hay versiones con cordero o ternera en dados pequeños y versiones completamente vegetarianas basadas solo en legumbres. Ninguna de las dos es más auténtica que la otra.
¿Por qué la harira se asocia tanto al Ramadán?
Porque su combinación de legumbres, líquido y carbohidratos ayuda a reintroducir nutrientes de forma gradual tras el ayuno, y por eso se convirtió en el primer plato del iftar en la mayor parte de Marruecos.
¿Qué es la tedouira de la harira?
Es una mezcla de harina y agua que se añade al final de la cocción para espesar la sopa sin usar nata ni grasas añadidas; es el paso que le da su textura característica.
¿Se puede comer harira fuera de Ramadán?
Sí, se sirve todo el año como entrante, sobre todo en los meses fríos, en mercados y cafés de ciudades como Fez, Marrakech o Casablanca.
¿Cuál es la diferencia entre harira y chorba?
En algunas zonas de Marruecos se usa chorba como sinónimo de harira, aunque en otras cocinas del Magreb chorba designa sopas distintas, más caldosas y sin la misma mezcla de legumbres.