El Silbón: el espectro llanero que carga los huesos de su padre
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El Silbón: el espectro llanero que carga los huesos de su padre

Un joven mató a su padre y desde entonces vaga por los llanos de Venezuela y Colombia con un saco de huesos al hombro, silbando. Si el silbido suena lejos, está encima de ti.

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El detalle que hace insoportable la leyenda de El Silbón no es su aspecto, es el sonido: cuando su silbido se oye lejano, está justo detrás de ti. Cuando se oye cerca, todavía hay tiempo de correr. Es exactamente la misma inversión acústica que la Llorona mexicana, nacida sin contacto alguno entre ambas tradiciones, en los llanos de Venezuela y Colombia.

La diferencia es que aquí la víctima no son los hijos: es el propio padre.

Figura fantasmal cubierta con una sábana blanca y ojos oscuros, sosteniendo una luz, vista a través de una ventana empañada con telarañas.
El espectro que acecha en la oscuridad, un recordatorio de la leyenda de El Silbón.Foto: Https://kaboompics.com/ / Pexels

El crimen que lo condenó

Las versiones varían según la región llanera, pero el núcleo se repite: un joven mata a su padre —en unas versiones por descubrir que este había asesinado al amante de su madre; en otras, tras una disputa violenta que se les fue de las manos— y su propio abuelo, al enterarse, lo condena a un castigo eterno. Le hace cargar los huesos de su padre en un saco al hombro, lo azota con un rejo de cuero de vaca y suelta sobre él a sus propios perros. Desde entonces, El Silbón vaga de noche por el llano, condenado a no soltar nunca la carga.

"No es un monstruo que ataca sin motivo: es un castigo que sigue cumpliéndose, generación tras generación de llaneros que lo escuchan pasar."
Sobre la función moral de la leyenda de El Silbón
Árbol solitario iluminado en un paisaje nocturno con un cielo oscuro y un horizonte difuso.
La soledad del llanero, un alma errante bajo el manto de la noche.Foto: David Kanigan / Pexels

Cómo reconocerlo y cómo protegerse

Se le describe como una figura alta y extremadamente delgada, de sombrero grande, que aparece sobre todo en noches de mucho calor y cerca de ríos y caños. El saco de huesos suena al chocar entre sí cuando camina. Y según la tradición llanera, transmitida sobre todo oralmente entre generaciones de trabajadores del hato, solo hay dos formas fiables de espantarlo: los perros mastines, a los que teme por el castigo que él mismo sufrió, y el chasquido de un rejo de cuero, el mismo instrumento con el que su abuelo lo azotó.

La leyenda cumple, como casi todas las de su tipo, una función muy concreta: mantener a los niños y a los trabajadores del llano lejos de los caños de noche, y advertir contra la violencia dentro de la propia familia con el castigo más largo que el folclore es capaz de imaginar —la eternidad entera.

La familia de leyendas

El Silbón apareció ya, de pasada, en doce criaturas de la mitología latinoamericana: esta es la versión larga.

El mismo patrón del grito con distancia invertida está en La Llorona, a miles de kilómetros de distancia y sin ninguna relación documentada entre ambas tradiciones.

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