¿Cuántas palabras tienen los inuit para la nieve? La respuesta real
Noticias

¿Cuántas palabras tienen los inuit para la nieve? La respuesta real

La cifra que todo el mundo repite es falsa, y el desmontaje académico fue demoledor. Pero después llegó el trabajo de campo y descubrió algo mejor: el vocabulario increíble no era el de la nieve, era el del hielo.

Foto de María GimenoMaría Gimeno
Continuar leyendo

La cifra ha ido creciendo sola durante un siglo. Empezó siendo cuatro. Pasó a siete. Luego a veintitrés, a cincuenta, a cien, a doscientas. En 1984, un editorial del *New York Times* llegó a dar la cifra de cien sin citar fuente alguna, porque a esas alturas ya no hacía falta: todo el mundo lo sabía.

Y era mentira. Pero la historia de cómo se desmontó, y de lo que se encontró después al ir a mirar de verdad, es bastante mejor que el mito.

De dónde salió

Primer plano de la palabra "heart" impresa en papel con textura, en tono sepia.
El lenguaje, como la nieve, tiene muchas formas de expresar la realidad.Foto: Panbrodacz / Pixabay

El origen es respetable. Franz Boas, padre de la antropología cultural estadounidense, escribió en la introducción de su *Handbook of American Indian Languages* (1911) un párrafo en el que observaba que el inuit de la isla de Baffin usaba raíces distintas e independientes para nieve en el suelo, nieve cayendo, nieve arrastrada por el viento y un montón de nieve.

Únete a 2,500+ viajeros

Cuatro. Ese era el dato, y Boas lo usaba para ilustrar un argumento sobre cómo las lenguas segmentan la experiencia, no para presumir de exotismo.

La bola empezó a rodar con Benjamin Lee Whorf, que en un artículo de 1940 dirigido al gran público retomó el ejemplo, lo amplió y lo convirtió en una pieza de propaganda de la idea —hoy conocida como hipótesis Sapir-Whorf— de que la lengua modela el pensamiento. A partir de ahí la cifra dejó de tener autor. Cada divulgador la redondeaba al alza y el siguiente citaba al anterior.

El desmontaje

En 1986, la antropóloga Laura Martin publicó un artículo académico que hacía algo que nadie había hecho: rastrear la genealogía de la cifra, cita a cita, hasta el párrafo de Boas. El resultado era un caso de estudio perfecto de cómo un dato menor se convierte en folclore intelectual.

Cinco años después, el lingüista Geoffrey Pullum lo popularizó con un ensayo de título memorable, *The Great Eskimo Vocabulary Hoax*, escrito con considerable mala uva y una tesis técnica que es la clave de todo el asunto.

Por qué la pregunta está mal planteada

Un signo de interrogación rojo pintado con textura de labial en un espejo ovalado.
¿Cuántas palabras para la nieve? La pregunta que generó un mito lingüístico.Foto: Https://kaboompics.com/ / Pexels

Las lenguas inuit e yupik son polisintéticas. Funcionan añadiendo sufijos a una raíz para construir palabras larguísimas que en español serían frases enteras. Una sola "palabra" puede significar "la nieve que se ha endurecido lo suficiente como para cortarla en bloques".

Es decir: se pueden generar prácticamente infinitas palabras para la nieve, igual que en español se pueden generar infinitas frases sobre la nieve. Preguntar cuántas palabras tiene el inuit para la nieve es como preguntar cuántas frases tiene el español para la lluvia. La respuesta no es un número: es que la pregunta no corta la realidad por donde hay que cortarla.

"Preguntar cuántas palabras tiene el inuit para la nieve es como preguntar cuántas frases tiene el español para la lluvia."
Sobre una pregunta mal formulada

A eso se añade un problema previo: "los inuit" no hablan una lengua, sino una familia extensa que va de Groenlandia a Siberia —groenlandés, inuktitut, iñupiaq, yupik de Alaska y de Siberia— con vocabularios distintos entre sí. Y "esquimal", además de ser un término que muchas de estas comunidades rechazan, no designa nada lingüísticamente preciso.

Y entonces alguien fue a mirar

Personas con ropa de invierno descargando equipaje de un helicóptero en un paisaje nevado y árido.
Un helicóptero en un paisaje nevado, evocando las vastas regiones donde se hablan las lenguas inuit.Foto: Dmitriy Ryndin / Pexels

Aquí es donde la historia se pone interesante, porque el desmontaje se leyó como "no había nada", y sí había algo. Solo que no era donde se estaba buscando.

El antropólogo Igor Krupnik, del Smithsonian, y varios colaboradores llevaron a cabo durante décadas un trabajo de documentación con hablantes mayores de comunidades yupik e inuit, y lo que encontraron fue un vocabulario técnico extenso y extremadamente preciso para el hielo marino.

Decenas de términos que distinguen el hielo recién formado del hielo de varios años, el que aguanta el peso de un trineo del que no, el hielo pegado a la costa del que está a la deriva, la grieta que se abre y se cierra con la marea, el punto donde la corriente adelgaza la capa por debajo sin que se note en la superficie.

La razón es evidente en cuanto se dice: de esa taxonomía depende que vuelvas a casa. Un cazador que sale sobre el hielo necesita leerlo con la misma precisión con la que un conductor lee una carretera, y necesita poder transmitir esa lectura a otro por radio o de viva voz.

La respuesta honesta, en tres líneas

  • La cifra popular es falsa y su origen está perfectamente documentado: un párrafo de Boas de 1911 sobre cuatro raíces, deformado durante ochenta años.
  • La pregunta está mal hecha, porque en una lengua polisintética contar palabras no significa lo mismo que en español.
  • La intuición de fondo era correcta, y se demuestra mejor con el hielo que con la nieve: una comunidad desarrolla léxico fino sobre aquello de lo que depende su supervivencia.

Lo que nos toca de cerca

Conviene bajar la anécdota a casa, porque el exotismo distorsiona. El español tiene nevisca, ventisca, cellisca, aguanieve, rosada, escarcha, torrentera, neviza, y ningún hablante lo considera extraordinario.

Un pastor de la cordillera Cantábrica distingue tipos de pasto, de niebla y de nieve con un vocabulario que un urbanita no maneja. Un marinero del Cantábrico nombra estados de la mar que en la ciudad son todos "mar movida". Los vocabularios técnicos populares son un fenómeno universal; lo único que hizo el mito de la nieve fue proyectarlo sobre el pueblo más lejano y quedarse ahí.

Hay una última consecuencia, y es la seria. Las lenguas inuit y yupik están sometidas a la misma presión que casi todas las lenguas minorizadas del Ártico, y el hielo que nombran con esa precisión está desapareciendo a una velocidad que ha dejado obsoletos algunos de los saberes asociados. Se pierden a la vez el vocabulario y lo que describía.

Cuando muere una lengua no se pierde un conjunto de sinónimos: se pierde una clasificación del mundo que nadie más tenía. Es lo mismo que contamos en el joik sami, en los ainu, en los nenets del Ártico y en el susurro del desierto.

¿Te gustó este artículo?

Recibe cada domingo descubrimientos artísticos y culturales directamente en tu bandeja de entrada

Únete a 2,500+ viajeros

Sin spam, cancela cuando quieras. Respetamos tu privacidad.

Gratis siempre
Cero spam
Cancela cuando quieras

Te puede interesar