Ilustración en color de un códice: una figura con cabeza de mujer y cuerpo de serpiente habla ante varias personas que lloran junto a un edificio.
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La Llorona: el origen de la leyenda que México exportó al mundo

Un presagio que los informantes de Sahagún situaron antes de la conquista, una diosa vestida de blanco, una madre que ahoga a sus hijos y una película de 1933. Las capas de la leyenda de la Llorona, cada una con su fecha.

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En 1922, el cronista Luis González Obregón cerró su capítulo sobre la Llorona en Las calles de México con un pronóstico: la vieja tradición se estaba borrando porque los niños de su tiempo ya no se asustaban con los fantasmas del pasado. Se equivocó. Un siglo después, la leyenda de la Llorona tiene películas de Hollywood, una canción que grabó Chavela Vargas y temporada propia en los canales de Xochimilco. Lo que no tiene es un origen único.

Debajo de la mujer de blanco que llora por sus hijos junto al agua hay al menos cuatro capas: un presagio que recogieron los franciscanos en el siglo XVI, una diosa mexica que voceaba de noche, una tradición urbana que los escritores del XIX pusieron por escrito y, encima, las lecturas del siglo XX, con la Malinche como la más discutida. Conviene separarlas, porque no tienen la misma edad ni la misma solidez.

❋❋❋

El sexto presagio del Códice Florentino

Hacia 1555, en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas recogieron de boca de ancianos el relato de la conquista. Ese texto en náhuatl, con su versión castellana al lado, es el libro XII de la Historia general de las cosas de la Nueva España, pasado a limpio hacia 1577 en el manuscrito que hoy guarda la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia: el Códice Florentino.

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Dibujo a tinta de una mujer de pie, con las manos sobre el pecho, bajo un cielo sombreado.
La mujer que llora de noche, sexto presagio de la conquista, en el folio 2v del libro XII del Códice Florentino.Foto: Códice Florentino (Bernardino de Sahagún) / Wikimedia Commons (Public domain)

Su primer capítulo enumera las señales que, según los informantes, anunciaron la llegada de los españoles. La sexta dice, en el castellano de la columna de Sahagún, que se oía en el aire, de noche, una voz de mujer: «¡Oh, hijos míos, ya nos perdemos!»; y otras veces: «¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré?». El náhuatl añade que la mujer iba llorando y gritando muchas veces en mitad de la noche. En la versión del náhuatl de Ángel María Garibay que recoge Miguel León-Portilla en Visión de los vencidos, el lamento dice: «¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!».

No es un testimonio aislado. El cronista tlaxcalteca Diego Muñoz Camargo, en su Historia de Tlaxcala, de finales del siglo XVI, cuenta el mismo sexto prodigio con palabras casi idénticas: una voz de mujer que «a grandes voces lloraba» y decía «¡Oh hijos míos! del todo nos vamos ya a perder», y otras veces «¡Oh hijos míos, a dónde os podré llevar y esconder…!».

Cihuacóatl, la señora vestida de blanco

En el libro I, el de los dioses, Sahagún describe a Cihuacóatl, «mujer de la culebra», a la que también llamaban Tonantzin, «nuestra madre». Dice que traía cosas adversas, como pobreza y trabajos; que se aparecía como una señora ataviada al modo de palacio, con atavíos blancos, y que «de noche voceaba y bramaba en el aire». Llevaba a cuestas una cuna, como quien carga a su hijo, y la dejaba olvidada en el mercado. Dentro, las mujeres encontraban un pedernal de los que servían para los sacrificios.

Escultura de piedra volcánica de una figura sentada que sostiene una serpiente enroscada, dentro de una vitrina.
Escultura de Cihuacóatl en el Museo Arqueológico de Xochimilco, en Ciudad de México.Foto: Celinebj / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

La otra versión del sexto presagio, la del libro VIII del mismo códice, le pone nombre a la voz: allí es Cihuacóatl la que anda llorando de noche por las calles de México, y el pintor del códice la dibujó mitad mujer, mitad serpiente. Los nahuas tenían además a las cihuapipiltin, las mujeres muertas en su primer parto, que según Sahagún bajaban en ciertos días del año a las encrucijadas a dañar a los niños. Esos días, los padres no dejaban salir a sus hijos de casa.

La pista es tentadora: una mujer de blanco, el llanto nocturno, los hijos, el peligro para los niños. El estadounidense Thomas Janvier en 1910 y González Obregón en 1922 dieron por hecho que la Llorona venía de ahí. Es una lectura razonable, pero una lectura: los relatos que la llaman la Llorona localizados hasta hoy son del siglo XIX.

La mujer de blanco de la Plaza Mayor

La versión que González Obregón llamó «la genuina tradición popular» transcurre en la Ciudad de México hacia mediados del siglo XVI. Los vecinos se recogían a la hora de la queda, que tocaban las campanas de la primera catedral, y a medianoche, sobre todo con luna, oían unos gemidos larguísimos. Los más osados salieron a mirar: una mujer con traje blanquísimo y un velo espeso que recorría cada noche calles distintas hasta la Plaza Mayor, se arrodillaba mirando a oriente, lanzaba el último lamento y seguía hasta la orilla del lago, donde se desvanecía.

González Obregón cita al doctor José María Marroquí: como nadie sabía quién era, de dónde venía ni adónde iba, «se le dio el nombre de La Llorona». En esa versión no hay hijos ahogados. El escritor José María Roa Bárcena recogió otras: la novia muerta la víspera de su boda, la viuda que vuelve por sus huérfanos, la esposa asesinada por un marido celoso. La Llorona del XIX era un nombre para muchas mujeres muertas, no una sola historia.

El relato más antiguo con historia de origen que ha encontrado el folclorista Stephen Winick, de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, es un poema de Manuel Carpio publicado en 1849: un hombre mata a su mujer, Rosalía, y desde entonces los vecinos oyen de noche a una mujer que llora junto al río, envuelta en su manto. Winick encontró también una Llorona en Rota, en «El pozo de la Llorona» (1866), con la que los mayores asustaban a los más pequeños, y sugiere que una versión oral pudo cruzar el Atlántico. Es una hipótesis, y él la presenta como tal.

Luisa, don Nuño y los hijos muertos

La Llorona que mata a sus hijos tiene autores con nombre. Vicente Riva Palacio y Juan de Dios Peza, que firmaban juntos como Cero, la incluyeron en sus Tradiciones y leyendas mexicanas, una serie en verso que empezaron a publicar a comienzos de la década de 1880. En su versión, Luisa, una mujer del pueblo, tiene tres hijos con don Nuño de Montes Claros, que la abandona para casarse con una dama de su rango. Ella los mata con una daga que él le había dejado, sale gritando por las calles y acaba ejecutada.

En 1910, Thomas Janvier publicó sus Legends of the City of Mexico con la versión que circulaba en la capital y que, según él, ya había oído en Monterrey veinticinco años antes: una mujer que arrojaba a los canales a cada hijo que le nacía y que, por esa culpa, recorría las calles preguntando dónde encontraría a sus hijos. Ahí está casi todo lo que se cuenta hoy: el agua, el infanticidio, el castigo y el grito.

El folclorista Bacil Kirtley señaló que esas historias de origen transcurren en un ambiente europeizado, con valores españoles y no indígenas, y las emparentó con las damas blancas de los fantasmas europeos y con Medea. Américo Paredes escribió en 1971 que la leyenda literaria había echado raíces al injertarse en un ciclo indígena. Las dos ideas no se excluyen: el llanto nocturno puede ser mexica y la trama del infanticidio, importada.

La Malinche, una lectura con historia

La identificación con doña Marina, la Malinche, la intérprete nahua de Hernán Cortés, ya está en el capítulo de González Obregón: tras la muerte de doña Marina, «contaban que ésta era La Llorona», que venía a penar del otro mundo por haber ayudado a los extranjeros a someter a los suyos. La película de 1933 la llevó a la pantalla con un episodio de la conquista. Y en 1950 Octavio Paz, en «Los hijos de la Malinche», capítulo de El laberinto de la soledad, la identificó con la Chingada, a la que contaba, como a la Llorona, entre las representaciones mexicanas de la maternidad.

Dibujo de un códice con un hombre europeo sentado, una mujer de pie a su lado que señala y varios señores indígenas frente a ellos.
La Malinche junto a Hernán Cortés en una escena del Lienzo de Tlaxcala.Foto: Autor desconocido / Wikimedia Commons (Public domain)

Desde los años ochenta, las escritoras chicanas le dieron la vuelta. Gloria Anzaldúa, en Borderlands/La Frontera (1987), habla de tres madres de la cultura chicana, la Virgen de Guadalupe, la Malinche y la Llorona, leídas desde las mujeres y no contra ellas. Sandra Cisneros tituló Woman Hollering Creek (1991) un libro de relatos cuyo cuento central gira en torno a un arroyo de Texas con ese nombre.

Lo que no se puede comprobar es que la asociación sea antigua entre el pueblo, como sugiere González Obregón: él la recoge como algo que «contaban», sin fecha ni fuente. Lo documentado es que en el siglo XX la Malinche se convirtió en la lectura más cargada de la leyenda, la que la usa para hablar de conquista, traición y mestizaje.

Del cine de 1933 a Hollywood

La Llorona, dirigida por el cubano Ramón Peón y estrenada el 25 de mayo de 1933 en el cine Balmori de Ciudad de México, se considera la primera película mexicana de terror con sonido. El guion de Carlos Noriega Hope y Fernando de Fuentes intercalaba en una historia de los años treinta dos episodios del pasado, uno virreinal y otro con doña Marina en la conquista. Se dio por perdida durante casi medio siglo, y la copia que se conserva es un 16 mm sacado de otras copias.

El cine mexicano volvió a ella muchas veces, pero el salto global llegó en 2019 con The Curse of La Llorona, de Michael Chaves, dentro del universo de Expediente Warren: costó unos nueve millones de dólares y recaudó más de 120 en todo el mundo. Ese mismo año, el guatemalteco Jayro Bustamante estrenó en Venecia otra La Llorona, que usa la leyenda para hablar del genocidio maya bajo el régimen de Efraín Ríos Montt y fue la primera película centroamericana nominada al Globo de Oro en lengua extranjera.

La canción «La Llorona», de origen oscuro y asociada al istmo de Tehuantepec, la grabó Chavela Vargas a comienzos de los años sesenta y la cantan desde entonces Lila Downs, Natalia Lafourcade y tantas otras. En Coco (Pixar, 2017) la canta Mamá Imelda, con la voz de Angélica Vale en la versión en español.

La Llorona en los canales de Xochimilco

Si hay un sitio donde la leyenda sigue viva como espectáculo es Xochimilco, uno de los últimos restos de los lagos y canales que rodeaban Tenochtitlan. Cada otoño, en los canales de Cuemanco, salen trajineras de noche para ver la historia representada sobre el agua. Del lago en el que se desvanecía la mujer de la Plaza Mayor apenas queda nada en el centro de la ciudad; en Xochimilco sigue habiendo agua.

Canal de agua tranquila entre árboles altos, con plantas flotantes y una trajinera de colores al fondo.
Una trajinera en un canal de Xochimilco, en Ciudad de México.Foto: Emmanuel Eslava / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

La Llorona en Xochimilco, otoño de 2026

Dónde: canales de Cuemanco, en Xochimilco (Ciudad de México); el punto de salida depende del montaje.

Cuándo: en 2026 hay al menos dos montajes, con funciones de noche los fines de semana de octubre y noviembre, y funciones dobles alrededor del 31 de octubre y el 1 de noviembre.

Fechas, horarios y precios cambian según la producción y la prensa local publica cifras distintas: confírmalos en la taquilla oficial antes de ir y lleva abrigo, que en los canales refresca de noche.

Lo que une todas las capas es la función. Los padres nahuas que no dejaban salir a los niños en los días de las cihuapipiltin, las abuelas de 1922 que, según González Obregón, asustaban a los nietos con un «¡Ahí viene La Llorona!» y los padres de hoy que avisan de que no se acerquen al agua de noche están haciendo lo mismo: poner voz de mujer a un peligro.

Otras criaturas que también avisan

La Llorona y once seres más del continente, de la Patasola al Caleuche: las 12 criaturas de la mitología latinoamericana.

En los llanos de Venezuela y Colombia, el peligro silba: la leyenda del Silbón, el espectro que carga los huesos de su padre.

En la Amazonía, una criatura que algunos biólogos han relacionado con animales extinguidos: el Mapinguari.

Y al otro lado del Pacífico, un bestiario entero con nombre y apellidos: los yōkai del folclore japonés.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen de la leyenda de la Llorona?
No tiene un origen único. Su antecedente más citado es el sexto presagio de la conquista que recogió Sahagún en el siglo XVI: una mujer que lloraba de noche por sus hijos. Sahagún describe además a Cihuacóatl, diosa vestida de blanco que voceaba de noche. La Llorona con ese nombre y la madre que mata a sus hijos aparecen por escrito en el siglo XIX.
¿La Llorona era la Malinche?
Es una lectura posterior. En 1922 Luis González Obregón recogió que se contaba que la Llorona era doña Marina, que penaba por haber ayudado a los españoles, pero sin fecha ni fuente. La película de 1933 y Octavio Paz en 1950 reforzaron la asociación, y las escritoras chicanas la reinterpretaron desde los años ochenta.
¿Qué gritaba la Llorona?
En el sexto presagio del Códice Florentino, la voz decía «¡Oh, hijos míos, ya nos perdemos!» y otras veces «¡Oh, hijos míos!, ¿dónde os llevaré?». En la tradición popular el grito que se repite es «¡Ay, mis hijos!». Diego Muñoz Camargo recogió en Tlaxcala una versión casi igual del mismo presagio.
¿Cuál fue la primera película de la Llorona?
La Llorona, dirigida por Ramón Peón y estrenada el 25 de mayo de 1933 en Ciudad de México, considerada la primera película mexicana de terror con sonido. Incluía un episodio con doña Marina en la conquista. En 2019 llegaron The Curse of La Llorona, de Michael Chaves, y la guatemalteca La Llorona, de Jayro Bustamante.
¿Dónde se puede ver la Llorona en Día de Muertos?
En los canales de Xochimilco, en Ciudad de México, donde cada otoño se representa la leyenda sobre el agua en la zona de Cuemanco. En 2026 hay funciones los fines de semana de octubre y noviembre; fechas, horarios y precios cambian según el montaje y conviene confirmarlos en la taquilla oficial.
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