Escultura oscura de una criatura humanoide con cabello largo y ojos blancos, agachada sobre un pedestal.
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12 criaturas de la mitología latinoamericana y de dónde salen

Del Curupira que un jesuita describió en 1560 al Chupacabras que nació en 1995 con una película de ciencia ficción detrás. Doce criaturas del folclore latinoamericano, qué se sabe de cada una y desde cuándo.

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El último día de mayo de 1560, en São Vicente, en la costa de Brasil, el jesuita José de Anchieta escribió una carta en la que contaba que era cosa sabida, y que andaba en boca de todos, que en la selva había unos demonios a los que los indígenas llamaban corupira. Es uno de los registros más antiguos de las criaturas de la mitología latinoamericana. El más reciente de esta lista tiene fecha de 1995, un programa de radio y una película de ciencia ficción detrás.

Entre esos dos extremos hay más de cuatro siglos, y conviene no contarlos como si fueran lo mismo. Algunas de estas criaturas tienen raíz indígena documentada, otras llegaron con la colonia y una se inventó delante de una cámara. Doce de ellas, con lo que se sabe de cada una y desde cuándo.

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1. El Mapinguari, en la Amazonía

Vista satelital de la selva amazónica con ríos serpenteantes y nubes blancas.
La inmensidad de la selva amazónica, cuna de innumerables mitos y leyendas latinoamericanas.Foto: Modis Land Rapid Response Team, Nasa Gsfc / Wikimedia Commons

Un ser enorme, cubierto de pelo rojizo, que camina erguido, deja un olor insoportable y, en muchas versiones, tiene una boca en el vientre. Los relatos lo sitúan en la Amazonía brasileña y en zonas de Bolivia y Perú, y le atribuyen pasos pesados y árboles destrozados.

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En los años noventa, el ornitólogo David Oren propuso que la leyenda podía conservar el recuerdo de los perezosos gigantes terrestres, que la ciencia da por extinguidos hace más de 10.000 años. Sus expediciones no encontraron pruebas, y la hipótesis sigue sin confirmarse. Lo contamos con detalle en el Mapinguari amazónico.

2. El Curupira, en la selva de Brasil

El ser de la carta de Anchieta. La tradición lo describe como un niño o un hombrecillo de pelo rojo, como de fuego, y con los pies vueltos hacia atrás. Ese detalle es todo el cuento: sus huellas parecen ir en una dirección y van en la contraria, así que el cazador que lo sigue acaba perdido en el monte.

Es el guardián de los bosques y de sus animales, y castiga a quien los daña. Engaña con silbidos y voces y, según algunas versiones, hace pactos con los cazadores que luego cobra caros. Los indígenas le dejaban plumas o flechas; los caucheros y campesinos, tabaco y cachaça. El nombre viene del tupí kurupira.

3. La Llorona, en México y Centroamérica

Esquina de un muro de piedra y ladrillo con un nicho que contiene una pequeña imagen religiosa.
El Callejón del Aguacate, un lugar donde las leyendas cobran vida en cada rincón.Foto: Soykattjd / Wikimedia Commons

La mujer que vaga junto a ríos y canales llorando por sus hijos, a los que ahogó, es probablemente la criatura latinoamericana que más lejos ha viajado. La versión que se cuenta hoy, la de la madre castigada a vagar, se sitúa en la época colonial. Lo interesante es lo que hay debajo.

Entre los presagios de la caída de Tenochtitlan que los informantes indígenas contaron a fray Bernardino de Sahagún en el siglo XVI hay uno, el sexto, en el que una mujer recorre la noche gritando: «¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!», en la versión que recoge Miguel León-Portilla en Visión de los vencidos. Sahagún describe también a Cihuacóatl, diosa asociada al parto, que voceaba de noche. Muchos autores ven ahí el antecedente de la Llorona; es una lectura razonable, pero una lectura.

4. El Chupacabras, en Puerto Rico

Es la criatura más joven de la lista y la mejor documentada. En marzo de 1995 aparecieron en Puerto Rico ovejas muertas con heridas punzantes en el pecho. Al humorista y locutor Silverio Pérez se le atribuye haber acuñado en su programa de radio el nombre de chupacabras. En agosto, en el municipio de Canóvanas, Madelyne Tolentino describió a un ser bípedo, de ojos grandes y con púas en la espalda.

El investigador Benjamin Radford dedicó cinco años al caso y lo resumió en Tracking the Chupacabra (University of New Mexico Press, 2011). Su conclusión: la descripción de Tolentino coincide con Sil, la criatura de la película Species, estrenada ese mismo verano, y la propia Tolentino, en una entrevista que Radford recoge, contó que la había visto poco antes. En el sur de Estados Unidos, los «chupacabras» examinados resultaron ser coyotes y perros con sarna sarcóptica, que deja al animal sin pelo y con la piel engrosada.

5. El Trauco, en los bosques de Chiloé

Un hombrecillo deforme, de menos de un metro, vestido con fibras vegetales, que vive en los bosques del archipiélago de Chiloé, en el sur de Chile. Lleva un bastón retorcido, el pahueldún, y un hacha de piedra con la que, dicen, derriba cualquier árbol en tres golpes. Con la mirada seduce a las mujeres jóvenes; a los hombres puede dañarlos con la misma mirada.

Su función social es la que más se ha comentado: durante generaciones, cuando una muchacha soltera quedaba embarazada y el padre no aparecía, se decía que había sido el Trauco, y el honor de la familia quedaba a salvo. Su compañera es la Fiura. Chiloé tiene uno de los repertorios mitológicos más estudiados de Chile desde que Francisco Javier Cavada publicó Chiloé y los chilotes en 1914.

6. El Caleuche, en los canales de Chiloé

Vista aérea de una isla rocosa cubierta de vegetación exuberante, rodeada por el mar agitado.
El Mirador Muelle el Caleuche ofrece vistas a los paisajes que inspiran las leyendas de Chiloé.Foto: Rjcastillo / Wikimedia Commons

Del mismo archipiélago viene el barco fantasma: un buque siempre iluminado, con música y fiesta a bordo, que navega de noche por los canales y se hunde o se esconde en la niebla cuando alguien se acerca. Lo tripulan los ahogados. El nombre procede del mapudungun.

Como tantos barcos fantasma de otros mares, da forma a lo que el mar no devuelve. Memoria Chilena lo cuenta entre los mitos chilotes de tránsito, los que tienen que ver con el paso al otro mundo. Sobre la familia completa de naves sin rumbo, de las reales a las inventadas, escribimos en barcos fantasma.

7. El Pombero, en tierra guaraní

Pertenece al mundo guaraní: Paraguay, el nordeste argentino, el sur de Brasil y el sudeste de Bolivia. Casi nunca se le ve de frente; se le oye silbar a lo lejos y se le imagina pequeño, peludo, con un gran sombrero de paja. Tiene muchos nombres: Pyragué («pies peludos») o Karai Pyhare, «señor de la noche».

Para tenerlo contento se le deja de noche miel, caña o tabaco. Si se le ofende, esconde cosas, espanta el ganado y molesta en la casa. En los esteros del Iberá lo llaman Kuarahy Jára, «dueño del sol», y lo tienen por protector de los pájaros. El origen del nombre no está claro: se ha propuesto el portugués pombeiro, el que espía.

8. El Ekeko, en el altiplano boliviano

La excepción amable de la lista. Un hombrecillo rechoncho y sonriente, cargado de bultos y miniaturas, que trae abundancia. La tradición y parte de la arqueología boliviana, con Carlos Ponce Sanginés, rastrean su figura hasta las culturas del altiplano anteriores a los incas. Durante la colonia cambió de rasgos y de ropa, y hoy luce cara de mestizo y traje de feria.

Su gran fecha es el 24 de enero, cuando empieza en La Paz la feria de la Alasita, que dura dos o tres semanas. Se compran miniaturas de lo que uno quiere conseguir ese año, desde casas y coches hasta títulos y fajos de billetes, y se hacen bendecir por un ritualista andino o por la Iglesia. La UNESCO la inscribió en 2017 en su lista de patrimonio inmaterial.

9. El Nahual, en Mesoamérica

La palabra viene del náhuatl nahualli, y su sentido más extendido es el de la persona capaz de transformarse en animal: jaguar, coyote, perro, ave. El vocabulario de Alonso de Molina (1571) ya traducía naualli por «bruxa», es decir, bruja o brujo, y en muchos pueblos de México y Guatemala el nahual sigue siendo alguien que se transforma para hacer daño.

Conviene no confundirlo con el tonal, que es otra idea: el animal compañero que nace con cada persona y con el que comparte destino, de modo que lo que le ocurre a uno le ocurre al otro. Los estudios mesoamericanos suelen separar ambos conceptos, aunque reconocen que en la práctica se cruzan y que no todos los autores los distinguen igual.

10. El Silbón, en los llanos de Venezuela

Un espectro altísimo y flaco que carga un saco con los huesos de su padre, al que mató. Es de los llanos de Venezuela, con fuerza en el estado Portuguesa, y de los Llanos Orientales de Colombia. Su silbido tiene una regla que hiela: si suena lejos, está encima; si suena cerca, todavía hay tiempo.

La tradición llanera le reconoce tres enemigos: los perros, el chasquido del látigo y el ají picante. Persigue sobre todo a borrachos y mujeriegos. Lo contamos con calma en la leyenda del Silbón.

11. La Patasola, en los montes de Colombia

Hombre con maquillaje facial y corporal plateado, expresión de terror y boca abierta.
La apariencia grotesca de algunas criaturas mitológicas puede ser aterradora.Foto: Jiří Zeman / Pexels

Una mujer con una sola pierna, terminada en pezuña, que se aparece en el monte con aspecto de mujer hermosa para atraer a quien se adentra en él y luego mostrar su cara verdadera: pelo enmarañado, ojos de fiera y colmillos. La recogen los repertorios de mitos colombianos, como el de Javier Ocampo López, y la tradición tolimense.

Su historia de origen gira en torno a un adulterio y una venganza, y en muchas versiones es también protectora del monte y de sus animales. Pertenece a una familia larga de mujeres terribles del folclore colombiano y venezolano, junto a la Tunda del Pacífico, la Madremonte o la Sayona.

12. El Cadejo, en los caminos de Centroamérica

Un perro grande, de ojos encendidos, que sale al camino de noche. Se cuenta en el sur de México y en toda Centroamérica, de Guatemala a Panamá. Lo que lo hace distinto es que en muchas regiones son dos: el cadejo blanco protege al caminante y lo acompaña hasta casa; el negro lo persigue.

Cuando se encuentran, pelean, y ninguno gana del todo. Los más expuestos son los que vuelven tarde de la cantina. Hay variantes: en Costa Rica y Panamá suele haber un solo cadejo, y en partes de Guatemala los colores se invierten. Lo han contado escritores como Miguel Ángel Asturias o el costarricense Carlos Luis Fallas.

Qué tienen en común y qué no

  • Guardan el monte. El Curupira, el Pombero y, en algunas lecturas, el Mapinguari castigan a quien abusa del bosque. Son normas de conducta transmitidas como miedo.
  • Hablan de las mujeres y de la culpa. El Trauco, la Patasola y la Llorona giran en torno al deseo, el embarazo y el castigo.
  • Dan forma a lo que falta. El Caleuche, a los ahogados; el Silbón, al hijo que mata al padre; el Chupacabras, a las muertes de ganado sin explicación.
  • No tienen la misma edad. El Curupira está escrito desde 1560; la Alasita y el Ekeko tienen una historia colonial bien conocida; el Chupacabras tiene autor del nombre y fecha de nacimiento.

Esa última diferencia es la que más se olvida. Casi todas estas figuras tienen una capa indígena, otra colonial y otra moderna, y ninguna es pura. Decir cuál es cuál no les quita fuerza: explica por qué han durado.

Dónde verlas en el calendario

La Alasita de La Paz empieza cada 24 de enero y dura dos o tres semanas.

En octubre y noviembre, muchos pueblos de México y Centroamérica sacan a sus aparecidos en desfiles y representaciones alrededor del Día de Muertos (1 y 2 de noviembre). Conviene consultar el programa de cada municipio, que suele publicarse a mediados de octubre.

Si el tema engancha, la otra gran colección de monstruos que hemos contado está en Japón: los yōkai del folclore japonés.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la criatura más antigua documentada de la mitología latinoamericana?
De las más conocidas, el Curupira tiene uno de los registros escritos más tempranos: el jesuita José de Anchieta lo describió en una carta fechada en São Vicente el último día de mayo de 1560. La Llorona se relaciona con un presagio recogido por Sahagún en el siglo XVI, aunque esa identificación es una interpretación.
¿De dónde salió el Chupacabras?
De Puerto Rico, en 1995. En marzo aparecieron animales muertos con heridas punzantes y en agosto Madelyne Tolentino describió en Canóvanas a la criatura. El investigador Benjamin Radford concluyó que su descripción coincidía con Sil, la alienígena de la película Species, estrenada ese verano. Los chupacabras de Estados Unidos suelen ser coyotes con sarna.
¿Qué diferencia hay entre nahual y tonal?
En la tradición mesoamericana, el nahual es la persona, normalmente un especialista ritual o un brujo, capaz de transformarse en animal. El tonal es el animal compañero ligado a cada persona desde el nacimiento, con el que comparte destino. Muchos autores los distinguen, aunque en el habla popular se mezclan.
¿Qué es el Ekeko y cuándo es la Alasita?
El Ekeko es la figura de la abundancia del altiplano boliviano: un hombrecillo sonriente cargado de miniaturas. La Alasita empieza en La Paz el 24 de enero y dura dos o tres semanas; allí se compran miniaturas de lo que uno desea para que se cumpla. La UNESCO la inscribió en 2017 como patrimonio inmaterial.
¿Qué es el Trauco de Chiloé?
Un ser pequeño y deforme de los bosques de Chiloé, en el sur de Chile, que según la tradición seduce a las mujeres jóvenes con la mirada. Durante generaciones se le atribuyeron los embarazos de padre desconocido, una forma de proteger el honor de la familia. Su compañera es la Fiura.
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