Ibn Battuta: treinta años de viaje y tres veces más kilómetros que Marco Polo
Salió de Tánger en 1325 para peregrinar a La Meca y volvió treinta años después, tras haber sido juez en Delhi y en las Maldivas y haber cruzado el Sáhara hasta Malí. En español apenas se le conoce.
En 1325, un joven de veintiún años salió de Tánger montado en un burro, solo, con la intención de peregrinar a La Meca y volver. Escribió después que lloró al despedirse de sus padres y que sus padres lloraron también. No volvió a verlos.
Regresó a Marruecos veintinueve años más tarde, en 1354, después de haber sido juez en Delhi y en las Maldivas, náufrago en el Índico, superviviente de la peste negra en Damasco y huésped del emperador de Malí. Había recorrido, según las estimaciones más aceptadas, del orden de 120.000 kilómetros: aproximadamente el triple que Marco Polo.
Y en español, fuera de los círculos especializados, casi nadie sabe quién es.
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Quién era antes de salir
Abu Abdallah Muhammad ibn Battuta nació en Tánger en 1304, en una familia bereber de juristas de escuela malikí. Ese detalle, que parece administrativo, es la clave de toda su biografía: tenía una profesión portátil.
Un jurista formado en derecho islámico podía ejercer de *qadi* —juez— en cualquier ciudad del mundo musulmán, porque el marco legal era compartido y la lengua culta, la misma. Ibn Battuta no viajó como aventurero ni como comerciante: viajó como profesional cualificado en un mercado laboral que iba de Marruecos a Bengala.
El itinerario, a grandes rasgos
•El Magreb y Egipto — de Tánger a Alejandría y El Cairo, entonces una de las mayores ciudades del mundo, y remonte del Nilo.
•Levante y Arabia — Damasco, Medina, La Meca. Cumple la peregrinación y decide, en lugar de volver, seguir.
•El Índico occidental — Yemen, el Cuerno de África, y la costa suajili: Mogadiscio, Mombasa, Kilwa. Sus páginas sobre estas ciudades comerciales son de las pocas descripciones de primera mano que existen de ellas en su apogeo.
•Anatolia y la estepa — el Asia Menor de los principados turcos y después la Horda de Oro, con un viaje en carreta por la estepa que describe con detalle logístico admirable.
•Asia Central y la India — Bujará, Samarcanda, Afganistán, y el paso del Indo. En Delhi entra al servicio del sultán Muhammad bin Tughluq y ejerce de juez varios años.
•Las Maldivas y Ceilán — nombrado *qadi* en las Maldivas, donde se casa varias veces y acaba enemistándose con el poder local. Sube al pico de Adán en Ceilán.
•El sudeste asiático y China — Sumatra, y después Quanzhou y otras ciudades chinas. Este es el tramo más discutido de todo el relato.
•El regreso y el Sáhara — la peste negra le alcanza en Damasco en 1348. Vuelve a Marruecos, pasa por al-Ándalus y visita Granada. Y en 1352, ya con casi cincuenta años, cruza el Sáhara con una caravana hasta el Imperio de Malí y llega a Tombuctú.
"No viajaba por un mundo extraño. Viajaba por una civilización conectada, con lengua franca, derecho común y red de hospitalidad."
— La clave del viaje de Ibn Battuta
Un mapa antiguo que ilustra la vasta extensión de los viajes de Ibn Battuta por el mundo conocido.Foto: Wikiimages / Pixabay
Lo más interesante no es la distancia
La tentación es quedarse en el récord. Pero lo que hace a Ibn Battuta irremplazable como documento es otra cosa: su viaje demuestra que existía un mundo.
El *dar al-islam* del siglo XIV funcionaba como un espacio continuo. Había una lengua culta común, un derecho compartido, instituciones de hospitalidad —las *zawiyas*, los albergues sufíes, las madrasas— que alojaban al viajero letrado, redes comerciales que movían mercancía del Atlántico al mar de China, y una moneda de referencia. Un tangerino podía presentarse en Delhi con sus credenciales y ser contratado.
La imagen escolar de una Edad Media de gente que nacía y moría a veinte kilómetros de su aldea describe, como mucho, una parte de Europa. No describe esto.
Páginas de un libro de oraciones, reflejo de la lengua culta y el conocimiento compartido en el dar al-islam.Foto: "Book of Prayers" by themet is marked with CC0 1.0. To view the terms, visit https://creativecommons.org/publicdomain/zero/1.0/.
El libro
Ibn Battuta no escribió su libro: lo dictó. A su regreso, el sultán meriní Abu Inan le encargó que relatara sus viajes, y puso a su disposición a un letrado andalusí de Granada, Ibn Yuzayy, que redactó el texto en 1355.
El título completo se traduce habitualmente como *Regalo para quienes contemplan las maravillas de las ciudades y las maravillas de los viajes*, pero se le conoce simplemente como la Rihla, "el viaje", que era además un género literario árabe perfectamente establecido, con sus convenciones y sus expectativas.
¿Es todo verdad?
No del todo, y conviene decirlo sin escándalo. Los especialistas discuten desde hace décadas si algunos tramos —el viaje a China, el desvío por la Volga hasta Constantinopla— los recorrió realmente o los incorporó a partir de relatos ajenos y de fuentes escritas.
Hay pasajes con cronologías imposibles y descripciones que coinciden sospechosamente con obras anteriores. Pero esto era práctica normal del género: la *rihla* no era un diario notarial, era una obra literaria y didáctica en la que compilar el saber disponible sobre un lugar formaba parte del oficio. El grueso del itinerario está bien sostenido por fuentes independientes.
La arquitectura islámica, como esta mezquita, fue parte del mundo que Ibn Battuta exploró.Foto: Lapping / Pixabay
Por qué se le perdió la pista
El manuscrito circuló en el mundo árabe, pero en Europa fue prácticamente desconocido hasta el siglo XIX, cuando varios manuscritos llegaron a Francia tras la ocupación de Argelia y se publicaron con traducción. Para entonces, Marco Polo llevaba quinientos años instalado en el imaginario europeo como *el* viajero.
Hoy hay un aeropuerto, un centro comercial y un cráter lunar con su nombre, y una traducción española completa de la Rihla al alcance de cualquiera. Sigue leyéndose bien: es curioso, chismoso, vanidoso, atento a lo que come y a con quién se casa, y sorprendentemente moderno cuando describe una ciudad.
Tánger, con una advertencia
En la medina de Tánger se muestra un pequeño mausoleo tradicionalmente identificado como la tumba de Ibn Battuta, y así aparece en la mayoría de las guías.
La atribución no está confirmada por ninguna fuente documental sólida, y varios historiadores la consideran una identificación tardía. Vale la pena ir igualmente: el propio hecho de que Tánger reclamara a su viajero tarde y sin pruebas dice bastante sobre cómo se le olvidó.