Ramyeon, Todo Corea

stu_spivack / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

El ramyeon es la sopa de fideos instantáneos surcoreana, picante y de sobre, que se come en casa, en la calle y hasta en el metro.

Se pronuncia
ra-mi-ón
También
Ramyun · Ramen coreano

Qué es

El ramyeon es un plato de fideos instantáneos surcoreano: un bloque de fideos de trigo prefrito, un sobre de sopa en polvo casi siempre picante, y agua hirviendo, todo listo en menos de cinco minutos. Se distingue del ramen japonés en algo esencial: mientras el ramen es en Japón un plato de restaurante, con caldo trabajado durante horas, el ramyeon nació directamente como producto de supermercado y sigue siéndolo. No hay versión artesanal previa que el instantáneo haya simplificado; el sobre es el plato, no una copia barata de otra cosa.

Eso no lo hace menor. En Corea del Sur el ramyeon tiene rango de comida reconfortante nacional, se consume solo o como base de docenas de variantes caseras, y genera un debate de sobremesa tan vivo como el fútbol: qué marca es superior, cuánto tiempo hervir el fideo para que quede kogari (con algo de mordida) y si el huevo se echa entero o batido.

Cup Ramyeon inside
Foto: The Pancake of Heaven! / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

De dónde viene

El origen técnico del fideo instantáneo es japonés: en 1958 una empresa japonesa comercializó el primer paquete de fideos deshidratados y prefritos, pensado para un país que salía de la posguerra con escasez de alimentos. Corea del Sur, en una situación económica todavía más dura tras la guerra de 1950-1953, adoptó la tecnología a comienzos de los años sesenta como solución de emergencia alimentaria, con apoyo estatal explícito para abaratar una fuente de calorías accesible.

Pero el ramyeon coreano tomó un camino propio casi de inmediato: donde el fideo instantáneo japonés se quedó cerca del caldo de soja o miso, el coreano derivó hacia el picante intenso, con gochugaru y ajo como columna del sabor, más próximo al paladar local que a su modelo original. Esa bifurcación explica por qué hoy nadie en Seúl lo llama ramen: es otra cosa, con historia y personalidad propias, aunque comparta abuelo.

El despegue definitivo llegó con el desarrollo económico coreano de las décadas siguientes: el ramyeon pasó de comida de subsistencia a comida de estudiante, de turno de noche, de excursión y de acampada, y se instaló como uno de los pocos placeres baratos que atraviesa todas las clases sociales. Su presencia en series y películas coreanas —comerlo de madrugada, compartirlo entre dos con un solo bol— ha terminado de fijarlo como icono cultural más allá de la comida rápida.

Cómo se come

El ramyeon se come directamente de la olla en la que se ha cocinado, sin trasvasarlo a un bol aparte: es gesto normal, no falta de modales, y suele hacerse entre varias personas con cucharas propias metidas en el mismo recipiente. Se toma a cualquier hora, incluida la madrugada tras una noche de copas, y admite añadidos que cada casa defiende como los correctos: un huevo cascado en el último minuto, queso fundido, trozos de kimchi, una salchicha o directamente arroz al final para hacer una papilla llamada bokkeumbap con el caldo que sobra.

El error más común de quien lo prueba fuera de Corea es cocerlo de más, siguiendo el instinto de que un fideo instantáneo necesita cocción larga para estar hecho: el punto correcto deja el fideo firme, casi al diente, porque seguirá cocinándose unos segundos con el calor residual del caldo mientras se come.

Ramyeon and kimchi
Foto: Hyeon-Jeong Suk / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Dónde comerlo

El ramyeon se prueba, sobre todo, fuera de restaurantes. Los convenience stores surcoreanos —omnipresentes en Seúl, Busan o cualquier ciudad mediana— tienen mesas altas donde se sirve agua caliente directamente sobre el vaso de fideos comprado en el mismo establecimiento, y esa escena, más que ninguna carta de restaurante, es la forma más auténtica de probarlo tal como lo come un coreano cualquiera entre turnos de trabajo o de estudio.

También merece la pena en los mercados tradicionales, donde puestos ambulantes lo sirven junto a tteokbokki y otras frituras, y en zonas de playa como Busan, donde el ramyeon con marisco añadido —almejas, mejillones— es una variante regional muy apreciada frente al mar.

Cómo se hace en casa

Hacer ramyeon en casa exige, en realidad, muy poco: un cazo pequeño y ancho, el paquete comercial completo —fideos y sobre de sopa incluidos, porque el sabor del sobre es imposible de replicar de forma casera con garantías— y agua. Lo único no negociable es respetar el orden y los tiempos que marca el propio paquete: hervir el agua, echar el polvo de sopa antes que el fideo para que se disuelva bien, y cronometrar los minutos exactos que indica el fabricante, casi siempre entre cuatro y cinco.

A partir de ahí empieza el margen personal: quien quiera acercarse a la experiencia coreana añade un huevo entero sin batir en el último minuto de cocción, unas rodajas de cebolleta, y sirve directamente en la olla. El gochugaru extra, el queso en lonchas o el kimchi troceado son variaciones legítimas y muy extendidas, pero no sustituyen al sobre original: cambiar esa base cambia el plato.

Preguntas frecuentes

¿El ramyeon es lo mismo que el ramen?
No. El ramen japonés es un plato de restaurante con caldo elaborado durante horas; el ramyeon coreano es un producto instantáneo de supermercado, más picante, que nunca tuvo una versión artesanal previa.
¿Por qué el ramyeon coreano es tan picante?
Porque desde los años sesenta derivó hacia el gusto local por el gochugaru y el ajo, alejándose del caldo de soja o miso del modelo japonés original.
¿Se puede comer ramyeon sin que sea instantáneo?
El término se usa casi siempre para la versión de sobre; las sopas de fideos coreanas elaboradas desde cero tienen otros nombres, como jjajangmyeon o kalguksu.
¿Qué le añaden los coreanos al ramyeon?
Huevo, queso, kimchi troceado, salchicha o arroz al final para hacer bokkeumbap con el caldo sobrante son los añadidos más habituales en casa.