Gallocanta en 2 días: el paso de las grullas y Daroca
Cada otoño, decenas de miles de grullas se detienen en una laguna salada a mil metros de altitud entre Zaragoza y Teruel. Cómo verlas sin molestarlas, qué pasó con la gripe aviar de 2025 y un segundo día entre las murallas de Daroca.
Se oyen antes de verse. Un trompeteo ronco que llega desde el agua cuando todavía es de noche, primero de unas pocas y luego de miles a la vez. Ver grullas en Gallocanta es, ante todo, una cuestión de oído y de madrugar: el momento bueno dura media hora, a cero grados, al borde de una laguna salada a mil metros de altitud.
La laguna de Gallocanta está en la raya entre Zaragoza y Teruel, en una llanura alta de cereal donde no hay nada más alto que una iglesia. Cada otoño, decenas de miles de grullas que bajan del norte de Europa se paran aquí a dormir, a comer y a recuperar fuerzas. Muchas siguen después hacia las dehesas del suroeste; otras se quedan todo el invierno.
Esta guía propone dos días: uno entero para la laguna, del amanecer al atardecer, y otro para Daroca, a veinte minutos, con sus murallas y su leyenda de los Corporales. Y una advertencia por delante: en el otoño de 2025, la gripe aviar mató aquí a cerca de mil grullas. Lo que eso significa para quien vaya este año está más abajo.
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Día 1, amanecer: la laguna de Gallocanta
Gallocanta es una laguna endorreica: el agua de lluvia entra y no sale por ningún río, solo se evapora. Por eso es salada, y por eso su tamaño cambia tanto. En años húmedos la lámina de agua llega a unas 1.400 hectáreas y supera los dos metros de profundidad; en años secos se ha quedado completamente seca más de una vez. La reserva natural protege 1.924 hectáreas repartidas entre seis municipios: Gallocanta, Las Cuerlas, Berrueco y Santed en Zaragoza, y Bello y Tornos en Teruel.
Las fuentes oficiales no se ponen de acuerdo en el superlativo exacto. El Gobierno de Aragón la considera, junto a la de Fuente de Piedra en Málaga, la mayor laguna salada continental de Europa; la Red Natural de Aragón habla del mayor humedal salino de la península ibérica y el mejor conservado de Europa occidental. Lo seguro es esto: es la mayor de la península, y es ZEPA desde 1987, humedal Ramsar desde 1994 y Reserva Natural Dirigida desde 2006.
Al amanecer, las grullas que han dormido en el agua o en las orillas despegan en bandos hacia los campos de cereal de alrededor, donde pasan el día buscando grano. Para verlo hay que estar en posición antes de que salga el sol, en un observatorio orientado hacia la laguna, y no moverse. Lo que se ve, en un buen día, son cientos de líneas en uve cruzando el cielo naranja a la vez, con un ruido que se oye a kilómetros.
Qué llevar al amanecer
Ropa de invierno de verdad, aunque sea noviembre. En Calamocha, a 884 metros, la mínima media de noviembre ronda 1,5 °C según las normales de AEMET, y la laguna está más alta. Las heladas al amanecer son lo normal.
Prismáticos y, si puedes, telescopio: las grullas no se acercan. La Red Natural pide ropa de abrigo y complementos para mantener el calor; la guía ornitológica de Turismo de Aragón considera el telescopio casi obligatorio.
Para fotos, un teleobjetivo o un kit de fotografía para móvil con lente de aumento; sin zoom, las grullas son puntos.
Por qué las grullas paran en Gallocanta
La grulla común cría en el norte de Europa y pasa el invierno en el sur. En su ruta occidental, la península ibérica es el gran destino: Extremadura acoge la mayor parte, y Aragón es la segunda comunidad en número de invernantes. Gallocanta les ofrece lo que necesitan en una escala de viaje: agua somera donde dormir a salvo de los depredadores y campos de cereal cosechado alrededor.
La Red Natural de Aragón divide la temporada en tres fases. El paso postnupcial empieza a mediados de octubre, con la llegada de las primeras grullas camino del sur. La invernada va de mediados de diciembre a finales de enero, cuando la población se estabiliza. Y el paso prenupcial, el regreso al norte, arranca en febrero.
Lo que sorprende a casi todo el mundo es que las cifras más altas no se dan en otoño, sino a la vuelta. La Red Natural ha llegado a contar más de 114.800 grullas en una sola jornada, el 24 de febrero de 2011, y más de 111.100 el 17 de febrero de 2022. En febrero de 2013 se llegó a hablar de 135.000, pero era una estimación que sumaba dos conteos de días distintos, no un recuento único.
El censo oficial de la temporada pasada, que hace el Gobierno de Aragón cada semana, enseña el ritmo: 297 grullas el 14 de octubre de 2025, 7.032 una semana después, 19.222 el 18 de noviembre, que fue el máximo del otoño, y 28.227 el 27 de febrero de 2026, el máximo de la temporada. El 3 de marzo quedaban 1.426. En cuatro días se habían ido casi todas.
"Más de 111.100 ejemplares en una sola jornada."
— Red Natural de Aragón, sobre el 17 de febrero de 2022 en Gallocanta
Un observatorio o refugio en el entorno de Gallocanta, listo para la observación de aves.Foto: Juan Garcia / Pexels
Día 1, mañana: el centro de interpretación
Después del amanecer toca desayunar y entrar en calor. El centro de interpretación de la Reserva Natural, del Gobierno de Aragón, está en la carretera entre Bello y Tornos, en la orilla turolense. Tiene aparcamiento, mirador sobre la laguna y una exposición interactiva sobre el humedal y sus aves, y es el punto de salida de las visitas guiadas.
Entre finales de octubre y finales de noviembre, la Red Natural organiza "De ruta con las grullas", recorridos gratuitos de unas tres horas por las pistas de la reserva, en coche propio y con un guía. Es la forma más sencilla de saber dónde están las grullas ese día, porque cambian de campos según el viento y la comida. Hay que reservar.
En el propio pueblo de Gallocanta, en el edificio de la oficina de turismo de la comarca, hay un pequeño Museo de las Aves. Y a unos dos kilómetros del pueblo está la ermita de la Virgen del Buen Acuerdo, que da nombre a uno de los observatorios.
La gripe aviar de 2025 y cómo está hoy
El 27 de octubre de 2025, el Gobierno de Aragón confirmó lo que los agentes de protección de la naturaleza llevaban días viendo en las orillas: gripe aviar de alta patogenicidad en las grullas de Gallocanta. Ese día había más de 250 muertas en el entorno de la laguna, que entonces concentraba más de 7.000.
La mortalidad fue máxima entre la última semana de octubre y la primera de noviembre. A mediados de diciembre, el balance era de 992 grullas muertas, según la prensa regional, y la asociación Amigos de Gallocanta calculaba que la cifra real podía ser hasta un 20 % mayor. SEO/BirdLife hablaba de "más de 900". Los agentes retiraron los cadáveres en bolsas precintadas para incinerarlos, se suspendió la asignación de hides y Aragón confinó las aves de corral de sus granjas hasta finales de febrero.
Las grullas siguieron llegando, pero menos. El máximo de noviembre de 2025 no llegó a 20.000, cuando otros años se superan las 40.000. Los visitantes, en cambio, no faltaron: más de 7.300 pasaron por el centro de interpretación hasta el 30 de noviembre. El director provincial de Medio Ambiente, Emilio Pérez, dio el brote por controlado en diciembre.
La situación en octubre de 2026
A 10 de octubre de 2026 no hay restricciones publicadas para la reserva: el centro de interpretación abrió el 3 de octubre y la reserva de hides para la temporada 2026-2027 se abrió el 1 de septiembre. Tampoco hay un aviso oficial de "todo despejado": si el virus reaparece con el paso otoñal, las normas pueden cambiar en días.
Consulta los avisos de la Red Natural de Aragón antes de salir. Y si ves un ave muerta o con signos de enfermedad, no la toques ni la muevas: avisa al 112 o a los agentes de protección de la naturaleza.
Día 1, atardecer: los observatorios
Por la tarde, el movimiento es el contrario. En la última hora de luz, los bandos vuelven de los campos a la laguna a dormir, y lo hacen por oleadas. La guía ornitológica de Turismo de Aragón señala un buen punto al norte de Bello, para esperar a las grullas que llegan desde el valle del Jiloca.
Alrededor de la laguna hay varios observatorios públicos. La misma guía cita La Reguera, "uno de los mejores puntos", Los Ojos, Los Aguanares y otro con vista a la ermita del Buen Acuerdo. Se llega por pistas de tierra que con lluvia resbalan mucho: en noviembre, mejor no improvisar caminos.
•No salgas de las pistas en la zona sensible de la reserva, ni a pie ni en coche. Es la norma básica de la ruta ornitológica oficial.
•No te acerques a los bandos. Una grulla que levanta el vuelo por tu culpa gasta la energía que necesita para el viaje. Si cambian de postura o te miran, ya estás demasiado cerca.
•Quédate en el coche si estás junto a un campo con grullas: el coche parado molesta menos que una persona andando.
•Silencio y nada de luces al amanecer y al anochecer, que es cuando las grullas son más sensibles.
•Deja el dron en casa. Aunque no hayamos localizado la norma concreta, en una reserva natural con aves en paso no tiene sentido.
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La Puerta Alta de Daroca, una de las entradas históricas a la ciudad amurallada.Foto: Diego Delso / Wikimedia Commons
Día 2: Daroca, murallas y Corporales
A unos 21 kilómetros al noreste, por la A-211, el valle del Jiloca se estrecha y aparece Daroca, encajada entre dos cerros y rodeada por una muralla que sube y baja por las laderas como si alguien la hubiera dejado caer. Mide unos cuatro kilómetros y conserva más de un centenar de torres y torreones. Está protegida como monumento desde 1931.
Se entra por la Puerta Baja, la imagen de la ciudad: dos torres de mediados del siglo XV y, entre ellas, el escudo imperial de Carlos V. Desde ahí, la calle Mayor atraviesa el casco de punta a punta hasta la Puerta Alta. Es un paseo de media hora que pide una mañana entera, porque cada pocos metros hay una iglesia o un palacio.
La parada principal es la basílica de Santa María de los Corporales, colegiata desde 1377, con el edificio actual levantado entre 1585 y 1592 y una capilla de estilo franco-flamenco construida para guardar la reliquia que da nombre al templo. Según la tradición, en 1239, durante la conquista de Valencia, unas formas consagradas escondidas en unos paños, los corporales, aparecieron teñidas de sangre en Luchente. Hubo disputa entre las ciudades que habían aportado tropas y se dejó decidir a una mula: anduvo hasta Daroca y allí se quedaron.
El Museo de los Corporales, dentro de la propia basílica, guarda el tesoro y explica la historia. Abre por las mañanas de martes a sábado y por las tardes fuera de las horas de culto.
Si prefieres otra dirección para la tarde, hay dos alternativas cercanas. Molina de Aragón, ya en Guadalajara y a unos 48 kilómetros, tiene uno de los castillos más imponentes de la zona, alcázar andalusí tomado por Alfonso I el Batallador en 1129. Calamocha, a unos 23 kilómetros, conserva un puente de un solo arco sobre el Jiloca y es una de las zonas productoras del jamón de Teruel. Si vienes en moto, la ruta del Jiloca, Calatayud y el Monasterio de Piedra pasa por aquí.
La carretera invita a explorar los paisajes que conectan Gallocanta con Molina de Aragón.Foto: Francesco Ungaro / Pexels
Cómo llegar, dónde dormir y dónde comer
Gallocanta está a unos 113 kilómetros de Zaragoza, una hora y media en coche: por la A-23 hasta Daroca y luego la A-211, o hasta Calamocha y la A-1507. Desde Madrid son unos 245 kilómetros, algo más de tres horas, vía Molina de Aragón. Sin coche es muy difícil: la estación de tren más cercana, en Calamocha, deja a más de veinte kilómetros y los observatorios están repartidos por pistas.
Volver en febrero
La Fiesta de las Grullas, que organiza la asociación Amigos de Gallocanta para despedir a las aves, se celebra a finales de enero o principios de febrero; la 28.ª edición fue el 31 de enero y el 1 de febrero de 2026. Las fechas de 2027 están por anunciar.
Es también la época de las cifras más altas del año. Si en noviembre te supo a poco, febrero es la revancha.
•Otras escapadas para mirar fauna:Somiedo y sus osos, con la misma regla de oro: distancia y silencio.
¿Cuándo es la mejor época para ver grullas en Gallocanta?
Hay dos ventanas. En otoño, de finales de octubre a principios de diciembre, con el máximo hacia mediados de noviembre. En el paso de regreso, durante febrero, cuando se han contado las cifras más altas. En pleno invierno se quedan menos, pero siguen siendo miles.
¿A qué hora se ven mejor las grullas en Gallocanta?
Al amanecer, cuando salen de la laguna hacia los campos donde comen, y al atardecer, cuando vuelven a dormir al agua. A mediodía están dispersas por los cultivos y el espectáculo es mucho menor. Conviene estar en el observatorio media hora antes de la salida o la puesta de sol.
¿Cuántas grullas pasan por Gallocanta?
Depende del año. La Red Natural de Aragón ha contado más de 114.800 en una sola jornada (24 de febrero de 2011) y más de 111.100 el 17 de febrero de 2022. En otoño de 2025, afectado por la gripe aviar, el máximo fue de 19.222, el 18 de noviembre, frente a más de 40.000 otros años.
¿Hay restricciones por la gripe aviar en la laguna de Gallocanta?
A 10 de octubre de 2026 no hay restricciones publicadas: el centro de interpretación abrió el 3 de octubre y los hides se reservan desde el 1 de septiembre. Si aparecen aves muertas o enfermas, no hay que tocarlas y hay que avisar al 112. Consulta los avisos de la Red Natural de Aragón antes de ir.
¿Qué ver cerca de Gallocanta?
Daroca, a unos 21 kilómetros, con su recinto amurallado, la Puerta Baja y la basílica de Santa María de los Corporales. También Molina de Aragón y su castillo, a unos 48 kilómetros, o Calamocha, a unos 23.
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