Samaín: el Halloween gallego que no vino de América
Las calabazas talladas en los caminos gallegos por Difuntos están documentadas; el nombre Samaín llegó en 1990, desde un aula de Cedeira. Qué es antiguo, qué es recuperado y dónde vivirlo este otoño.
A finales de los años ochenta, una niña de Cedeira volvió del colegio con una calabaza decorada al estilo de Halloween. Su padre, el maestro Rafael López Loureiro, la miró y se acordó de algo: él también había vaciado calabazas de niño, a finales de octubre, en ese mismo pueblo al norte de Ferrol. Nadie lo llamaba Halloween. Y nadie lo llamaba Samaín, que es como lo llama hoy media Galicia.
Esa escena, contada por el propio López Loureiro y recogida por elDiario.es, es la mejor puerta para entender una fiesta que se discute cada otoño. Porque en el Samaín gallego conviven tres cosas distintas, y casi toda la confusión viene de mezclarlas.
Una es irlandesa y medieval. Otra es gallega y está documentada por la etnografía. La tercera tiene fecha y autor: Cedeira, 1990. Ninguna es mentira. Lo que no se sostiene es la versión que las funde en un solo relato de dos mil años.
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Lo que dicen los textos irlandeses
Samain es una palabra del irlandés antiguo. Aparece en la literatura irlandesa desde el siglo IX, y en el relato Tochmarc Emire («El cortejo de Emer»), del siglo X, figura como la primera de las cuatro fiestas que dividen el año. Cae a comienzos de noviembre, cuando termina la temporada de pastos.
Los relatos medievales la usan como escenario: asambleas, banquetes, reyes que mueren esa noche. En Serglige Con Culainn la fiesta de los ulates dura una semana, con tres días antes y tres después. Y otro texto dice que los túmulos de los síde, la gente del otro mundo, «estaban siempre abiertos en Samain».
Hay un detalle que casi nunca se cuenta: todo eso lo escribieron monjes cristianos, siglos después de la cristianización. Describen cómo imaginaban la Irlanda antigua, no lo que hacía de verdad. El historiador británico Ronald Hutton, especialista en el calendario ritual de las islas, lo señala en The Stations of the Sun (1996): seguramente hubo también prácticas religiosas paganas, pero ninguno de los relatos conservados describe una sola.
La idea de que Samhain era el «año nuevo celta» la propuso John Rhys en 1901 y la popularizó James Frazer, que también lo convirtió en una fiesta pagana de los muertos. Hutton considera esas pruebas endebles: los registros medievales no muestran una gran fiesta pancéltica el 1 de noviembre. Es una hipótesis victoriana que se ha repetido hasta parecer un dato.
Lo que sí está bien documentado es más reciente. En el siglo XIX, en zonas de Irlanda y de las Highlands escocesas, se vaciaban nabos y se les tallaba una cara para hacer farolillos. Los emigrantes irlandeses y escoceses llevaron esas costumbres a Norteamérica en ese mismo siglo. La calabaza de Halloween es, en buena parte, un nabo irlandés que cambió de huerto.
Calabazas en los caminos de Galicia
En Galicia la costumbre estaba, y no venía de ningún sitio. Manuel Vilar, director del Museo do Pobo Galego, recuerda la de su zona, en la Costa da Morte: las calabazas vaciadas, con una vela dentro, «se colocaban en las puertas, en los caminos, en los cementerios, para asustar». Era cosa de chavales, alrededor de Santos y Difuntos.
Lo más revelador es que no tenía un nombre común. Se han recogido caveiras o caliveras de melón en Cedeira, cocos en Muxía, y en otros lugares calacús, colondros, cabazas o calabazotes. El escritor Xosé Luís Méndez Ferrín las llamaba carantoñas de calabaza en la Vilanova dos Infantes de su infancia. Donde no había calabaza, se usaba un nabo.
Alrededor de esa broma infantil había un calendario serio: la noche de Difuntos, la mesa que en algunas casas se dejaba sin recoger después de cenar y el fuego encendido para que las ánimas se calentaran. Y unos días después, el magosto, con sus castañas y su vino nuevo. Todo eso es tradición documentada, sin necesidad de apellido celta.
Lo que no hay
Lo que no aparece en la etnografía clásica es la palabra Samaín aplicada a esta costumbre. Méndez Ferrín, que sí recordaba tallar calabazas, rechazó en 2005 la etiqueta y llamó a la fiesta de Cedeira un «neoHalloween nacionalista».
Es decir: la costumbre es antigua; el nombre irlandés aplicado a ella es de 1990.
Cedeira, 1990: un maestro y una calabaza
Tras aquella calabaza de su hija, López Loureiro se puso a preguntar. Encontró pistas por toda Galicia: calabazas o nabos vaciados, con luz dentro, en ventanas, puertas y encrucijadas. La costumbre no había desaparecido por completo, pero se estaba apagando en apenas una generación.
Con la asociación cultural Chirlateira organizó en Cedeira la primera fiesta en 1990, preparó una unidad didáctica que se usó en los colegios de la villa y luego en Santiago, y en 2003 publicó el libro Samaín: a festa das caliveras (Ir Indo). La cuenta cuadra con la del concello: en 2025 Cedeira celebró la XXXVI edición.
El nombre fue parte del proyecto. Del término apenas quedaban referencias escritas en unos pocos textos, y ningún diccionario gallego de referencia lo recogía: Samaín es la adaptación gallega del Samain irlandés. Ya en el siglo XXI, los centros sociales de corte nacionalista se sumaron, la presencia de la palabra en internet creció sin parar desde comienzos de los años 2010 y hoy la usan concellos de toda Galicia.
Lo más interesante es lo que piensa ahora su impulsor. En una entrevista con La Voz de Galicia en 2018 recordó que la idea original del Samaín incluía el objetivo de «pelexar contra o Halloween», pelear contra Halloween, y se mostró decepcionado con la deriva de la fiesta:
"El Samaín se pervirtió en un Hallomaín, una mezcla o directamente un Halloween al que, por algún tipo de vergüenza, se le llama Samaín."
— Rafael López Loureiro, maestro de Cedeira, en La Voz de Galicia (2018; traducido del gallego)
La Santa Compaña, según la etnografía
La otra gran figura de estas noches no necesita recuperación: nunca se fue del todo. La Santa Compaña es, según la creencia popular recogida en el noroeste peninsular, una procesión de ánimas en pena que recorre de noche los caminos de la parroquia para anunciar una muerte. Van en fila, con sudario, y a veces se oye una campanilla o se huele a cera.
La encabeza un vivo que lleva una cruz y, en muchas versiones, un caldero de agua bendita. No puede soltarla hasta pasársela a otro vivo, y por eso conviene no cruzarse con ella. Las defensas que recoge la tradición son concretas: abrazarse a un cruceiro, trazar un círculo en el suelo, tener las manos ocupadas, tumbarse boca abajo.
Su rastro escrito es largo. Los documentos de la Inquisición de los siglos XVI y XVII ya registran creencias de este tipo, según el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, autor de La Santa Compaña. Fantasías reales, realidades fantásticas (1998). En 1876, el Diccionario gallego de Cuveiro Piñol la definía como una «hoste ou procesión de bruxas que andan de noite».
Vicente Risco, el etnógrafo ourensano que introdujo la disciplina en Galicia, la estudió en su capítulo «Etnografía: cultura espiritual» de la Historia de Galiza que dirigió Ramón Otero Pedrayo (1962). Y Valle-Inclán ya la había llevado a la literatura en Romance de lobos (1908).
Un último matiz que gusta poco: el nombre. Lisón Tolosana y el antropólogo Marcial Gondar señalan que «Santa Compaña» es la forma culta y minoritaria. En las aldeas se decía a compaña, a hoste, a estadea, as da noite o avisóns. En Asturias es la Güestia. El nombre que hoy desfila por las calles es el de los libros.
Es la misma familia de relatos que en Nomadiq hemos seguido en otros sitios: el Silbón de los llanos venezolanos, los yōkai japoneses o el Mapinguari amazónico. Criaturas que ordenan el miedo de un territorio concreto y que, contadas en voz baja, dicen más de él que muchas guías.
El puente romano de Ourense, un símbolo de la Galicia que Vicente Risco estudió.Foto: Tanhauser Vázquez R. / Pexels
Allariz, Ourense y Cedeira en 2026
Este año el calendario ayuda: el 31 de octubre cae en sábado. Estos son los programas que había publicados o anunciados a 10 de octubre de 2026. En todos los casos conviene revisar la web del concello la semana anterior, porque los horarios suelen cerrarse tarde.
Si se sube hacia el interior de Lugo y Ourense, el paisaje acompaña al relato: los cañones del Sil y sus castaños, que contamos en la Ribeira Sacra en dos días, son el decorado natural de buena parte de estas creencias.
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Lo antiguo y lo nuevo, sin complejos
Cada otoño se repite la misma discusión con dos bandos que se equivocan por igual. Unos dicen que el Samaín es una tradición celta de dos mil años. Otros, que es Halloween con gaitas. Los papeles dicen otra cosa, y es más interesante.
La calabaza tallada en el camino es gallega y antigua. La Compaña es gallega, asturiana y del norte de Portugal, y la Inquisición ya tuvo noticia de ella. El nombre Samaín se tomó del irlandés y se puso en circulación en 1990, de la mano de un maestro que no quería que su hija creciera pensando que aquello lo habían inventado en Estados Unidos.
Que una tradición tenga autor y fecha no la invalida. Casi todas las tienen, aunque las hayamos olvidado. Lo único que no conviene es contarla al revés.
Preguntas frecuentes
¿El Samaín es una tradición gallega o una copia de Halloween?
Las dos cosas a la vez, por capas. Tallar calabazas o nabos por Difuntos y dejarlos en caminos y ventanas está documentado en Galicia en el siglo XX. El nombre Samaín y la fiesta organizada se recuperaron en Cedeira en 1990, a partir del trabajo del maestro Rafael López Loureiro y la asociación Chirlateira.
¿Qué es la Santa Compaña?
Una procesión de ánimas en pena que, según la creencia popular del noroeste peninsular, recorre de noche los caminos de una parroquia anunciando una muerte. La encabeza un vivo con una cruz. La recogieron etnógrafos como Vicente Risco y Carmelo Lisón Tolosana; en Asturias se llama Güestia.
¿Dónde se celebra el Samaín en Galicia?
Cedeira (A Coruña) se presenta como cuna de la recuperación y lo celebra desde 1990. Allariz organiza Allariz de Medo, con desfiles de la Santa Compaña en ediciones anteriores, y Ourense programa talleres de calabazas y un desfile el 31 de octubre. Muchos otros concellos publican su programa en la segunda quincena de octubre.
¿Cuál es el origen del Samhain celta?
Samain es el nombre de una de las cuatro grandes fiestas del calendario en la literatura irlandesa medieval, escrita por monjes desde el siglo IX. Los textos la sitúan a comienzos de noviembre, con asambleas y banquetes, pero no describen ritos religiosos paganos. Lo del «año nuevo celta» es una hipótesis de 1901 con poca base.
¿Cómo se llaman las calabazas del Samaín gallego?
Depende de la comarca. Se han recogido nombres como caveiras o caliveras de melón (Cedeira), calacús, colondros, cabazas, calabazotes y, en el Ourense de Méndez Ferrín, carantoñas de calabaza. Lo antiguo es la variedad: no había una palabra única.
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