Salar de Uyuni: el desierto de sal que duplica el cielo
Diez mil kilómetros cuadrados de sal en el altiplano boliviano que, unas semanas al año, se convierten en el espejo más grande del planeta. Debajo, además, está la mayor reserva de litio del mundo.
Durante unas semanas al año, entre diciembre y abril, una capa de agua de apenas unos centímetros cubre el Salar de Uyuni y borra por completo la línea del horizonte. Quien camina por ahí deja de saber dónde termina el suelo y empieza el cielo: las nubes se reflejan bajo sus propios pies con tanta precisión que las fotografías del lugar, durante años, se sospechaban trucadas. No lo están.
Es el salar más grande del mundo, con más de 10.000 kilómetros cuadrados, en el altiplano boliviano a 3.656 metros de altitud. Y el efecto espejo es solo la mitad de la historia.
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El Salar de Uyuni, un desierto de sal con patrones naturales bajo un cielo expansivo.Foto: Rodrigojicarvalho / Pixabay
Un lago prehistórico que se secó
El Salar de Uyuni es el residuo de un lago mucho mayor, el Lago Minchin, que cubrió buena parte del altiplano boliviano hace decenas de miles de años y se fue evaporando hasta dejar esta costra de sal de varios metros de espesor. Durante la estación seca, entre mayo y noviembre, la superficie se agrieta en un mosaico de polígonos hexagonales casi perfectos, el patrón que se forma de manera natural cuando una capa de sal se contrae al secarse.
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En temporada de lluvias, esa misma superficie se inunda con una lámina de agua tan fina y tan plana que actúa como espejo perfecto. No hace falta ir en la fecha exacta más lluviosa: basta con que haya caído agua recientemente y no haga demasiado viento, que rompería la superficie lisa.
"No es que se vea el cielo reflejado en el suelo. Es que, durante un rato, deja de haber diferencia entre uno y otro."
— Sobre el efecto espejo del Salar de Uyuni
La inmensidad del Salar de Uyuni, un espejo natural que refleja el cielo boliviano.Foto: Mauro Lima / Unsplash
Lo que hay debajo
Bajo la costra de sal hay salmuera cargada de litio, y el Salar de Uyuni contiene, según distintas estimaciones geológicas, la mayor reserva de litio del planeta —el metal detrás de casi todas las baterías de móviles, ordenadores y coches eléctricos actuales—. Bolivia lleva años debatiendo cómo y cuándo explotarla a gran escala, un asunto que mezcla geopolítica, medio ambiente y economía de un país que hasta ahora ha tenido más discurso que producción real en torno al litio.
La Isla del Pescado, un oasis de cactus en el vasto Salar de Uyuni, Bolivia.Foto: Diego Delso / Wikimedia Commons
La isla de cactus y el cementerio de trenes
En medio de la blancura, la Isla Incahuasi —también llamada Isla del Pescado por su forma— es un afloramiento rocoso de origen volcánico cubierto de cactus gigantes, algunos de varios metros de altura y varios cientos de años. Verla desde lejos, rodeada de sal en todas direcciones, es de las postales más extrañas del altiplano.
A las afueras del pueblo de Uyuni está el Cementerio de Trenes, decenas de locomotoras y vagones de finales del siglo XIX y principios del XX, abandonados cuando la industria minera de la región entró en declive. El óxido y el desierto llevan un siglo haciendo su trabajo sobre el hierro, y el resultado —trenes esqueléticos sobre raíles que ya no llevan a ninguna parte— se ha convertido en escenario fotográfico casi tan visitado como el salar mismo.
Cuándo ir según lo que se busca
Efecto espejo: enero-abril, con más probabilidad hacia febrero-marzo. No es garantizado; depende de las lluvias de cada temporada.
Superficie agrietada, patrón hexagonal: mayo-noviembre, temporada seca. Es también cuando se puede circular con vehículo directamente sobre el salar.
Altitud: 3.656 metros. Conviene aclimatarse un día o dos en Uyuni o en La Paz antes de hacer excursiones largas, y llevar protección solar seria: la reverberación de la sal multiplica la radiación.
Alojamiento: existen varios hoteles construidos casi enteramente con bloques de sal, incluido el mobiliario.
Ya escribimos sobre otro punto del altiplano boliviano en nuestra cobertura de La Paz; el Salar de Uyuni, a unas horas de distancia, es la otra cara —vacía, blanca y silenciosa— del mismo país.
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