Huesca en 2 días: la ciudad que recibe a la Guía Michelin
El 24 de noviembre de 2026 la Guía Michelin reparte sus estrellas en Huesca, por primera vez en Aragón. Dos días para la ciudad de la Campana y su provincia: una catedral de alabastro, un castillo de cine y los mallos de Riglos.
El martes 24 de noviembre de 2026, los cocineros más premiados del país van a estar sentados en el Palacio de Congresos de Huesca esperando a oír su nombre. La Guía Michelin presenta allí las estrellas de 2027. Antes de que llegue el ruido, conviene saber qué ver en Huesca en 2 días, porque la ciudad que los recibe tiene una historia bastante más afilada que un menú degustación.
La propia guía lo anunció en mayo: Huesca será "el epicentro de la gastronomía española" al acoger "por primera vez" la gala. La prensa añadió el otro dato: es también la primera vez en Aragón, y no ha ido a Zaragoza. La cena de clausura la diseña Carmelo Bosque, chef de Lillas Pastia, uno de los dos restaurantes con estrella de la ciudad.
Huesca tiene algo más de cincuenta mil habitantes, un casco antiguo que se cruza andando en un cuarto de hora y una leyenda medieval que los escolares aragoneses aprenden antes que la tabla del siete: la de un rey monje que mandó hacer una campana con las cabezas de sus nobles. Ese es el primer día. El segundo, el coche: a cuarenta minutos hay un castillo románico donde Ridley Scott rodó una cruzada y unas paredes de conglomerado de casi trescientos metros.
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La imponente Catedral de Huesca, un icono de la ciudad que acogerá la Guía Michelin.Foto: Kent Wang / Wikimedia Commons
Día 1, mañana: la catedral y su retablo
La catedral de Huesca es gótica, levantada entre los siglos XIII y XVI en lo alto del cerro donde estuvo la mezquita mayor. Desde fuera, la portada con sus apóstoles; dentro, la razón de la visita: el retablo mayor de Damián Forment, tallado en alabastro entre 1520 y 1533 y dedicado a la Pasión de Cristo.
El alabastro tiene una cualidad que la madera policromada no tiene: deja pasar un poco de luz. Con la iluminación de la mañana, las figuras parecen más hechas de cera que de piedra. Forment venía de tallar el retablo mayor del Pilar de Zaragoza, y en Huesca firmó el encargo el 10 de septiembre de 1520.
La entrada incluye el Museo Diocesano, en los claustros, con el retablo de alabastro del castillo-abadía de Montearagón, obra de Gil Morlanes el Viejo, y el Salón del Tanto Monta, uno de los ejemplos más representativos del arte mudéjar en la ciudad. Y la torre: la vista desde arriba explica la ciudad entera, con el Pirineo al fondo los días claros.
La Sala de la Campana en el Museo de Huesca, un rincón con historia en la ciudad.Foto: Jialxv / Wikimedia Commons
Día 1, mediodía: la Sala de la Campana
A dos minutos de la catedral, en la plaza de la Universidad, está el Museo de Huesca. El edificio principal es la antigua Universidad Sertoriana, fundada por Pedro IV en 1354, un edificio de planta octogonal. Pegado a él queda lo que sobrevive del palacio de los reyes de Aragón, románico de finales del siglo XII. Ahí está la sala que da sentido a la visita.
La historia, tal como la cuenta la Crónica de San Juan de la Peña, va así. En 1134 muere sin hijos Alfonso I el Batallador, y la corona cae en su hermano Ramiro, un monje sin experiencia de gobierno al que los nobles aragoneses no respetan. Ramiro los convoca en Huesca con una excusa: quiere fundir una campana que se oiga en todo el reino. Los nobles acuden riéndose. Van entrando uno a uno en una sala del palacio y, uno a uno, el rey los hace decapitar. Coloca las cabezas en círculo en el suelo y cuelga la última del techo, como badajo.
"Una campana que se oyera en todo el reino."
— La excusa de Ramiro II, según la Crónica de San Juan de la Peña
Es una historia magnífica y probablemente falsa. La crónica se escribió en el último tercio del siglo XIV, más de dos siglos después de los hechos, y varios de sus motivos tienen antecedentes en Heródoto y Tito Livio. Ni siquiera hay acuerdo en cuántos nobles fueron, doce o trece. Y la bóveda de la sala que la tradición señala como escenario parece posterior al reinado de Ramiro.
Da igual: la sala está ahí y la leyenda funciona. El cuadro más famoso de la escena, el de José Casado del Alisal (1880), cuelga en el Ayuntamiento, a unos pasos; en el exterior del museo, un mural del artista oscense Edd Bhurton lo reinterpreta desde 2023, con motivo del 150 aniversario del museo.
La arquitectura románica de Huesca, testigo de historias y leyendas centenarias.Foto: Miguel Cuenca / Pexels
Día 1, tarde: San Pedro el Viejo y su panteón
La historia de Ramiro termina a quinientos metros, en San Pedro el Viejo, uno de los grandes conjuntos románicos de Aragón, del siglo XII, con un claustro de capiteles historiados y una torre hexagonal. Ramiro no gobernó mucho. En 1137 prometió a su hija Petronila, que tenía un año, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, le cedió el gobierno y volvió a la vida religiosa. Murió en Huesca en 1157.
Está enterrado aquí, en la antigua sala capitular convertida en panteón real, dentro de un sarcófago romano del siglo II reaprovechado. A su lado reposa su hermano Alfonso I el Batallador, trasladado desde Montearagón en el siglo XIX. Los dos hermanos que no se parecían en nada, el guerrero y el monje, comparten capilla.
Por la tarde, el paseo natural baja hacia el Coso y la plaza de Navarra. Allí está el Círculo Oscense, el antiguo casino, que el arquitecto catalán Ildefonso Bonells levantó entre 1901 y 1904: el edificio modernista más llamativo de la ciudad, Bien de Interés Cultural desde 2007. Abre de lunes a viernes, de 10:00 a 21:30, y en el mismo edificio funciona Lillas Pastia.
Dos paradas más antes de cenar. En la plaza López Allué, Ultramarinos La Confianza, abierta en 1871, con el techo pintado por León Abadías y considerada la tienda de ultramarinos en activo más antigua de España. Y la Pastelería Ascaso, que lleva más de un siglo en la ciudad y vende el pastel ruso, un bizcocho de almendra relleno de crema de praliné que es el recuerdo oficioso de Huesca.
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La arquitectura histórica de Huesca se ilumina al caer la noche, ofreciendo un encanto especial.Foto: Sébastien Vincon / Pexels
Día 2, mañana: el castillo de Loarre
A unos 32 kilómetros de Huesca, cuarenta minutos en coche, el castillo de Loarre aparece pegado a la roca, en la última sierra antes de la llanura. Se empezó hacia 1033, en tiempos de Sancho III el Mayor de Pamplona, como fortaleza de frontera frente a la taifa de Zaragoza. Sancho Ramírez lo amplió y en 1071 instaló una comunidad de canónigos agustinos. Es Monumento Nacional desde 1906.
Lo que lo hace raro es que llegó entero. Iglesia románica con cripta, torre del homenaje, murallas, aljibes: casi todo sigue en pie, y por eso se ha convertido en plató. Ridley Scott rodó aquí parte de El reino de los cielos (2005). Antes y después han venido otros rodajes, pero ese es el que ha traído visitantes.
La iglesia es lo mejor. Desde el exterior parece parte de la muralla; dentro tiene cripta, una cúpula alta y capiteles muy trabajados. Hay que ir con calzado que agarre: la piedra del interior está pulida por casi mil años de pasos.
Día 2, tarde: los mallos de Riglos
Desde Loarre, unos 27 kilómetros por carreteras de la sierra llevan a Riglos, un pueblo pequeño encajado al pie de unas paredes rojizas de conglomerado que se levantan de golpe sobre el valle del Gállego. Son los mallos. Los más altos alcanzan unos 275 metros de pared vertical.
Para los escaladores son un nombre de referencia en Europa; para el resto, un lugar donde quedarse mirando hacia arriba con el cuello torcido. En cualquier momento del día pasan buitres leonados a la altura de las cumbres, y con la luz de la tarde la roca se pone del color del ladrillo cocido.
Hay otra forma de llegar que tiene su gracia: el tren de Zaragoza a Canfranc, el Canfranero, para en un apeadero a un kilómetro del pueblo. Es parada facultativa, así que hay que avisar al revisor. Desde Riglos, la vuelta a Huesca son unos 45 kilómetros, alrededor de una hora.
La alternativa: Alquézar y el río Vero
Si el segundo día prefieres el este de la provincia, Alquézar está a unos 50 kilómetros de Huesca, unos cincuenta minutos. Es un pueblo de piedra colgado sobre el cañón del río Vero, rematado por la colegiata de Santa María, que ocupa el lugar de la antigua fortaleza.
Su atracción más conocida son las pasarelas del río Vero: un sendero circular de tres kilómetros y 175 metros de desnivel acumulado que baja al fondo del cañón y lo recorre por pasarelas ancladas a la roca. Se hace en unas dos horas, en un solo sentido. Aguas arriba, el Parque Cultural del Río Vero guarda más de sesenta abrigos con pinturas rupestres que forman parte del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, Patrimonio Mundial desde 1998; se visitan desde el centro de arte rupestre de Colungo.
Cómo llegar, dónde dormir y dónde comer
Huesca está a unos 74 kilómetros de Zaragoza por la autovía A-23, poco menos de una hora. Desde Madrid hay AVE directo, pero con muy pocas frecuencias (en general, uno al día por sentido, con paradas en Zaragoza-Delicias y Tardienta): consulta el horario en Renfe antes de planificar. Para el segundo día hace falta coche: ni Loarre ni Alquézar tienen transporte público práctico para una excursión de ida y vuelta.
La semana de la gala
Con la gala Michelin el martes 24 de noviembre, la oferta hotelera de la ciudad va a estar muy presionada esos días. Si quieres ir esa semana, reserva ya; si no, cualquier fin de semana de otoño es mejor momento.
La provincia tiene 18 restaurantes en la guía, ocho de ellos con estrella. Fuera de la capital, las otras seis están en el Pirineo y el Somontano: Callizo en Aínsa, Casa Rubén en Hospital de Tella (la única estrella nueva de Aragón en 2026, con tres mesas), Casa Arcas en Villanova, Canfranc Express en la estación internacional de Canfranc, Ansils en Anciles y La Era de los Nogales en Sardas. Si el viaje se alarga hacia el norte, la ruta en moto por Ordesa y Monte Perdido pasa cerca de varias.
•Mejor época: otoño y primavera. En invierno el castillo de Loarre cierra los lunes y los días son cortos: empieza pronto.
Alquézar, un impresionante pueblo medieval en la provincia de Huesca, se alza sobre un cañón.
Alquézar, un encantador pueblo medieval en Huesca, se alza majestuoso bajo un cielo rosado.
Alquézar, un pintoresco pueblo de Huesca que invita a la exploración.
Alquézar, un encantador pueblo medieval, es una joya en la provincia de Huesca.
Alquézar, uno de los pueblos más bonitos de Huesca, con su imponente castillo al anochecer.
Un día para la ciudad: la catedral y su retablo de alabastro, la Sala de la Campana en el Museo de Huesca, San Pedro el Viejo y el Círculo Oscense. Otro para la provincia: el castillo de Loarre por la mañana y los mallos de Riglos por la tarde, o Alquézar y las pasarelas del río Vero.
¿Cuándo es la gala de la Guía Michelin en Huesca?
El martes 24 de noviembre de 2026, en el Palacio de Congresos de Huesca. En ella se presentan las estrellas de la Guía Michelin España 2027. Es la primera vez que la gala se celebra en Huesca y, según la prensa, en Aragón.
¿Qué restaurantes con estrella Michelin hay en Huesca?
En la ciudad, Lillas Pastia y Tatau, con una estrella cada uno en la edición 2026. En la provincia tienen estrella Callizo (Aínsa), Casa Rubén (Hospital de Tella), Casa Arcas (Villanova), Canfranc Express, Ansils (Anciles) y La Era de los Nogales (Sardas). La gala del 24 de noviembre de 2026 puede cambiar la lista.
¿Qué es la leyenda de la Campana de Huesca?
Cuenta que el rey Ramiro II el Monje convocó a los nobles rebeldes con la excusa de fundir una campana que se oyera en todo el reino y los fue decapitando, colocando las cabezas en círculo y una como badajo. La recoge por primera vez la Crónica de San Juan de la Peña, del siglo XIV; los historiadores la consideran leyenda.
¿Qué película se rodó en el castillo de Loarre?
El castillo de Loarre fue escenario de El reino de los cielos (2005), de Ridley Scott. Es una fortaleza románica del siglo XI, de las mejor conservadas de Europa, a unos 40 minutos en coche de Huesca.
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