
Maestrazgo exprés: dos días entre fortalezas templarias y pueblos de piedra
Un fin de semana desde Guía de Isora para descubrir el Maestrazgo: castillos con ecos heréticos, aldeas excavadas en roca y calas turquesas como bonus primaveral.
Utiliza este formulario para buscar artículos, destinos y contenido en Nomadiq Magazine
Comienza a escribir para buscar
Explora nuestros artículos sobre destinos, cultura y arte.

Un fin de semana desde Guía de Isora para descubrir el Maestrazgo: castillos con ecos heréticos, aldeas excavadas en roca y calas turquesas como bonus primaveral.
El Maestrazgo es una comarca histórica entre Teruel, Castellón y Tarragona, conocida por sus fortalezas templarias, pueblos medievales de piedra y paisajes de montaña que conservan la arquitectura y las historias de las órdenes militares medievales.
La fortaleza templaria de Peñíscola no es técnicamente cátara —los cátaros fueron perseguidos en el sur de Francia, no aquí— pero su arquitectura y su historia de aislamiento religioso (el Papa Luna Benedicto XIII vivió aquí en cisma hasta su muerte en 1423) le dan ese aire de refugio herético. El castillo se levanta sobre un peñón que el mar rodea en marea alta. La subida desde el casco antiguo son diez minutos de callejuelas empedradas con buganvillas y turistas con cámara al cuello.

Dentro, las estancias son austeras: salones con bóvedas de crucería, una capilla con frescos del siglo XIV y las habitaciones papales con vistas al mar que debieron consolar al pontífice en su exilio. Marta, la guía que trabaja aquí desde 2018, cuenta que Benedicto XIII recibía emisarios desde toda Europa pero nunca abandonó su reivindicación al papado legítimo. «Era un tipo obstinado. Murió a los noventa y cuatro años sin ceder», dice señalando el oratorio privado donde el Papa Luna pasaba horas rezando.
Llega antes de las diez de la mañana o después de las cinco de la tarde en temporada alta. Entre ambas franjas, el castillo se llena de grupos organizados. La luz de última hora convierte las murallas en un escenario dorado perfecto para fotografía.
Después del castillo, la cala Sur espera con su agua turquesa y arena fina. No es una playa virgen —hay chiringuitos y hamacas— pero el contraste entre la fortaleza medieval y el Mediterráneo funciona. A mediodía, las terrazas del puerto sirven arroz a banda y cerveza fría. Desde aquí, Cantavieja está a hora y media por carreteras de montaña que suben hacia el interior.
Cantavieja aparece en lo alto de un cerro a mil trescientos metros de altitud. Las casas se aprietan alrededor de la plaza porticada del Ayuntamiento, un conjunto de soportales de piedra del siglo XVIII que parece sacado de un western español. Aquí vivían quinientos habitantes en los años sesenta. Hoy quedan doscientos, la mayoría jubilados que ocupan los bancos de la plaza en las tardes de primavera.

En invierno esto es un congelador. Pero en mayo, con las amapolas en los campos, es el sitio más bonito del mundo.Javier, propietario de Casa Paulino
Javier regenta Casa Paulino, un hostal con habitaciones que conservan vigas de madera y suelos de baldosa hidráulica. La cocina sirve migas del pastor, ternasco asado y postres caseros. Por la noche, el silencio es absoluto. No hay discotecas ni bares de copas. Cantavieja es un pueblo para caminar despacio, fotografiar portones medievales y sentarse en un mirador a ver cómo la luz se retira de las montañas.
Casa Paulino y el Hotel Balfagón son las dos opciones principales. Reserva con antelación en puentes y festivos: Cantavieja es base popular para rutas de senderismo y BTT. Habitación doble desde 60€/noche con desayuno.
La mañana del segundo día arranca con el desayuno en Cantavieja y la carretera que baja hacia Miravet, en la provincia de Tarragona. Aquí la historia se complica: el castillo que domina el pueblo no es cátaro sino almohade, conquistado después por los templarios en 1153. Pero su fama de fortaleza "herética" viene de la resistencia que ofreció en 1308, cuando los últimos templarios de la Corona de Aragón se atrincheraron aquí antes de ser arrestados por orden papal.
En 1307, el papa Clemente V ordenó la disolución de la Orden del Temple acusándola de herejía. En Miravet, doce caballeros resistieron el asedio real durante meses hasta rendirse en diciembre de 1308. Fueron los últimos templarios en caer en la península ibérica.
El castillo de Miravet es menos turístico que Peñíscola pero más auténtico. Las murallas conservan torres almohades de planta cuadrada y el patio de armas templario con su iglesia románica. Desde las almenas, el Ebro dibuja una curva perfecta entre campos de frutales. En primavera, el verde es casi fosforito.

Desde Miravet, la ruta sigue hacia Villarroya de los Pinares, ya de vuelta hacia el interior del Maestrazgo. Este pueblo turolense es famoso por sus casas excavadas en la roca: construcciones trogloditas que aprovechaban las cuevas naturales como vivienda. Hoy quedan una docena restauradas como alojamientos rurales o almacenes. Rosa, que nació en una de estas casas en 1954, recuerda que «en invierno hacía menos frío dentro que en las casas normales, y en verano se estaba fresco sin ventilador».
"Mi abuela decía que las cuevas eran las casas de los pobres. Ahora vienen turistas a fotografiarlas como si fueran un museo."— Rosa, vecina de Villarroya de los Pinares
El paseo por Villarroya lleva media hora: un circuito señalizado recorre las cuevas principales, algunas con puertas de madera restauradas y ventanas enrejadas. No es Capadocia, pero tiene su encanto. Y es gratis.

La ruta cierra en Morella, el pueblo más fotografiado del Maestrazgo. Su castillo corona un peñasco de ochenta metros de altura rodeado por murallas medievales que bajan hasta el casco antiguo. Es bonito, sí, pero también es trampa turística: tiendas de souvenirs, restaurantes con menús a veinte euros y grupos de jubilados con banderín. Aun así, merece una parada de dos horas para caminar por la muralla, subir al castillo (entrada: 3,50€) y comer en algún bar de la calle Mayor antes de volver a la carretera.
El regreso a Guía de Isora son tres horas y media de autopista. En el móvil quedan fotos de esta ruta por el Maestrazgo: castillos, calas y pueblos de piedra. En la cabeza, el recuerdo de ese silencio de Cantavieja al atardecer y la sensación de haber viajado a otra época sin salir de la península. El Maestrazgo no es Toscana ni Provenza, pero tiene lo suyo: historias reales, paisajes que no necesitan filtro y la posibilidad de hacer una ruta de fin de semana sin arruinarte ni competir por el aparcamiento.
Desde Guía de Isora: vuelo a Valencia o Castellón, alquiler de coche en aeropuerto. Ruta total: ~500 km en dos días. Mejor época: abril-junio y septiembre-octubre (evita julio-agosto por calor). Presupuesto estimado: 200-250€/persona (gasolina, alojamiento, comidas, entradas).
Dos días de turismo por el Maestrazgo no dan para conocer todos los pueblos ni todas las rutas de senderismo. Pero sí para entender por qué esta comarca sigue siendo un secreto a voces: lejos del turismo masivo, cerca de la historia real y con ese paisaje de piedra y montaña que aguanta bien cualquier foto de Instagram. O cualquier fin de semana sin pantalla.
Recibe cada domingo inspiración viajera y lugares únicos directamente en tu bandeja de entrada
Sin spam, cancela cuando quieras. Respetamos tu privacidad.

Ocho iglesias románicas, un parque nacional y la pregunta que nadie responde: ¿cómo elegir entre piedra medieval y lagos...

Suelos volcánicos que dictan qué crece, qué se cocina y cómo se construye. Un fin de semana donde la geología es la chef...

Una escapada por la España vaciada donde la frontera invisible entre Galicia y León moldea aldeas, leyendas y la vida de...