Bodie: el pueblo fantasma que Estados Unidos conserva a propósito en ruinas
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Bodie: el pueblo fantasma que Estados Unidos conserva a propósito en ruinas

En la fiebre del oro llegó a tener diez mil habitantes y una fama de violencia que asustaba hasta a los mineros curtidos. Hoy el estado de California lo mantiene deliberadamente sin restaurar, exactamente como quedó abandonado.

Foto de Mario ArramendiMario Arramendi
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En Bodie no se restaura nada. El estado de California, que gestiona el pueblo como parque histórico desde 1962, sigue una política deliberada llamada "decadencia detenida": los edificios se mantienen en pie y a salvo de derrumbarse, pero exactamente en el estado en que fueron abandonados —cristales rotos, pintura descascarillada, estanterías de la tienda con productos de hace un siglo todavía encima—. No es negligencia. Es la filosofía de conservación, explícita y decidida, de todo el lugar.

Diez mil personas en pleno desierto de altura

Bodie nació en 1876, tras un hallazgo de oro importante en las colinas del este de California, cerca de la frontera con Nevada, y llegó a tener, en su momento de mayor auge hacia 1879-1880, una población estimada entre siete mil y diez mil personas en pleno desierto de alta montaña, a más de 2.500 metros de altitud. Tuvo fama —en parte merecida, en parte inflada por la prensa de la época— de ser uno de los pueblos mineros más violentos del Oeste, con decenas de salones, burdeles y fumaderos de opio funcionando a la vez.

"Un pueblo entero conservado tal cual quedó, no como fue restaurado a como se supone que debía verse: eso es lo raro de Bodie frente a otros pueblos fantasma."
Sobre la política de decadencia detenida
Interior de una cocina polvorienta y abandonada con muebles de madera, fregadero y utensilios.
El interior de una casa en Bodie, donde el tiempo se detuvo tras el abandono del pueblo.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

El declive y el incendio

La producción de oro empezó a caer en la década de 1880, y el pueblo se fue vaciando durante décadas hasta quedar prácticamente abandonado a principios del siglo XX. En 1932, un incendio accidental —causado, según la documentación histórica del parque, por un niño jugando con cerillas— destruyó cerca del 65% de los edificios que aún quedaban en pie, dejando el pueblo reducido a una fracción de lo que había sido en su apogeo.

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Hoy sobreviven alrededor de 110 estructuras, apenas un 5% del pueblo original, declaradas Parque Histórico Estatal de California desde 1962. No hay tiendas, gasolinera ni restaurantes dentro del parque: es, deliberadamente, un lugar sin servicios modernos.

Casa de madera antigua con techo de tejas, escaleras de madera y arbustos secos bajo un cielo azul.
Una de las estructuras de madera que aún se mantienen en pie en Bodie, el pueblo fantasma de California.Foto: Wikimedia Commons / Wikimedia Commons

La maldición de Bodie

Existe una tradición muy documentada por los propios guardas del parque: quien se lleva una piedra, un clavo oxidado o cualquier objeto del pueblo como recuerdo, según cuentan numerosos visitantes a lo largo de las décadas, empieza a sufrir una racha de mala suerte que solo termina cuando el objeto se devuelve por correo, casi siempre acompañado de una carta de disculpa. El parque conserva un archivo considerable de esas cartas, y aunque no hay ninguna explicación que vaya más allá de la anécdota, la reputación de la "maldición de Bodie" se ha convertido en parte del propio relato del lugar.

Antes de ir

El acceso final son varios kilómetros de pista sin asfaltar: en invierno puede quedar cerrado por nieve durante meses.

No hay agua, comida ni combustible dentro del parque: hay que llevarlo todo desde la localidad más cercana con servicios.

La mejor luz para fotografiar los interiores, visibles a través de las ventanas, suele ser a última hora de la tarde.

Es un abandono muy distinto al que contamos en Varosha o en Kolmanskop: aquí nadie evacuó de un día para otro ni hubo guerra de por medio, solo el agotamiento lento de un filón de oro y la decisión, décadas después, de no disimularlo.

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