
Almendros en flor en España: dónde ver este espectáculo efímero en 2026
Descubre los mejores lugares de España para ver los almendros en flor en 2026. Desde Mallorca hasta Tenerife, rutas, fechas y consejos para no perderte este espectáculo efímero.
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Descubre los mejores lugares de España para ver los almendros en flor en 2026. Desde Mallorca hasta Tenerife, rutas, fechas y consejos para no perderte este espectáculo efímero.
Hay fenómenos naturales que nos recuerdan que el tiempo no nos pertenece. La floración del almendro es uno de ellos. Cinco días. A veces doce, si el clima es generoso. Eso es todo lo que dura este espectáculo que transforma campos enteros en mantos de blanco y rosa.
No puedes planificarlo con certeza. No puedes controlarlo. Solo puedes estar atento, estar presente, y aceptar que quizás llegues un día tarde o una semana antes. El almendro florece cuando quiere, no cuando tú puedes.
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El almendro (Prunus dulcis) es el primero de los árboles frutales en florecer. Mientras otros esperan prudentemente a que el invierno confirme su retirada, el almendro se arriesga. Florece en enero, en febrero, cuando las heladas todavía acechan. Es una apuesta: si acierta, será el primero en dar fruto. Si se equivoca, perderá la cosecha.
Los agricultores lo saben. Cada año es un juego de nervios. Las flores, delicadas como papel de seda, no resisten el frío extremo. Una helada tardía puede destruir en una noche lo que el árbol construyó durante meses.
Pero el almendro insiste. Año tras año, generación tras generación, sigue apostando por la primavera antes de que llegue.
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Si la paciencia no es tu fuerte, Canarias es tu destino. Gracias a las temperaturas suaves de las islas, los almendros canarios son los primeros de España en cubrirse de flores, a menudo desde mediados de enero.
Tenerife: Santiago del Teide y la ruta del Chinyero
En el noroeste de Tenerife, el municipio de Santiago del Teide se transforma cada invierno. Los almendros blanquean las laderas mientras, al fondo, el Teide vigila cubierto de nieve. Es una imagen de contrastes: el volcán y las flores, el fuego dormido y la vida que despierta.
La ruta más popular conecta Santiago del Teide con Arguayo, pasando por Las Manchas. Son unos 10 kilómetros entre campos de lava y almendros, un paisaje que recuerda que en Canarias la naturaleza nunca es solo una cosa.
Cuándo ir: Mediados de enero a mediados de febrero
Mejor momento del día: Amanecer, cuando la luz rasante ilumina las flores
Gran Canaria: Tejeda y el almendro en la cumbre
Tejeda es un pueblo de montaña encajado entre barrancos. Está considerado uno de los más bonitos de España, y en enero, cuando los almendros florecen, es fácil entender por qué. Las terrazas de cultivo se tiñen de blanco contra el verde oscuro de los pinos canarios.
Desde Tejeda puedes caminar hasta el Roque Nublo, el monolito de basalto que es símbolo de la isla. En invierno, el camino pasa entre almendros en flor. Es uno de esos senderos que justifican un viaje.
La Palma: Puntagorda y la Fiesta del Almendro
En La Palma, la floración se celebra. Cada año, a finales de enero, Puntagorda organiza la Fiesta del Almendro en Flor: rutas guiadas, degustación de productos locales (la almendra palmera tiene fama de ser especialmente dulce), música tradicional.
Pero incluso sin fiesta, la carretera que sube desde Santa Cruz hasta Puntagorda ofrece vistas de terrazas blancas y rosadas que merecen cada curva.

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Los mallorquines llaman a la floración del almendro "la nieve mallorquina". No es difícil entender por qué: desde ciertos miradores de la Serra de Tramuntana, los campos blancos parecen montañas nevadas.
Mallorca: Valldemossa, Sóller y Deià
La Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el corazón de la floración mallorquina. Los pueblos de piedra —Valldemossa, Deià, Sóller, Fornalutx— quedan enmarcados por miles de almendros en flor.
Valldemossa es probablemente el más fotografiado. Aquí vivió Chopin un invierno, tosiendo en la Cartuja mientras George Sand escribía sobre la belleza salvaje de la isla. Hoy, en febrero, puedes caminar por las mismas calles empedradas que ellos pisaron, con las montañas nevadas de flores al fondo.
Pero si buscas menos turistas, prueba el interior de la isla. Los alrededores de Marratxí, Bunyola o Santa María del Camí tienen extensiones de almendros menos conocidas pero igual de hermosas.
Cuándo ir: Finales de enero a mediados de febrero
Consejo: Llega temprano. A media mañana, los pueblos de la Tramuntana se llenan de visitantes.
Ibiza: el Valle de Santa Inés
Ibiza tiene una faceta que sus fiestas ocultan. El interior de la isla es rural, tranquilo, sorprendentemente verde en invierno. Y el Valle de Santa Inés, en febrero, es uno de los secretos mejor guardados del Mediterráneo.
Cientos de almendros cubren el valle. No hay multitudes, no hay chiringuitos, no hay DJ sets. Solo el silencio del campo y el blanco de las flores contra el cielo azul.

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Alcalalí y la Vall de Pop
En el interior de Alicante, lejos de las playas, la Vall de Pop es tierra de almendros. Alcalalí, un pueblo de apenas mil habitantes, ha convertido la floración en su seña de identidad.
Cada febrero se celebra el Festival Feslalí: rutas de senderismo guiadas, maratón de fotografía, mercado de productos locales, concurso de pastissos (dulces tradicionales de almendra). Es una fiesta que respeta el ritmo lento de la floración: no hay prisas, no hay espectáculos ruidosos. Solo gente caminando entre almendros, parándose a mirar, a fotografiar, a respirar.
La ruta más popular sale de Alcalalí y sube hasta el mirador de la Penya Roja. Desde arriba, el valle parece cubierto de nubes blancas.
Vall de Laguar y el Barranc de l'Infern
Más al sur, la Vall de Laguar ofrece una experiencia diferente. Aquí los almendros crecen en los bancales que rodean el famoso Barranc de l'Infern, uno de los cañones más espectaculares de la Comunidad Valenciana.
Puedes combinar la floración con el senderismo. La ruta completa del barranco son unos 14 kilómetros con más de 6.000 escalones tallados en la roca por los moriscos hace siglos. No es para todos. Pero incluso un paseo corto por los alrededores, entre almendros y olivos, vale la pena.
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El Castillo de Loarre
Si tuviera que elegir una sola imagen de almendros en flor en España, elegiría esta: el Castillo de Loarre emergiendo de un mar de flores blancas.
Loarre es la fortaleza románica mejor conservada de Europa. Se alza sobre un espolón rocoso en las estribaciones del Pirineo aragonés, y cada febrero, los almendros que cubren las laderas inferiores florecen a sus pies. El contraste entre la piedra medieval y las flores delicadas es casi irreal.
A pocos kilómetros, el pueblo de Ayerbe celebra la Caminata de la Flor del Almendro, con tres recorridos de diferentes niveles de dificultad (12, 18 y 24 km). Es una forma de ver la floración en movimiento, caminando entre campos que cambian de color según la luz.
Cuándo ir: Segunda quincena de febrero
Consejo: Visita el castillo a primera hora, antes de que lleguen los autobuses turísticos. A las 9 de la mañana, con la luz del amanecer, tendrás la fortaleza casi para ti.
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El noroeste de Murcia es tierra seca, de sierras y barrancos. Pero cada febrero, algo cambia. Los almendros que cubren los municipios de Mula, Cieza, Calasparra, Cehegín y Bullas florecen casi a la vez, creando un mosaico de blanco y rosa que se extiende por kilómetros.
Mula celebra MulaFlor, un festival que incluye rutas senderistas, talleres, música y, por supuesto, gastronomía de la almendra. Los mantecados murcianos, hechos con almendra molida, son una especialidad local que merece un desvío.
La Sierra Espuña, cercana, ofrece rutas de senderismo con vistas a los campos de almendros desde las cumbres. Es otro paisaje, otra escala: la floración vista desde arriba, como un patrón que solo tiene sentido desde la distancia.
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No hace falta salir de Madrid para ver almendros en flor. La Quinta de los Molinos, un parque histórico en el barrio de San Blas, tiene más de 1.500 almendros que florecen entre finales de febrero y principios de marzo.
Es diferente de los campos rurales. Aquí los almendros están ordenados, alineados, rodeados de caminos pavimentados y bancos. Pero hay algo conmovedor en ver a los madrileños —familias, parejas, ancianos solos— caminando entre las flores, sacando fotos, sentándose a mirar.
La ciudad, que parece tan ajena a los ritmos naturales, se detiene un momento para celebrar que algo florece.
Cuándo ir: Última semana de febrero, primera de marzo
Consejo: Entre semana, temprano. Los fines de semana el parque se llena.
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La floración no tiene fecha fija. Depende de las temperaturas del invierno, de las lluvias, de factores que escapan a cualquier predicción. Pero como orientación:
• Canarias: Mediados de enero a mediados de febrero
• Baleares: Finales de enero a mediados de febrero
• Comunidad Valenciana: Febrero
• Aragón y Murcia: Segunda quincena de febrero
• Madrid: Finales de febrero, principios de marzo
Consulta las webs locales y las redes sociales de los ayuntamientos antes de viajar. Muchos publican actualizaciones sobre el estado de la floración.
La mejor luz para fotografiar almendros es la de las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde. La luz rasante resalta la textura de las flores y crea sombras suaves en los campos.
Al mediodía, con el sol alto, las flores pierden relieve. Blanco sobre blanco, sin contraste. Mejor usar esas horas para comer, descansar, explorar los pueblos cercanos.
La floración dura poco. Si llegas y los almendros todavía no han florecido, o ya han perdido las flores, no pasa nada. Habrás visto el paisaje en otro momento, habrás conocido el lugar sin la multitud que atrae la floración.
El viaje no se pierde porque no coincida exactamente con lo que esperabas. A veces, lo que encuentras es mejor que lo que buscabas.
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Hay una razón por la que la floración del almendro nos conmueve. No es solo la belleza de las flores, ni el contraste con el invierno que todavía no se ha ido. Es la fugacidad.
Cinco días. Doce si hay suerte. Y luego, las flores caen, y el árbol vuelve a ser solo un árbol, esperando su oportunidad hasta el año que viene.
Vivimos como si el tiempo nos perteneciera. Como si siempre hubiera otra oportunidad, otro febrero, otro viaje. Pero el almendro nos recuerda algo incómodo: hay ventanas que se abren y se cierran. Hay momentos que pasan.
Quizás por eso viajamos para ver flores. No solo por la belleza. Por el recordatorio.
Este año, el almendro volverá a florecer. La pregunta es: ¿estarás ahí para verlo?
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