Arces rojos y naranjas en otoño frente al puente cubierto de madera Tsūtenkyō y el tejado de una sala del templo Tōfuku-ji, en Kioto.
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Qué es el momijigari, la tradición japonesa de contemplar el otoño

Momijigari significa literalmente "caza de hojas rojas". Del poema de Ogurayama a la película japonesa más antigua que se conserva, y por qué el arce oficial de Kioto no enrojece del todo hasta diciembre.

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En 1899 dos actores de kabuki se pusieron delante de una cámara en un escenario improvisado al aire libre: la luz y la película de la época no daban para rodar dentro del teatro. Ichikawa Danjūrō IX y Onoe Kikugorō V representaron un fragmento de Momijigari, la historia de un guerrero que sale a ver las hojas rojas y se encuentra con una demonio. Esos tres minutos y cincuenta segundos son la película japonesa más antigua que se conserva.

El título de aquella primera película es el nombre de una costumbre. El momijigari es salir a contemplar las hojas rojas del otoño, sobre todo las del arce, en un monte, un templo o un parque. No tiene fecha fija ni rito: tiene un calendario, el del color, que baja desde las montañas de Hokkaido a finales de septiembre hasta el sur del país en diciembre.

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Cazar sin presa: qué significa momijigari

La palabra se escribe 紅葉狩り. Los dos primeros caracteres, "hojas que enrojecen", se leen kōyō cuando se habla del fenómeno y momiji cuando se habla de las hojas o del propio arce. El tercero es kari, caza. El diccionario Nihon Kokugo Daijiten registra para kari un sentido que no tiene nada de cinegético: "ir al campo a disfrutar de la belleza de las flores". Pone dos ejemplos, sakuragari, la caza de cerezos, y momijigari.

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Es decir, se caza con los ojos y la presa se queda en el árbol. El mismo diccionario fecha el ejemplo más antiguo de la palabra en un poema de Minamoto no Toshiyori, poeta de finales del periodo Heian, recogido en la antología Fubokuwakashō hacia 1310. En la poesía clásica el término funciona como kigo, palabra de estación: decir momijigari es decir otoño.

Su pariente de primavera es el hanami, la contemplación de los cerezos, del que hablamos en sakura, el arte japonés de contemplar lo efímero. Las dos costumbres comparten la idea que los japoneses llaman mono no aware, la emoción ante lo que se acaba, explicada en nuestro artículo sobre mono no aware y wabi-sabi. Pero el momijigari pide otra cosa: andar, subir, salir de la ciudad.

Ogurayama, 907: el otoño de la corte Heian

En el noveno mes del año 907, el emperador retirado Uda fue de excursión al río Ōi, al oeste de Kioto, a los pies del monte Ogura, en lo que hoy es Arashiyama. Según el preámbulo que recoge la antología imperial Shūi Wakashū, comentó que aquel paisaje merecía una visita de su hijo, el emperador Daigo. El cortesano Fujiwara no Tadahira se ofreció a transmitírselo.

Puente largo de madera sobre un río de cauce ancho, con montañas cubiertas de árboles rojos, naranjas y amarillos y jirones de niebla.
El puente Togetsukyō sobre el río Ōi, en Arashiyama, con las laderas en otoño.Foto: lumoplank / Wikimedia Commons (CC0)

El poema que se le atribuye, el número 26 de la antología Hyakunin Isshu, se dirige a las hojas: "Hojas de arce del pico de Ogurayama, si tenéis corazón, esperad sin caer a la próxima visita del emperador". Es probablemente el momijigari más citado de la literatura japonesa, y no hay en él ni una palabra sobre el color: solo la petición de que dure.

La corte convirtió el otoño en ceremonia. El capítulo 7 de la Historia de Genji, escrita a principios del siglo XI, se titula Momiji no ga, la fiesta de las hojas rojas, y su escena más pintada es el ensayo de una danza que Genji interpreta para una visita imperial de otoño. El río Ōi conserva el recuerdo: cada noviembre, el segundo domingo, la fiesta de Arashiyama recrea en barcas los paseos de la nobleza.

"Hojas de arce del pico de Ogurayama, si tenéis corazón, esperad sin caer a la próxima visita del emperador."
— Fujiwara no Tadahira, Hyakunin Isshu, n.º 26 (traducción propia)

Edo y el arce de Takinogawa

En el periodo Edo (1603-1868) la costumbre salió de la corte. Tokugawa Yoshimune, el octavo shōgun, es famoso por haber plantado cerezos en Asukayama, al norte de la capital; plantó también arces en la zona de Ōji. El tramo del río Shakujii que allí se llamaba Takinogawa, con sus cascadas y el templo Kongō-ji, al que la gente llamaba Momiji-dera, el templo de los arces, se llenaba de paseantes cada otoño.

Grabado japonés de un río entre acantilados con una cascada, un torii rojo, un puente de madera y pequeñas figuras de paseantes.
Ōji Takinogawa, de la serie Cien vistas famosas de Edo, de Utagawa Hiroshige (Biblioteca Nacional de la Dieta).Foto: Utagawa Hiroshige / Wikimedia Commons (Public domain)

Utagawa Hiroshige lo grabó en 1856 para su serie Cien vistas famosas de Edo: la estampa número 88, Ōji Takinogawa, está en el apartado de otoño. Pero el recuento de la serie dice mucho de las preferencias de la ciudad: de sus 119 vistas, 20 muestran cerezos y solo 4 hojas de otoño. Para los grabadores de Edo, el arce era un tema menor al lado del cerezo.

Los grabados de esa época viajaron después a Europa e influyeron en los pintores impresionistas, una historia que contamos en Van Gogh, el ukiyo-e y la influencia de Japón en el arte moderno.

Momijigari, la obra del demonio de Togakushi

El teatro dio a la costumbre su lado oscuro. Momijigari es también una obra de nō atribuida a Kanze Nobumitsu, actor y autor de nō de finales del siglo XV y principios del XVI. El guerrero Taira no Koremochi sube al monte Togakushi, en la actual Nagano, y encuentra a una dama y su séquito celebrando un banquete bajo los arces. Le ofrecen sake, ella baila, él se duerme. En sueños, un enviado del dios Hachiman le avisa de que esas mujeres son demonios del monte y le entrega una espada.

Estampa de un actor de nō con máscara femenina, kimono rojo con abanicos y abanico azul, ante una tela verde coronada de hojas de arce.
Momijigari, de la serie Nōgaku hyakuban, de Tsukioka Kōgyo (Art Institute of Chicago).Foto: Kōgyo Tsukioka / Wikimedia Commons (Public domain)

Lo que hace famosa la obra es el cambio de ritmo: la danza lenta y elegante de la dama se acelera de golpe cuando el guerrero se duerme, y la segunda parte es un combate. La leyenda local de Kinasa, junto a Togakushi, da nombre a la demonio: Momiji. Si te interesan estas criaturas, nuestro repaso a los yōkai del folclore japonés sigue el rastro de muchas otras.

En octubre de 1887 el dramaturgo Kawatake Mokuami adaptó la historia como danza de kabuki para Danjūrō IX, que la incluyó en su repertorio familiar. Doce años después, ese mismo actor y Kikugorō V la representaron para la cámara de Shibata Tsunekichi. En 2009 aquella película fue la primera en ser declarada Bien Cultural Importante de Japón; la Agencia de Asuntos Culturales tiene su ficha y la historia del rodaje.

"Ah, ah, Danjūrō, Kikugorō están vivos, se mueven. ¿Puede existir un prodigio así?"
— Andō Tsuruo, crítico teatral, al ver la película (según el historiador del cine Tanaka Jun'ichirō, citado por la Agencia de Asuntos Culturales)

El arce oficial de Kioto enrojece en diciembre

La Agencia Meteorológica de Japón lleva décadas anotando cuándo cambian de color los árboles. En 2021 recortó drásticamente esas observaciones porque cada vez costaba más encontrar ejemplares adecuados junto a sus observatorios, pero mantuvo la del arce. El método es sencillo: un árbol de referencia por observatorio y un criterio, el día en que casi todas sus hojas son rojas y apenas queda verde.

Primer plano de ramas con hojas de arce japonés de color rojo intenso sobre un fondo oscuro con luces desenfocadas.
Hojas rojas de arce japonés (Acer palmatum) en el templo Eikan-dō, en Kioto.Foto: lumoplank / Wikimedia Commons (CC0)

Con ese criterio, la fecha media del arce de Kioto es el 5 de diciembre (media de 1991 a 2020). En 2025 llegó el 10 de diciembre. El récord de precocidad es antiguo, el 10 de noviembre de 1976; el de tardanza, en cambio, es de hace dos años: el 20 de diciembre de 2024.

Eso no significa que en noviembre no haya color en Kioto. Los templos del monte y las laderas enrojecen antes que un árbol en la ciudad, y las previsiones turísticas miden otra cosa, el "mejor momento" de cada lugar. Para 2026, la Japan Weather Association lo sitúa en Arashiyama a partir del 13 de noviembre y prevé un otoño normal o algo tardío en las zonas bajas por el calor de octubre y noviembre.

Cómo practicar el momijigari este otoño

Japón sigue el avance del color como sigue el de los cerezos: los servicios meteorológicos privados publican previsiones por lugar y las actualizan cada pocos días. La primera de tenki.jp, de la Japan Weather Association, publicada el 1 de octubre de 2026, da, por ejemplo, el monte Takao, en Tokio, a partir del 19 de noviembre y Miyajima a partir del 18.

Estanque que refleja arces rojos y naranjas en la orilla, con una pagoda entre los árboles de la ladera boscosa al fondo.
El jardín del estanque del Eikan-dō (Zenrin-ji), en Kioto, en la temporada de otoño.Foto: lumoplank / Wikimedia Commons (CC0)

En Kioto los templos más célebres cobran tarifas de temporada y algunos abren de noche con iluminación, lo que en Japón se llama raito appu. Conviene llegar a la hora de apertura: a media mañana los puentes y senderos del Tōfuku-ji o del Eikan-dō se colapsan. Para un paseo más tranquilo entre templos, el Camino del Filósofo une varios al pie de las montañas del este.

El momijigari también se come. En Minō, al norte de Osaka, se venden hojas de arce fritas en tempura dulce. La tradición local atribuye la receta a un asceta que hace unos 1.300 años freía las hojas en el aceite de las lámparas del templo para ofrecérselas a los peregrinos; las de hoy son de una variedad de hoja amarilla que se conserva en sal alrededor de un año antes de freírla.

Para ir más allá de la postal

Elegir un solo sitio y quedarse. La costumbre japonesa es volver cada año al mismo templo o al mismo valle, no tachar una lista.

Mirar la previsión del día anterior, no la de un mes antes: en un otoño cálido el color se retrasa una o dos semanas.

Evitar los fines de semana y el puente del 23 de noviembre, Día de Acción de Gracias por el Trabajo, festivo nacional en Japón.

Para encajar el otoño en un viaje más largo, nuestra guía de Kioto reúne lo esencial de la ciudad. Y si el viaje es en invierno, el equivalente al momijigari existe: los japoneses también salen a contemplar la nieve.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el momijigari?
Es la costumbre japonesa de salir al monte, a un templo o a un parque a contemplar las hojas rojas del otoño, sobre todo las del arce. La palabra se escribe 紅葉狩り: "momiji" son las hojas que enrojecen y "kari" es caza. El diccionario lo recoge como palabra de estación de otoño en la poesía.
¿Por qué se dice "caza" de hojas?
Porque en japonés "kari" (狩り) no solo es cazar animales. El diccionario Nihon Kokugo Daijiten registra también el sentido de "ir al campo a disfrutar de la belleza de las flores", con dos ejemplos: sakuragari, para los cerezos, y momijigari. Es una caza en la que no se coge nada.
¿Cuándo es la temporada de momijigari en Japón?
De finales de septiembre en las montañas de Hokkaido a mediados de diciembre en el sur. En Kioto, la fecha media en que el arce de referencia de la Agencia Meteorológica enrojece del todo es el 5 de diciembre; en Tokio, el 28 de noviembre. Para 2026 se espera un otoño algo tardío en las zonas bajas.
¿Qué diferencia hay entre momiji y kōyō?
Se escriben igual, 紅葉. Kōyō es la lectura de origen chino y designa el fenómeno: las hojas que cambian de color. Momiji es la lectura japonesa y se usa también para el propio arce. Momijigari añade la acción de salir a buscarlas.
¿Cuál es el origen del momijigari?
La aristocracia de la época Heian ya hacía excursiones para ver el otoño y escribir poemas sobre él: el más famoso, de 907, nace de una salida del emperador retirado Uda al río Ōi, en Arashiyama. En el periodo Edo se volvió una salida popular y el teatro la convirtió en historia de demonios.
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