El grito de Edvard Munch (1893): una figura se lleva las manos a las orejas en un puente, bajo un cielo rojo sobre el fiordo de Oslo.
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El grito de Munch no está gritando

Es la imagen más reconocible del mundo después de la Gioconda y casi nada de lo que damos por hecho sobre ella se sostiene: ni el grito es suyo, ni el cielo se lo inventó, ni hay un solo cuadro, ni la pintada a lápiz que tiene encima la hizo un vándalo.

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Está en camisetas, en fundas de móvil, en disfraces de Halloween y en el teclado de tu teléfono. Junto a la Gioconda, es probablemente la imagen más reconocible de la historia de la pintura. Y precisamente por eso casi nadie la ha mirado.

Damos por hecho lo que creemos saber —un hombre gritando, un cielo inventado, un lienzo único— y casi nada de eso resiste una tarde de comprobaciones.

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Pintura de hombres fumando en una taberna, uno con expresión de asombro y boca abierta.
En "The Smokers" (ca. 1636), la expresión de asombro de uno de los personajes recuerda cómo el arte puede evocar emociones intensas.Foto: Adriaen Brouwer / Met Museum

Nadie sabe si está gritando

Empecemos por lo que todo el mundo tiene claro y resulta que nadie tiene claro.

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Mira las manos. No están abiertas en un gesto de espanto: están apretadas contra los lados de la cabeza, a la altura de las orejas. Mucha gente lleva un siglo leyendo ahí a alguien que se tapa los oídos, no a alguien que grita. El museo MUNCH de Oslo, que guarda más versiones del motivo que nadie, se niega a cerrar la cuestión y la plantea tal cual: ¿estamos viendo a alguien que grita, o a alguien que reacciona a un grito?

Lo que sí está documentado es de dónde venía el sonido. Munch escribió el episodio en un poema en prosa, en Niza, en el invierno de 1892, y más tarde pintó a mano una versión abreviada en el marco de uno de los cuadros.

Lo que Munch pintó en el marco

Iba por el camino con dos amigos. Se estaba poniendo el sol. El cielo se volvió rojo sangre y sentí un soplo de melancolía. Me detuve, mortalmente cansado. Sobre el fiordo azul negruzco y la ciudad colgaban sangre y lenguas de fuego. Mis amigos siguieron andando. Yo me quedé atrás, temblando de angustia. Y sentí el gran grito de la naturaleza.

El gran grito de la naturaleza. No el suyo. Sea lo que sea que esté haciendo esa cara, el autor dejó por escrito que el grito venía de fuera.

Los dos amigos también están ahí, por cierto. Son las dos siluetas oscuras que siguen camino al fondo, tan tranquilas. Ellos no lo oyen.

Dibujo monocromático de una figura femenina arrodillada, rodeada de figuras oscuras y amenazantes.
Una figura femenina radiante acosada por espíritus oscuros, de las "Imágenes de España".Foto: Goya (francisco De Goya Y Lucientes) / Met Museum

El cielo, probablemente, era así

Segunda suposición: que ese rojo imposible es una licencia poética. Un estado de ánimo pintado en el aire.

En febrero de 2004, el astrónomo Donald Olson y sus colegas Russell Doescher y Marilynn Olson, de la Universidad Estatal de Texas, publicaron en Sky & Telescope una explicación bastante más prosaica: el Krakatoa. La erupción de agosto de 1883 inyectó tanto material en la atmósfera que durante meses los crepúsculos se volvieron rojos en medio planeta, y hay registros de cielos encendidos sobre Noruega desde noviembre de 1883 hasta febrero del año siguiente. Munch, que cumplía veinte años justo en esas semanas, pudo verlos. El equipo viajó a Oslo, localizó el punto exacto del paseo y comprobó que la vista del cuadro mira al suroeste: exactamente donde aparecían aquellos crepúsculos.

Hay un problema de fechas: entre el Krakatoa y el paseo del poema pasa casi una década. Así que en 2017 tres meteorólogos noruegos —Svein Fikke, Jón Egill Kristjánsson y Øyvind Nordli— publicaron en la revista Weather un artículo titulado "Screaming clouds" con otra candidata, después de fotografiar el fenómeno sobre Oslo en diciembre de 2014: las nubes nacaradas, o de madreperla.

  • Se forman en la estratosfera polar, entre veinte y treinta kilómetros de altura y a unos ochenta grados bajo cero.
  • Son rarísimas, duran poco y solo aparecen en invierno y en latitudes altas. Es decir: son un fenómeno local noruego, no un recuerdo importado.
  • Y tienen algo que el Krakatoa no tiene: una estructura ondulada muy característica, porque se forman en las ondas de sotavento de las montañas. Que es justo lo que hay pintado en el cuadro.

Al año siguiente, un análisis de color publicado en el boletín de la Sociedad Meteorológica Americana por Fred Prata, Alan Robock y Richard Hamblyn les dio la razón. Pero con un matiz que es la mejor frase de todo este asunto. Robock: "No sabemos si Munch pintó exactamente lo que vio. Pudo estar influido por el atardecer del Krakatoa y por las nubes nacaradas, y combinarlos".

Es decir: las dos hipótesis pueden ser la misma. Y en cualquier caso, lo que archivamos como expresionismo —como deformación de lo real— tiene bastantes números de ser, en buena parte, un reportaje meteorológico.

Pintura al óleo de un valle montañoso con múltiples cascadas cayendo por laderas rocosas y verdes.
Gudvangen (1839): un cielo noruego pintado medio siglo antes que el de Munch.Foto: Thomas Fearnley / Met Museum

El sitio tiene dirección postal

Tercera suposición: que esto pasa en ninguna parte. Dentro de la cabeza de alguien.

Pasa en la colina de Ekeberg, al sureste de Oslo, mirando al fiordo. El punto que tradicionalmente se señala está en la carretera de Valhallveien, justo antes de una curva cerrada; es el mirador que Olson y su equipo estudiaron. Unos cientos de metros al oeste, dentro de Ekebergparken —el parque de esculturas que se inauguró en 2013— hay otro mirador sobre la misma vista.

Y se puede subir. Lo primero que piensas al llegar no es angustia. Es lo doméstico que resulta todo: una barandilla, un camino que baja, una ciudad al fondo, gente corriendo con auriculares. El sitio más normal del mundo.

La pintada no la hizo un vándalo

Arriba a la izquierda, dentro del rojo, hay una frase escrita a lápiz con letra diminuta: "Kan kun være malet af en gal Mand!". Solo puede haberlo pintado un loco.

La explicación asumida durante décadas era la obvia: un visitante indignado que se acercó demasiado. Lo daba por hecho hasta el catálogo razonado de Gerd Woll de 2008.

Entonces el Museo Nacional de Noruega, preparando su mudanza al edificio nuevo, fotografió la esquina con infrarrojos para separar el grafito del fondo rojo y comparó la caligrafía con cartas y cuadernos del pintor. Lo hizo público en febrero de 2021: la escribió Munch. La propia Woll aceptó la conclusión.

La conservadora Mai Britt Guleng la fecha alrededor de 1895, dos años después de pintar el cuadro, y señala qué pasó ese año. Munch lo expuso en Noruega por primera vez, en la galería Blomqvist de Kristiania, y las críticas fueron demoledoras. En un debate posterior en la Asociación de Estudiantes, un estudiante de medicina llamado Johan Scharffenberg sostuvo en público que sus cuadros demostraban que no estaba en su sano juicio. No era un tema abstracto para Munch: su padre y su hermana habían sufrido depresión, y él mismo acabaría ingresado tras una crisis en 1908.

Guleng añade una observación que da que pensar: "Ha habido extrañamente poca atención a la inscripción, teniendo en cuenta que este es uno de los cuadros más estudiados y famosos del mundo".

Piénsalo un segundo. No se defendió. Cogió el insulto, lo escribió con su propia mano en el cielo de su cuadro más importante, y lo dejó ahí ciento treinta años.

Y no hay un Grito

La última suposición es la más resistente: que existe el cuadro, único e irrepetible.

Hay cuatro versiones principales. La de 1893 —témpera y creta grasa sobre cartón, 73,5 × 91 cm— está en el Museo Nacional de Oslo: es la de la frase a lápiz. El MUNCH, en Bjørvika, tiene un dibujo a creta de 1893 y la versión pintada de 1910. Y hay un cuarto, un pastel de 1895, en manos privadas desde que Petter Olsen lo vendió en Sotheby’s el 2 de mayo de 2012 por 119.922.500 dólares, récord mundial de subasta en aquel momento: le quitó el puesto a un Picasso de 106,5 millones. Es el del poema pintado en el marco. Por si fuera poco, Munch hizo también una litografía en 1895: una piedra pensada expresamente para imprimir el grito muchas veces.

Dos de ellas han sido robadas. La del museo nacional, el 12 de febrero de 1994, con el país entero mirando la inauguración de los Juegos de Lillehammer: dos hombres apoyaron una escalera en la fachada, rompieron una ventana y se llevaron el cuadro en menos de un minuto, dejando una nota que decía "gracias por la pobre seguridad". El museo se negó a pagar el millón de dólares que pedían y la policía lo recuperó intacto el 7 de mayo. La versión de 1910 se la llevaron el 22 de agosto de 2004, a mediodía y a mano armada, delante de los visitantes, junto con la Madonna. Tardó dos años en volver: aparecieron el 31 de agosto de 2006.

El mito romántico dice que un cuadro así nace de un instante irrepetible. Munch repitió ese instante durante diecisiete años y acabó grabándolo en una piedra para tirarlo en serie. No estaba capturando un momento: estaba fabricando una imagen.

Hasta la cara podría ser prestada. En 1978 el historiador Robert Rosenblum sugirió que esa calavera de ojos hundidos venía de una momia chachapoya que Munch pudo ver en París en 1889; Gauguin usó una figura muy parecida en su gran cuadro tahitiano. Es una hipótesis y conviene decirlo: no consta que Munch mencionara nunca ninguna momia. Pero encaja incómodamente bien con todo lo demás.

§

Lo que hicimos con él

Al final lo convertimos en un emoji. Y el emoji significa "estoy agobiado": individual, interior, mío.

El cuadro apunta a otro sitio. La figura no está produciendo el ruido del mundo: lo está recibiendo, mientras sus dos amigos siguen andando sin enterarse de nada. Munch lo escribió en el marco con todas las letras, y el sujeto de la frase no es él, es la naturaleza.

"No dice: me siento fatal. Dice: el mundo está gritando y no soporto oírlo."
— Sobre lo que el cuadro lleva un siglo intentando decir

Y para comprobarlo hay que subir a una colina de Oslo, darle la espalda a la ciudad, apoyarse en una barandilla y esperar a que se ponga el sol. Es gratis, y está abierto toda la noche.


Vista exterior del moderno edificio del Museo Munch en Oslo, junto a un cuerpo de agua.
El Museo Munch en Oslo, un destino clave para entender la obra del artista.Foto: Gunnar Ridderström / Unsplash

Si vas

  • Museo Nacional de Oslo — la versión pintada de 1893, la de la inscripción a lápiz.
  • MUNCH (Bjørvika) — el dibujo a creta de 1893, la versión de 1910 y las litografías.
  • Ekebergparken — la colina del cuadro. El mirador clásico queda algo más al este, en la carretera de Valhallveien.
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