Lecce: la Florencia del sur
Noticias

Lecce: la Florencia del sur

Descubre este fascinante destino: Lecce, conocida como la Florencia del Sur, seduce a sus visitantes desde el primer instante.

Foto de Mario ArramendiMario Arramendi
Continuar leyendo

En el corazón del Salento, la región que forma el tacón de la bota italiana, Lecce sorprende a quien la visita por primera vez con una densidad de belleza que pocas ciudades de su tamaño pueden igualar. La llaman "la Florencia del Sur", un apodo que puede parecer exagerado hasta que uno se planta ante la fachada de la Basílica de Santa Croce y entiende de golpe por qué.

Capital de la provincia homónima en Puglia, Lecce tiene raíces que se remontan a los antiguos Messapios, el pueblo que habitó esta zona antes de la llegada de Roma. Con el tiempo pasó por manos romanas, bizantinas y normandas, capas de historia que fueron dejando huella en sus calles, pero fue durante el Barroco cuando la ciudad encontró su identidad definitiva, la que todavía hoy la distingue de cualquier otro rincón de Italia.

Únete a 2,500+ viajeros

Un paseo por el centro histórico

Perderse por el centro histórico de Lecce es el mejor plan posible. Sus calles empedradas serpentean entre palacios y balcones tallados, y cada esquina revela una fachada que parece de encaje. El material tiene mucho que ver: la pietra leccese, una arenisca local de tono dorado y textura blanda, permitió a los canteros y artistas del siglo XVII esculpir volutas, flores, grutescos y santos con un detalle casi imposible en piedra más dura. Ese barroco leccese, también llamado barroco salentino, es exuberante y teatral, pero nunca pierde una elegancia propia que lo distingue del barroco romano o napolitano.

Caminar sin rumbo fijo, dejándose sorprender por un patio entreabierto o una iglesia diminuta, es probablemente la forma más honesta de conocer la ciudad.

Monumentos que no hay que perderse

La Basílica de Santa Croce es, sin discusión, el ejemplo más célebre del barroco leccese. Su fachada, trabajada durante décadas por distintos maestros, combina columnas, balaustradas y una decoración vegetal y animal tan densa que resulta difícil abarcarla de un solo vistazo. Conviene volver dos veces: una de día, para apreciar el detalle, y otra al atardecer, cuando la piedra dorada se enciende con la luz baja.

La Piazza del Duomo, cerrada casi como un escenario teatral, reúne la catedral, el campanario y el palacio episcopal en un conjunto armónico que se cuenta entre las plazas barrocas más logradas de Italia. Muy cerca, la Piazza Sant'Oronzo concentra buena parte de la memoria histórica de Lecce: allí se levanta la columna de Sant'Oronzo, que según la tradición local señalaba el punto final de la Via Appia, la gran calzada que unía Roma con el Adriático.

En esa misma plaza, y en pleno centro urbano, se asoma el Anfiteatro Romano. Data del siglo II d.C. y quedó oculto bajo la ciudad durante siglos hasta que las excavaciones del siglo XX sacaron a la luz una parte de su estructura, hoy visible a pie de calle, un recordatorio de que bajo el barroco de Lecce sigue latiendo su pasado romano.

Vida y tradiciones locales

Más allá de los monumentos, Lecce se vive en sus plazas y mercados. Por la mañana, los puestos de fruta y verdura instalados junto a las murallas antiguas marcan el ritmo del día a día, mientras que al atardecer las terrazas se llenan para la pasillata, el paseo vespertino que reúne a leccesi de todas las edades. La ciudad conserva también tradiciones artesanas ligadas a la piedra local: todavía es posible ver talleres donde se trabaja la pietra leccese con las mismas técnicas de siglos atrás, dando forma a pequeñas esculturas y recuerdos que continúan la tradición barroca a escala doméstica.

Una gastronomía con sello propio

La cocina salentina es generosa y de raíz campesina, pensada para aprovechar lo que da la tierra y el mar cercano. El aceite de oliva, producido en los olivares centenarios que rodean la ciudad, es la base de casi todo. Entre los platos imprescindibles están las orecchiette con cime di rapa, la pasta con grelos típica de Puglia, y la pucia, un pan relleno que se ha convertido en símbolo del picoteo local. El pescado fresco de la costa adriática y jónica, a apenas media hora en coche, completa una mesa que rara vez decepciona.

No hay comida en Lecce que termine sin un café con hielo y almendra, el llamado caffè leccese, una costumbre local que resulta perfecta para combatir el calor del verano salentino.

Explorando los alrededores

Lecce es también una base excelente para explorar el Salento. La campiña que rodea la ciudad está tapizada de olivares centenarios, algunos con troncos retorcidos que parecen esculturas naturales, y salpicada de masserie, antiguas fincas agrícolas fortificadas hoy convertidas en alojamientos rurales. A poca distancia se llega tanto a la costa adriática como a la jónica, con calas de aguas cristalinas que compiten con cualquier destino mediterráneo más conocido.

Pueblos cercanos como Otranto, con su casco amurallado frente al mar, u Ostuni, la llamada ciudad blanca, completan un itinerario por el Salento que tiene en Lecce su punto de partida natural y su corazón barroco.

¿Te gustó este artículo?

Recibe cada domingo inspiración viajera y lugares únicos directamente en tu bandeja de entrada

Únete a 2,500+ viajeros

Sin spam, cancela cuando quieras. Respetamos tu privacidad.

Gratis siempre
Cero spam
Cancela cuando quieras

Te puede interesar