¿Cuántas generaciones más podrán cruzar este hielo? El conocimiento ancestral sobrevive; el paisaje que lo creó, desaparece.
1Tierra

Los Inuit y el Horizonte de Hielo

Leer el hielo que desaparece

Elisa Suárez15 min lectura

Inuksuk observa el horizonte. Blanco sobre blanco sobre blanco, hasta donde alcanza la vista. Para ojos no entrenados, sería un vacío. Para él, es un texto.

Tiene 25 años. Es joven para liderar un cruce, pero su abuelo murió el invierno pasado, y alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que leer el hielo.

El problema es que el hielo ya no dice lo que decía antes.

• • •

A 10,000 kilómetros de aquí, bajo un dosel de hojas donde nunca llega el sol, otros humanos también negocian cada día con un paisaje que tiene voluntad propia. Los Baka escuchan al bosque. Inuksuk escucha al hielo. Son idiomas diferentes, pero la gramática es la misma: humildad, paciencia, atención.

Y en ambos lugares, el paisaje está cambiando más rápido de lo que el conocimiento ancestral puede seguir.

• • •

¿Quiénes son los Inuit?

Los Inuit son los pueblos indígenas del Ártico, desde Alaska hasta Groenlandia. Durante miles de años, desarrollaron una de las adaptaciones más extremas de la historia humana: vivir, prosperar, crear cultura en un lugar donde el termómetro puede bajar a menos cincuenta grados.

Su cuerpo evolucionó—metabolismo acelerado, distribución de grasa optimizada, capacidad pulmonar expandida. Su cultura evolucionó—iglús que retienen el calor, kayaks que desafían el hielo, ropa de foca que mantiene vivo en ventiscas mortales.

Pero más importante que todo esto: su conocimiento evolucionó. Los Inuit tienen más de treinta palabras para diferentes tipos de nieve y hielo. No es curiosidad lingüística. Es supervivencia. Saber si el hielo bajo tus pies es sikuliaq (hielo nuevo, peligroso) o pukak (cristales profundos, seguros) puede ser la diferencia entre llegar a casa o desaparecer en el agua negra.

• • •

La preparación

Los ancianos miran a Inuksuk con una mezcla de esperanza y preocupación. Él es el futuro. Pero el futuro no es lo que era.

—Este hielo no es el que yo conocía —dice uno de ellos, un hombre de setenta años que ha cruzado este paso docenas de veces—. Se mueve diferente. Suena diferente.

Inuksuk asiente. Lo sabe. Lo siente. El hielo de su infancia era predecible. Este hielo es extraño.

Revisa el trineo, los perros, las provisiones. Todo en orden. Pero hay algo que no puede revisar: su propia confianza. ¿Sabe lo suficiente? ¿Puede leer un hielo que sus ancestros nunca vieron?

Recuerda a su abuelo, muerto hace apenas meses. Las horas que pasaron juntos en el hielo, el viejo señalando grietas invisibles, enseñándole a escuchar los crujidos que anuncian peligro.

Pero su abuelo aprendió de un hielo diferente. Un hielo que ya no existe.

• • •

El cruce

Avanzan desde el amanecer. La luz ártica es horizontal, rasante, convirtiendo cada irregularidad del hielo en una sombra dramática. Es la mejor luz para leer el terreno.

Inuksuk va primero. Los demás confían en él. Tiene que confiar en sí mismo.

El primer kilómetro es fácil. Hielo viejo, sólido, conocido. Pero pronto el color cambia. El blanco se vuelve gris, luego casi azul. Hielo más nuevo. Más delgado.

Ralentiza el paso. Distribuye el peso. Escucha.

El silencio del Ártico no es silencio. Es un tejido de sonidos mínimos: el viento que roza la superficie, el hielo que se expande y contrae con la temperatura, el jadeo de los perros, el latido de su propio corazón.

Y entonces, otro sonido.

Un crujido.

Bajo sus pies.

• • •

Inuksuk se detiene. No respira. El crujido reverbera, se propaga como una onda bajo la superficie. Silencio de nuevo.

Los demás, a veinte metros detrás, también se han detenido. Lo miran. Esperan.

¿Avanzar? El crujido podría ser solo el hielo ajustándose. Pasa constantemente.

¿Retroceder? Podría ser una advertencia real. El agua negra esperando.

¿Esperar? El frío no perdona a quien se queda quieto demasiado tiempo.

El hielo ha hablado. Pero ¿qué ha dicho?

Inuksuk piensa en su abuelo. ¿Qué haría él? Pero su abuelo nunca enfrentó este hielo. Esta pregunta no tiene respuesta ancestral.

Tiene que decidir solo.

• • •

Vivir sobre lo que desaparece

El cambio climático no es abstracción aquí. Es el hielo que se forma más tarde cada otoño. Son las rutas de caza que ya no funcionan. Son los osos polares que aparecen donde nunca estuvieron, hambrientos y peligrosos, porque su territorio se derrite.

Los Inuit están en la primera línea de un desastre que no causaron. Emiten menos carbono per cápita que casi cualquier población del planeta. Y sin embargo, son los primeros en pagar las consecuencias.

Hay una injusticia cósmica en esto. Pero no tienen tiempo para la indignación. Tienen que sobrevivir. Tienen que adaptar el conocimiento de mil años a condiciones que cambian cada década.

Y algunos días, tienen que cruzar hielo que no entienden.

• • •

Inuksuk toma una decisión. Da un paso. Luego otro.

El hielo aguanta.

Siguen adelante, más lentos que antes, probando cada metro. El crujido no se repite. Quizás fue advertencia. Quizás fue permiso. Quizás fue solo el hielo siendo hielo.

Llegan al otro lado antes del anochecer. Nadie celebra. Nadie lamenta. Es lo que es.

Inuksuk mira atrás, hacia el paso que acaban de cruzar. Mañana el hielo será diferente. La semana que viene, más diferente aún. Y él tendrá que seguir aprendiendo, seguir adaptando, seguir leyendo un texto que se reescribe constantemente.

A diferencia de Bokumba, que ha cazado 47 años en una selva que conoce como su cuerpo, Inuksuk apenas empieza. Y el paisaje que debe aprender no deja de cambiar.

El paisaje decidió.

¿Cuántos cruces más podrá hacer antes de que el hielo desaparezca? No lo sabe. Nadie lo sabe.

¿Quién sobrevive a quién: el humano al paisaje, o el paisaje al humano?

Galería Fotográfica

Anciano Inuit con ropa tradicional de piel
Anciano Inuit en Siberia oriental con abrigo tradicional de piel de reno. Las pieles se cosen con técnicas transmitidas durante generaciones.
Trineo tirado por renos en Siberia
Trineo de renos en la tundra siberiana. Los nenets y otros pueblos árticos dependen de estos animales para transporte, alimento y vestimenta.
Niños nenets frente a su chum
Niños nenets frente a su chum (tienda cónica) en la península de Yamal, Rusia. Aprenden desde pequeños a vivir en temperaturas de -50°C.
Trineo tradicional en asentamiento ártico
Trineo tradicional en Iqaluit, Nunavut, Canadá. Al fondo, la estación de radar y los edificios modernos contrastan con el transporte ancestral.
El paisaje ártico Inuit
¿Cuántas generaciones más podrán cruzar este hielo? El conocimiento ancestral sobrevive; el paisaje que lo creó, desaparece.