Bilbao, la reinvención de una ciudad industrial en un paraíso de arte y gastronomía
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Bilbao, la reinvención de una ciudad industrial en un paraíso de arte y gastronomía

Bilbao transforma su pasado industrial en un destino de arte con Guggenheim, Euskalduna y Alhóndiga, junto al Casco Viejo y Catedral de Santiago. Degusta estrellas Michelin en Azurmendi y Nerua, pintxos vascos y senderismo en Urkiola y Gorbea.

Foto de Susana GilSusana Gil
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Bilbao, la capital vizcaína, es una ciudad que ha sabido reinventarse a sí misma. De villa industrial forjada en torno a la ría y sus astilleros, ha pasado a convertirse en uno de los destinos culturales y gastronómicos más interesantes del norte de España, sin renunciar por el camino a su carácter ni a su identidad vasca.

Arquitectura y patrimonio

El símbolo de esa transformación es el Museo Guggenheim Bilbao, diseñado por Frank Gehry e inaugurado en 1997. Su fachada de titanio, que cambia de tono según la luz del día, convirtió a Bilbao en referencia mundial de arquitectura contemporánea y dio nombre a lo que se conoce como el "efecto Guggenheim": la capacidad de un edificio icónico para revitalizar toda una ciudad. Pero reducir Bilbao al museo sería injusto con su rica herencia cultural, que se extiende mucho más allá de sus muros y se respira sobre todo en el Casco Viejo, el corazón medieval de la ciudad.

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Allí se encuentran joyas como la Catedral de Santiago, de origen gótico y patrona de los mareantes, y la animada Plaza Nueva, un espacio porticado del siglo XIX que hoy concentra buena parte de la vida social bilbaína, entre bares de pintxos y mercadillos de fin de semana. Más allá del centro histórico, el Palacio Euskalduna —obra de los arquitectos Federico Soriano y Dolores Palacios— se alza sobre los antiguos astilleros Euskalduna como auditorio y centro de congresos, un guiño arquitectónico al pasado industrial de la ciudad que homenajea directamente a los barcos que antaño se construían en ese mismo lugar.

Otro ejemplo notable de esta reconversión es el Azkuna Zentroa, la antigua Alhóndiga, un almacén de vinos de principios del siglo XX rehabilitado por el diseñador Philippe Starck y reabierto en 2010 como centro cultural. En su interior conviven una biblioteca, salas de exposiciones, cines, gimnasio y una peculiar plaza cubierta sostenida por 43 columnas, cada una con un diseño distinto.

Cultura y gastronomía

La escena gastronómica de Bilbao es, para muchos viajeros, tan atractiva como su patrimonio arquitectónico. El Casco Viejo, y en particular la zona conocida como las Siete Calles, concentra decenas de bares donde la tradición del pintxo se vive como un ritual: pequeñas creaciones culinarias que se degustan de pie, bar en bar, acompañadas de un vino o una sidra, en un recorrido que los locales llaman "poteo". No es raro encontrar barras repletas de pintxos fríos y calientes, desde la clásica gilda hasta elaboraciones de autor con guiños a la alta cocina vasca.

Esa tradición pintxera convive con una oferta gastronómica de largo recorrido, heredera de la cocina vasca clásica —bacalao, txuletas, pescados de la costa cantábrica— y renovada por una generación de cocineros que han sabido combinar producto de proximidad con técnicas contemporáneas, en un territorio que cuenta con algunos de los restaurantes más reconocidos de España.

Naturaleza cercana

A apenas media hora en coche del centro urbano se extiende el Parque Natural de Urkiola, un espacio de relieve kárstico y bosques de hayas muy popular entre senderistas, con la ermita de San Antonio como uno de sus rincones más fotografiados. Un poco más lejos, el macizo de Gorbea —declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO— ofrece rutas de montaña de distinta dificultad y algunos de los paisajes más espectaculares del País Vasco, con su cima como punto de referencia visible desde buena parte del territorio vizcaíno y alavés.

Esta cercanía a espacios naturales protegidos es uno de los grandes atractivos de Bilbao como base de viaje: permite combinar en un mismo fin de semana una mañana de museos y arquitectura con una tarde de senderismo en plena naturaleza, algo poco habitual en ciudades de tamaño similar.

Consejo práctico

El centro de Bilbao se recorre bien a pie, pero para llegar a Urkiola o Gorbea conviene alquilar coche, ya que el transporte público es limitado. La primavera y el otoño son las mejores épocas para visitar la ciudad: temperaturas suaves, menos lluvia que en invierno y sin la afluencia turística del verano.

Historia y cómo llegar

Bilbao es también una ciudad con una historia rica en personajes ilustres, desde figuras de las letras hasta protagonistas de la industria naviera y siderúrgica que definieron su carácter durante buena parte de los siglos XIX y XX. Esa memoria industrial, hoy convertida en patrimonio y en motor turístico, es la que explica por qué la ciudad ha logrado un proceso de regeneración urbana estudiado como modelo en todo el mundo, con la ría como eje central de esa transformación.

Llegar a Bilbao es sencillo gracias al Aeropuerto de Bilbao, situado en Loiu, a unos doce kilómetros del centro y conectado con las principales ciudades españolas y numerosos destinos europeos. Desde el aeropuerto, un autobús lanzadera conecta directamente con el centro urbano en poco más de veinte minutos.

Entre museos de referencia mundial, una tradición gastronómica que se vive bar a bar y montañas a un paso del centro, Bilbao demuestra que una ciudad industrial puede reinventarse sin perder su esencia, convirtiendo su pasado en el cimiento de su presente.

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