Descubre Timanfaya, el corazón volcánico de Lanzarote
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Descubre Timanfaya, el corazón volcánico de Lanzarote

Imagina un paisaje lunar, un mar de lava petrificada que se extiende hasta donde alcanza la vista. situado en la isla de Lanzarote, en las Islas Canarias.

Foto de Jorge SánchezJorge Sánchez
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La génesis volcánica del parque

Entre 1730 y 1736, durante seis años ininterrumpidos, una serie de erupciones transformó para siempre el paisaje de Lanzarote. Las coladas de lava sepultaron una decena de pueblos, arrasaron los mejores terrenos agrícolas de la isla y dejaron tras de sí un mar de piedra negra que hoy se extiende sobre más de 50 kilómetros cuadrados. Aquel episodio, uno de los más largos y documentados de la historia volcánica de Canarias, dio forma al territorio que en 1974 sería declarado Parque Nacional de Timanfaya, el corazón geológico de la isla y una de las postales más reconocibles del archipiélago.

Lo primero que sorprende al llegar es el silencio y la ausencia casi total de vegetación: campos de lapilli, montañas de tonos ocres, rojizos y negros, y una sensación de estar pisando un planeta distinto. No es casualidad que se haya utilizado este entorno para ensayar tecnología destinada a misiones planetarias. El propio nombre popular del parque, "Montañas del Fuego", resume bien lo que el visitante encuentra: un paisaje todavía vivo bajo la superficie.

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El punto donde mejor se percibe esa actividad latente es el Islote de Hilario, sede del centro de visitantes y escenario de las célebres demostraciones geotérmicas. Allí, los guías del parque introducen agua en un tubo enterrado apenas a un par de metros de profundidad y, segundos después, brota una columna de vapor a presión. En otros puntos, basta acercar ramas secas a una oquedad en el suelo para que ardan por el calor que emana de la tierra. No es un efecto teatral: a pocos metros de profundidad, la temperatura del subsuelo puede superar los 400 grados centígrados, un recordatorio de que el volcán no se apagó, simplemente se durmió.

Paisaje volcánico del Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote
Paisaje volcánico del Parque Nacional de Timanfaya en Lanzarote

Recorrer la Ruta de los Volcanes

A diferencia de otros parques nacionales, en Timanfaya no se puede caminar libremente por el terreno volcánico: la fragilidad del ecosistema y la escasa erosión de la lava, que apenas ha empezado a resquebrajarse en tres siglos, obligan a protegerlo de forma estricta. La manera oficial de conocer su interior es la Ruta de los Volcanes, un recorrido en autobús de unos 14 kilómetros que serpentea entre cráteres, malpaíses y coladas petrificadas, con paradas y miradores habilitados a lo largo del trayecto.

El recorrido pasa junto a la Montaña Rajada, uno de los cráteres más fotografiados del parque, con su boca partida en dos que deja ver capas de material piroclástico de distintos colores. Durante el trayecto se distinguen también hornitos, tubos volcánicos y campos de lava en forma de cuerda o de bloques, testimonio de que no todas las erupciones se comportaron igual: unas fluyeron con calma y otras explotaron con violencia, y el paisaje conserva la huella de ambas.

Para quienes buscan una experiencia más cercana al terreno, existe la opción de un breve tramo a pie, guiado y con plazas limitadas, que permite pisar parte del malpaís bajo supervisión de un técnico del parque. Es la única forma legal de caminar sobre la lava de Timanfaya, y conviene reservarla con antelación porque las plazas se agotan con facilidad, especialmente en temporada alta.

Campos de lava petrificada en Timanfaya
Campos de lava petrificada en Timanfaya

El legado de César Manrique en Lanzarote

Es imposible hablar de Timanfaya sin mencionar a César Manrique, el artista y arquitecto lanzaroteño que dedicó buena parte de su obra a demostrar que el arte y la naturaleza volcánica podían convivir en armonía. Suyo es el diseño del "Diablo de Timanfaya", la silueta roja con tridente que se ha convertido en el símbolo oficial del parque y que recibe a los visitantes en su entrada, además del propio restaurante El Diablo, construido sobre el Islote de Hilario, donde la parrilla se calienta con el calor natural del volcán en lugar de carbón o gas.

La huella de Manrique se extiende por toda la isla y merece continuar el viaje más allá del parque. En el extremo norte, el Mirador del Río se asoma sobre un acantilado de casi 500 metros con vistas al archipiélago Chinijo, integrando la construcción en la propia roca hasta hacerla casi invisible desde el exterior. Cerca de allí, los Jameos del Agua transformaron un tubo volcánico en un espacio cultural con lago subterráneo, mientras que la Cueva de los Verdes, parte del mismo sistema volcánico, ofrece un recorrido por galerías formadas hace miles de años. La Casa-Museo LagOmar, en Nazaret, completa este itinerario con una vivienda excavada en un antiguo lagar volcánico que perteneció brevemente al actor Omar Sharif.

Este conjunto de intervenciones, conocidas como los "Centros de Arte, Cultura y Turismo" de Lanzarote, refleja una filosofía que Manrique defendió toda su vida: construir con y no contra el paisaje. Timanfaya, con su vacío sobrecogedor, fue probablemente la mayor fuente de inspiración para esa manera de entender la isla.

Montaña Rajada, uno de los cráteres del parque
Montaña Rajada, uno de los cráteres del parque

Biodiversidad y gastronomía local

Pese a la aparente esterilidad del terreno, Timanfaya alberga una biodiversidad singular, adaptada a condiciones extremas de calor, sequía y suelo volcánico. La aulaga es una de las especies pioneras que logra colonizar las coladas más antiguas, abriendo paso poco a poco a otra vegetación. En algunas zonas del parque y sus alrededores aparece también el jable, un sustrato de arena blanca de origen marino arrastrada por el viento, que contrasta con el negro del malpaís y sostiene una vegetación diferente, más ligada al litoral. La fauna, escasa pero presente, incluye lagartos, insectos endémicos y aves rapaces que sobrevuelan los cráteres en busca de presas.

El volcán también ha modelado la mesa lanzaroteña. La agricultura de la isla se practica en buena medida sobre el propio picón, la ceniza volcánica que retiene la humedad nocturna y permite cultivar viñedo en hoyos protegidos por muretes de piedra, la técnica característica de La Geria. De ahí salen los vinos de malvasía volcánica que acompañan platos como las papas arrugadas con mojo, el gofio o el pescado fresco de las costas cercanas. Comer en Lanzarote, muy cerca de Timanfaya, es también una manera de entender cómo sus habitantes convirtieron una catástrofe en fuente de vida.

Obra de César Manrique integrada en el paisaje volcánico de Lanzarote
Obra de César Manrique integrada en el paisaje volcánico de Lanzarote

Más allá del parque, Lanzarote guarda otros tesoros que completan la ruta volcánica: la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua ya mencionados, el Charco de los Clicos con su laguna verde junto a El Golfo, y las salinas de Janubio, otro paisaje moldeado por la actividad geológica de la isla. Todo el conjunto forma un relato coherente sobre cómo el fuego, con el tiempo, terminó dando forma a uno de los destinos más singulares de Canarias.

Información práctica

El acceso a Timanfaya es limitado y se recomienda reservar la entrada y la Ruta de los Volcanes con antelación, especialmente en temporada alta, ya que el aforo diario está restringido. No está permitido caminar libremente por el parque; solo se puede recorrer en el autobús oficial o, con plazas muy limitadas, en la ruta guiada a pie con reserva previa. El horario habitual de visita es de mañana a media tarde, y conviene comprobar los horarios actualizados antes de ir, ya que pueden variar por temporada o condiciones meteorológicas.

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