Recorrido por los 8 pueblos moriscos de la Vall de Gallinera, uno de los secretos mejor guardados de la Marina Alta. Carreteras estrechas entre cerezos, almendros y arquitectura tradicional que parece detenida en el tiempo.
Puntos destacados
- 1Los 8 pueblos moriscos de la Vall de Gallinera con arquitectura tradicional intacta
- 2Floración de cerezos en marzo-abril: espectáculo natural único
- 3CV-712: carretera estrecha y serpenteante con poco tráfico
- 4Benissili: pueblo principal con bares para tapear productos locales
- 5Opción de extender por Vall d'Ebo para más curvas
- 6Cocentaina: ciudad histórica con castillo y casco antiguo
- 7Paisajes de montaña mediterránea con almendros, olivos y pinos
Sobre esta ruta
La Vall de Gallinera es uno de los rincones más auténticos y al mismo tiempo más desconocidos de toda la provincia de Alicante. Es un valle fluvial estrecho y largo (apenas 15 km de longitud) encajado entre las sierras del Carrascal de Alfaro y la Foradà, con una sucesión de ocho pequeños pueblos —Benirrama, Benialí, Benissivà, Benitaia, La Carroja, Alpatró, Llombai y Benissili— todos de origen morisco y todos perfectamente conservados. Estos pueblos comparten un nombre que delata su pasado: el prefijo "beni" (en árabe "hijos de") indica que cada uno fue originalmente una alquería andalusí asociada a un linaje familiar concreto. Es uno de los pocos lugares de España donde la huella árabe en la toponimia y en el urbanismo es tan visible y tan completa.
La historia trágica de la Vall de Gallinera es una de las más documentadas de toda la expulsión morisca de 1609. Cuando Felipe III ordenó la expulsión definitiva de la población morisca del Reino de Valencia, los habitantes de la Vall de Gallinera se resistieron militarmente refugiándose en una fortaleza en lo alto del Penyó de Bèrnia, donde aguantaron durante semanas hasta ser finalmente derrotados por las tropas del Marqués de Caracena. Más de 5.000 moriscos fueron embarcados en el puerto de Dénia hacia Argelia, dejando los pueblos completamente vacíos. La repoblación posterior con familias mallorquinas (los nuevos vecinos cristianos vinieron casi todos de Mallorca, traídos por el Duque de Gandia que era señor del valle) trajo el dialecto, las costumbres y la arquitectura mallorquina, que aún hoy son rastreables en la cultura local del valle.
Lo más espectacular y específico de la Vall de Gallinera es su famosa floración de cerezos, considerada una de las tres mejores de toda España (junto con el Valle del Jerte cacereño y el Bierzo leonés). Los cerezos del valle —más de 100.000 árboles cultivados todavía en bancales tradicionales heredados de la época morisca— florecen entre la última semana de febrero y la primera de abril, dependiendo de la altitud y la temperatura, creando un paisaje literalmente blanco que cubre toda la longitud del valle. En esas semanas, la gente del entorno acude masivamente a la Vall de Gallinera, y los pueblos celebran "Días de la Cereza en Flor" con visitas guiadas, mercadillos y degustaciones de productos locales.
La Foradà, una formación geológica natural en lo alto de la sierra del mismo nombre que cierra el valle por el oeste, merece un párrafo aparte. Es un arco natural de roca caliza que ha sido excavado durante millones de años por el agua y el viento, formando una "ventana" perfectamente circular de unos 6 metros de diámetro a 800 metros de altitud. Cada año, hacia el 12 de octubre, ocurre un fenómeno natural muy peculiar: el sol del atardecer, en el momento exacto del equinoccio de otoño, atraviesa la Foradà perfectamente alineado, iluminando durante unos minutos un punto exacto del fondo del valle. Este alineamiento solar es objeto de leyendas locales y atrae cada año a fotógrafos de toda España.
Práctica motera: la Vall de Gallinera tiene una sola carretera (la CV-700) que recorre todo el valle de norte a sur, y es estrecha pero perfectamente asfaltada, con curvas continuas pero suaves. La temporada óptima es la floración de cerezos (febrero-marzo) y el otoño (cuando los frutales se vuelven rojos). En verano hace mucho calor. Repostar en Pego antes de subir: dentro del valle no hay gasolineras. Para comer, en Alpatró el Restaurant Llinares sirve cocina tradicional valenciana con productos del valle (cerezas en mil preparaciones, incluido un licor casero excepcional). Y un consejo: si vas en plena floración, sal en moto al amanecer. La luz dorada sobre los cerezos blancos es absolutamente irreal.
Información práctica
Clima
Primavera (marzo-mayo) ideal para ver los cerezos en flor. Otoño excelente con colores cálidos. Verano caluroso pero soportable en el interior. Invierno puede haber heladas en zonas de sombra.
Tráfico
Tráfico muy escaso en la Vall de Gallinera. Fines de semana de primavera puede haber más visitantes por la floración de cerezos. Carreteras estrechas: precaución con vehículos en sentido contrario.
Repostaje
Repostar en Denia o Pego antes de entrar en la Vall de Gallinera. No hay gasolineras en el valle. Siguiente punto de repostaje en Muro d'Alcoi o Cocentaina. Distancia máxima sin gasolinera: ~50km.
