Subida al Pico Veleta por la carretera asfaltada más alta de Europa y descenso a las Alpujarras granadinas, los pueblos blancos donde el tiempo se detuvo.
Puntos destacados
- 1Carretera más alta de Europa hasta el Veleta
- 2Pueblos blancos de las Alpujarras
- 3Vistas al mar de Alborán desde la sierra
- 4A-348 técnica por la cara sur
Sobre esta ruta
Sierra Nevada es el techo de la península Ibérica al sur de los Pirineos, y la carretera que sube al Pico Veleta ostenta un récord curioso: durante décadas fue oficialmente la carretera asfaltada más alta de Europa. Hoy ya no llega hasta los 3.398 m de la cumbre por motivos ambientales, pero sigue trepando hasta los 2.500 m, una altitud que en cualquier otra cordillera europea sería impensable encontrarla en agosto sin nieve. Esa altitud, además, está a hora y media en moto del Mediterráneo: pocas rutas en el mundo permiten desayunar en una playa subtropical y comer al mediodía rodeado de neveros.
La subida desde Granada por la A-395 es engañosamente civilizada al principio, con curvas amplias y asfalto de autovía. A partir de Pradollano la cosa cambia: el aire se enfría, los pinares ceden paso al matorral alpino y la carretera se afina. Hay tramos donde se ven claramente los estratos micaesquistos que dieron origen a la sierra, una de las cordilleras geológicamente más jóvenes y vigorosas de la península, todavía en proceso de levantamiento. Conviene parar en alguno de los miradores: en días claros se ve el Mediterráneo brillando al sur y el norte de África al fondo, una postal que justifica el viaje por sí sola.
La cara sur, ya en las Alpujarras, es un mundo aparte. Cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada en 1492, los moriscos derrotados se refugiaron en estos barrancos casi inaccesibles y aquí mantuvieron viva durante un siglo más una cultura andalusí en miniatura. Los pueblos blancos que el motero atraviesa —Pampaneira, Bubión, Capileira— conservan la arquitectura bereber de tejados planos de launa, callejones de tinaos cubiertos y casas encadenadas en niveles, exactamente como los pueblos del Atlas marroquí. El parecido no es casual: muchos de los repobladores cristianos que llegaron tras la expulsión final de 1571 venían de Galicia y León, pero las casas las heredaron tal cual y nunca se molestaron en cambiarlas.
En cuanto a pilotaje, la subida al Veleta es de las pocas rutas españolas donde el factor altitud importa de verdad. A partir de los 2.000 m, motos atmosféricas pueden notar pérdida de potencia perceptible (un buen 10-15% menos arriba), las curvas se cierran y los radios se estrechan. Las Alpujarras, en cambio, son técnicas pero accesibles: la A-4025 enlaza Lanjarón con Trevélez con un trazado de curvas continuas durante más de 60 km, tantas que algunos moteros recomiendan rodarla solo en un sentido, parar a comer jamón —Trevélez es uno de los referentes del jamón curado de altura de España— y volver al día siguiente.
Un consejo práctico que cuesta encontrar en las guías: en julio y agosto, la subida al Veleta se cierra al tráfico privado por encima del Hoya de la Mora, salvo en franjas muy concretas; conviene consultar la web de la Junta de Andalucía antes de subir. Y en las Alpujarras, evitar los fines de semana grandes de verano en Pampaneira: el pueblo es precioso pero se masifica brutalmente. Los miércoles fuera de temporada son perfectos: tienes los miradores para ti solo y el café del Bar Casa Diego a tres euros.
Información práctica
Clima
Solo verano para la zona alta (junio-octubre). Las Alpujarras son rodables casi todo el año.
Tráfico
Tráfico bajo entre semana. Más turismo en agosto.
Repostaje
Repostar en Granada o Lanjarón. Gasolinera en Órgiva.
