La Costa Verde asturiana con dos joyas: Cudillero, pueblo pesquero en anfiteatro, y Luarca, "la Villa Blanca". Continuación por los Oscos, pueblos perdidos en el interior.
Puntos destacados
- 1Cudillero: pueblo en anfiteatro
- 2Luarca: la Villa Blanca de la Costa Verde
- 3Comarca de los Oscos
- 4Acantilados del Cabo Vidio
Sobre esta ruta
La Costa Verde asturiana entre Avilés y Luarca es uno de los tramos costeros menos explotados turísticamente y geológicamente más interesantes del Cantábrico. La razón es la naturaleza de los acantilados: a diferencia de la costa cántabra (mayoritariamente caliza) o de la gallega (granítica), aquí dominan las pizarras paleozoicas, materiales blandos que el mar ha esculpido en formas caprichosas, con calas escondidas, arcos naturales, faros plantados en peñascos imposibles y pequeños puertos pesqueros encajados entre paredes verticales. Es la costa de Asturias más auténtica, donde el turismo masivo nunca ha llegado y donde aún se vive del mar.
Cudillero es probablemente la postal asturiana por antonomasia. El pueblo está literalmente encajado en un anfiteatro natural en forma de embudo, con casas blancas y de colores apiñadas en niveles imposibles que descienden hasta el minúsculo puerto pesquero. Su urbanismo es un caso de estudio: todas las casas miran hacia el mar, todas las calles bajan al puerto, y la única plaza del pueblo —La Marina— es básicamente un escalón colgante donde caben cuatro mesas de bar. Su origen es vikingo según algunas teorías —los pixuetos, gentilicio de Cudillero, tienen rasgos físicos y un dialecto distinto del resto de Asturias— y de hecho hasta hace pocas generaciones aquí se hablaba un idioma propio, el "pixueto", del que aún quedan palabras.
Luarca, "la Villa Blanca de la Costa Verde", es la otra joya. Más grande y burguesa que Cudillero, fue durante el siglo XIX uno de los puertos balleneros más importantes del Cantábrico, y su prosperidad de aquella época dejó un casco histórico de palacetes indianos —construidos por emigrantes que volvieron ricos de Cuba y Argentina— de una calidad arquitectónica excepcional. El cementerio de Luarca, colgado sobre un acantilado al borde del Cantábrico, es famoso porque ahí está enterrado Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina de 1959, en una tumba sencilla con vistas al océano. Es uno de los cementerios más espectaculares y meditativos de toda España.
La continuación lógica de la ruta no es seguir por la costa, sino subir al interior por la comarca de los Oscos. Esta es una zona casi mítica de Asturias: un grupo de tres concejos perdidos en las montañas occidentales (Santa Eulalia, San Martín y Villanueva de Oscos) que durante siglos vivieron en un aislamiento casi total y desarrollaron una identidad cultural propia, con su propio idioma (el gallego-asturiano o "fala"), su propia gastronomía y su propia arquitectura de "teitos" (cabañas de pastor con tejados de paja). Hoy es una de las zonas con menor densidad de población de Europa Occidental, con menos de 4 habitantes por km², y rodar por sus carreteras secundarias es una experiencia de soledad casi mística.
Para el motero, lo mejor de esta ruta es su variedad: en una sola jornada se atraviesan acantilados costeros, pueblos pesqueros, valles fluviales y montañas interiores. Las carreteras costeras (N-632 y N-634) son cómodas pero el verdadero placer está en las desviaciones: ir hasta el Cabo Vidio entre Cudillero y Luarca, subir al Mirador del Fito (una de las panorámicas más famosas de Asturias), o adentrarse por las comarcales de los Oscos. Repostar en Avilés al inicio y en Vegadeo a la mitad. Para comer, Casa Marcial en La Salgar (cerca de Arriondas, un poco al este de la ruta) es uno de los mejores restaurantes del norte de España con tres estrellas Michelin; pero también el Mesón del Mar en Cudillero sirve un percebe y un calderete de marisco que justifican una parada larga.
Información práctica
Clima
Lluvia probable todo el año. Verano más estable.
Tráfico
Tráfico moderado. Más turismo en agosto.
Repostaje
Gasolineras en Cudillero, Luarca y Vegadeo.
