La Costa Quebrada cántabra al oeste de Santander es uno de los paisajes geológicos más singulares del Cantábrico. Liencres, Suances y Comillas combinan arena, acantilados y arquitectura.
Puntos destacados
- 1Dunas de Liencres
- 2Santillana del Mar
- 3Capricho de Gaudí en Comillas
- 4San Vicente de la Barquera con los Picos al fondo
Sobre esta ruta
La Costa Quebrada cántabra, al oeste de Santander, es uno de los conjuntos geológicos más interesantes del litoral atlántico europeo y, paradójicamente, uno de los menos conocidos. Su nombre descriptivo no es marketing turístico: el litoral aquí está literalmente "quebrado" por la erosión diferencial de capas rocosas de distinta dureza, formando islotes, arcos naturales, urros (peñascos aislados) y los famosos "Castros" o pináculos que emergen del mar como dedos pétreos. Geólogos de toda Europa vienen a estudiar esta costa porque ofrece, en pocos kilómetros, una sección casi completa de toda la historia geológica del Mesozoico cantábrico.
Las Dunas de Liencres son una de las grandes sorpresas de la costa cantábrica. Son el sistema dunar más grande del norte peninsular —más de 200 hectáreas— y se formaron por una combinación curiosa: el río Pas, al desembocar aquí, deposita sedimentos arenosos que el viento atlántico empuja tierra adentro creando un paisaje desértico en miniatura completamente inesperado en pleno verde Cantábrico. Cruzarlas en moto por la pequeña carretera local es como aterrizar de pronto en otro continente: arena dorada hasta donde alcanza la vista, y al fondo las cumbres verdes del interior cántabro.
Santillana del Mar, parada obligatoria de la ruta, es famosa por una broma popular española: se dice que es "la villa de las tres mentiras" porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Es absolutamente cierto, pero la villa es probablemente el conjunto medieval mejor conservado de toda Cantabria: calles empedradas perfectamente intactas, casonas de piedra con balconadas de madera, torreones medievales y una colegiata románica del siglo XII de las más importantes del norte peninsular. Cerca de Santillana está la Cueva de Altamira, "la Capilla Sixtina del Arte Rupestre", con pinturas paleolíticas de 14.000 años de antigüedad. La cueva original ya no se visita por conservación, pero la neocueva (réplica exacta) merece la pena absolutamente.
Comillas es la sorpresa absoluta del recorrido. Este pequeño pueblo costero fue durante el siglo XIX sede de una de las dinastías más ricas de España, los López y López, marqueses de Comillas, ennoblecidos por el rey Alfonso XII. Su patronazgo cultural dejó al pueblo una herencia arquitectónica increíble: el Capricho de Gaudí (una de las primeras obras del arquitecto catalán fuera de Barcelona, de 1885, una pequeña joya modernista absolutamente única), el Palacio de Sobrellano (neogótico monumental), el cementerio sobre el acantilado con esculturas de Llimona, y la Universidad Pontificia con elementos diseñados por Doménech i Montaner. Pasear por Comillas es como visitar un museo modernista al aire libre.
Para el motero, la ruta es relajada (sin grandes puertos, asfalto bueno, distancias moderadas) pero densamente cargada de interés. El final lógico es San Vicente de la Barquera, pueblo pesquero con uno de los puertos más fotogénicos del Cantábrico, dominado por la silueta de los Picos de Europa al fondo. La temporada óptima va de abril a octubre. En verano, el tráfico aumenta notablemente y los pueblos se masifican; mejor visitar entre semana y temprano. Repostar en Santander al inicio y en Comillas a mitad de ruta. Para comer, no hay competencia: Marisquería los Caracoles en Comillas, marisco fresco al peso a precios razonables, o el Restaurante Annua en San Vicente de la Barquera (más caro pero con estrella Michelin) si quieres una experiencia gastronómica de altísimo nivel.
Información práctica
Clima
Lluvia frecuente. Mejor mayo-septiembre.
Tráfico
Tráfico alto en verano.
Repostaje
Gasolineras frecuentes en toda la costa.
