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El País Vasco francés con sus casas blancas y rojas: Espelette (capital del pimiento), Sare (uno de los pueblos más bonitos de Francia) y el tren cremallera de La Rhune.
El Pays Basque français (Iparralde, el País Vasco norte) es un mundo aparte tanto de Francia como de España. Aquí la cultura vasca —el euskera, los caseríos, el pelota, los pastores, el queso de oveja— se vive con una naturalidad que sorprende al visitante español acostumbrado a la versión más urbana del País Vasco peninsular. Los pueblos son encantadores: casas blancas con vigas y postigos rojos (el rojo vasco, seña de identidad), frontones de pelota en cada plaza, iglesias con galerías de madera tallada y un paisaje de colinas verdes donde pastan las ovejas manech que dan la leche para el famoso queso Ossau-Iraty.
Espelette es mundialmente famoso por su pimiento: el piment d'Espelette, una variedad de ají seco-dulce (no picante, contrariamente a lo que muchos creen) que los vascos trajeron de América en el siglo XVII y que se ha convertido en el condimento emblemático de toda la gastronomía vasca francesa. Cada otoño, las fachadas de las casas de Espelette se cubren de ristras de pimientos secándose al sol, creando una postal icónica que es probablemente la imagen más reproducida del País Vasco francés. El último fin de semana de octubre se celebra la Fête du Piment, una fiesta gastronómica que atrae a miles de visitantes.
Sare, oficialmente uno de los pueblos más bonitos de Francia, es un ejemplo perfecto de pueblo vasco tradicional: caseríos dispersos entre colinas, frontón central, iglesia con cementerio vasco de estelas discoidales, y una tranquilidad absoluta que invita a quedarse días. Desde Sare sale el tren cremallera de La Rhune (905 m), un trenecito de madera construido en 1924 que sube en 35 minutos hasta la cima de la montaña más emblemática del Pays Basque, con panorámicas que abarcan desde los Pirineos hasta el Atlántico y desde Biarritz hasta San Sebastián.
Saint-Jean-Pied-de-Port, ligeramente al este, es la otra parada imprescindible. Es la "puerta vasca" del Camino de Santiago francés: aquí se concentran los peregrinos que cruzan los Pirineos por Roncesvalles, y el casco histórico medieval —con la Citadelle de Vauban, las casas de piedra rosada y el río Nive cruzado por puentes medievales— es uno de los conjuntos urbanos más bonitos de todo el suroeste francés.
Práctica motera: las carreteras del Pays Basque son suaves y bien mantenidas, perfectas para una rodada relajada. El clima es oceánico (lluvia posible todo el año) pero las temperaturas son agradables. Repostar en Bayona, Saint-Jean-Pied-de-Port o Cambo-les-Bains. Para comer, en Espelette el Restaurante Euzkadi sirve cocina vasca tradicional con piment d'Espelette en todos los platos. Y un consejo: cruzar la frontera a Navarra por el Col d'Ispéguy y combinar esta ruta con el Valle del Baztán (Elizondo, Zugarramurdi) da un circuito transfronterizo vasco perfecto de 2 días.
Oceánico: lluvia frecuente. Mejor abril-octubre.
Tráfico moderado. Más turismo en agosto y fiesta del pimiento (octubre).
Gasolineras en Bayona, Cambo-les-Bains y Saint-Jean-Pied-de-Port.