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The Camargue: white horses, pink flamingos, black bulls, salt marshes and a horizon flat as far as the eye can see. Saintes-Maries-de-la-Mer and the walled citadel of Aigues-Mortes.
La Camargue es probablemente el paisaje más extraño y al mismo tiempo más bello de toda Francia. Es un delta fluvial de 930 km² formado por los sedimentos del Ródano antes de desembocar en el Mediterráneo, y el resultado es un territorio absolutamente plano —la altitud máxima de toda la Camargue es 4,5 metros sobre el nivel del mar— donde conviven marismas, salinas, lagunas salobres, playas salvajes y una fauna excepcional: los famosos caballos blancos de la Camargue (raza autóctona que nace negra y se blanquea con la edad), los toros de raza Camargue (pequeños, negros, bravos, utilizados en las courses camarguaises), y sobre todo miles de flamencos rosas que se concentran en las lagunas formando manchas de color visible desde kilómetros.
La ruta motera por la Camargue es todo lo contrario de una ruta de montaña: aquí no hay curvas, ni puertos, ni técnica de pilotaje. Lo que hay es un horizonte infinito, una luz mediterránea intensa, carreteras rectas flanqueadas por marismas y salinas, y paradas constantes para fotografiar caballos, toros, flamencos o simplemente el paisaje. Es una ruta para saborear lentamente, con paradas largas, y que funciona especialmente bien como contrapunto a una jornada previa de puertos pirenaicos o alpinos.
Saintes-Maries-de-la-Mer es el pueblo más emblemático de la Camargue y uno de los centros de peregrinación más importantes de la cultura gitana europea. Según la tradición, aquí desembarcaron los santos María Salomé y María Jacobé (compañeras de la Virgen María) junto con su criada Sara, que se convirtió en patrona de los gitanos. Cada año, durante la fiesta del 24-25 de mayo, miles de gitanos de toda Europa peregrinan a Saintes-Maries para venerar la estatua de Sara la Negra en una procesión nocturna hasta el mar que es una de las ceremonias religiosas más impactantes de toda Francia.
Aigues-Mortes, al extremo occidental de la Camargue, es una sorpresa arquitectónica absoluta: una ciudadela medieval completa del siglo XIII, con murallas rectangulares perfectamente intactas, torres defensivas y un trazado urbano medieval que no ha cambiado desde que San Luis (Luis IX) la fundó en 1240 como puerto de embarque para las Cruzadas. La ciudad estaba literalmente al borde del mar en el siglo XIII; hoy, por la acumulación de sedimentos del Ródano, está a varios kilómetros del agua, rodeada de salinas y marismas. Subir a las murallas y recorrer su perímetro completo ofrece una panorámica total de la Camargue desde una perspectiva elevada.
Práctica motera: la Camargue es completamente plana, sin dificultad técnica alguna. Evitar julio-agosto por el calor extremo, los mosquitos y el turismo masivo. Primavera (abril-junio) y otoño (septiembre-octubre) son perfectos: los flamencos están en plena actividad, las salinas brillan con colores rosas y blancos, y la temperatura es agradable. Repostar en Arles o Aigues-Mortes. Para comer, en Saintes-Maries el Restaurante La Cabane de la Reine sirve toro de Camargue estofado y fideua camarguaise. Y un consejo: el Parc Ornithologique du Pont de Gau (a 4 km de Saintes-Maries) permite observar flamencos a muy corta distancia desde pasarelas de madera. La entrada es modesta y la experiencia es difícil de superar.
Windy Mediterranean. Heat and mosquitoes in summer. Better in spring and autumn.
Low traffic outside summer.
Petrol stations in Arles, Aigues-Mortes and Saintes-Maries.